Widget Image

Un partido sin ángeles

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En la historia de los partidos políticos uno de los espacios más difíciles de llenar es el de los candidatos presidenciales, porque estos son la figura central sobre la que se elabora un proyecto político en cualquier sistema. Seleccionar el mejor candidato presidencial es el tema más complejo, porque al irse las membresías a elegir al candidato que ostentará la bandera de su partido, no siempre terminan escogiendo al mejor, sino al que la mayoría considera el idóneo para el interés de su partido y el suyo propio, en todo caso el menor peor. De allí que, una vez electo y no escogido, el candidato presidencial, este deberá responder no solo a los anhelos de sus partidarios, sino del resto del conglomerado nacional, porque un presidente no es electo solo por los miembros de su partido, sino que necesita del concurso electoral de los demás sectores para poder ganar el poder.

Voy a poner dos casos de candidatos atractivos en todos los aspectos, que desde que asumían la candidatura presidencial portaban la estrella ganadora y eran capaces de ganar en cada período que se les postulaba. Felipe Gonzales, del Partido Socialista Español (PSOE), gobernó entre 1982 y 1996 en España, considerado el más carismático de los políticos españoles, tanto por su atractivo físico como por su verbo elocuente, fue tres veces presidente de España y pudo haber sido por más tiempo de no ser porque, con tantos años de gobernar, le llegó el lógico desgaste, hasta que se empachó de gobernar. Felipe Gonzales era tan admirado por sus partidarios como por elementos de los demás partidos, que su sola presencia levantaba un rumor clamoroso apenas llegaba a en algún lugar. Su larga trayectoria está llena de anécdotas, como esta en que cierta vez en una plaza al  pronunciar un discurso, una española joven se subió al escenario para arrebatarle el micrófono y gritar a todo pulmón: “Felipe, te amo, quiero tener un hijo tuyo”.

Otro caso de presidente impresionante fue el del arquitecto Fernando Belaunde Terry en el Perú, donde fue presidente en dos ocasiones, hasta que el clásico desgaste le dijo que había llegado la hora de hacerse a un lado. Fue presidente del 1963 a 1968 y después, no tan joven, volvió a ganar en 1980 a 1985, no era tan atractivo físicamente, pero su discurso era tan florido como lleno de un contenido que convencía  a los electores. John F. Kennedy, en EEUU, era tan admirado como querido y hubiera sido reelecto las veces que quisiera, pero el infortunio de un magnicidio le cortó la trayectoria política.

En Honduras ha habido candidatos presidenciales con el ángel político que los ha hecho triunfadores. Villeda Morales fue el gran orador de los liberales, Rafael Leonardo Callejas, físicamente atractivo, con un discurso tecnocrático vacío, lleno de repeticiones, impactaba especialmente por su buen parecido físico, al grado que las mujeres le llamaban “muñeco”. A Ricardo Maduro su enorme parecido con el actor Richard Gere, le hizo ganar un enorme terreno político para convertirse en presidente.

Todos estos presidentes han tenido ese carisma especial que los autores de imagen le llaman “tener ángel”, que equivale a ganarse de inmediato la simpatía de sus propios electores y de los demás partidos. En los últimos tiempos, el Partido Liberal de Honduras no ha tenido la suerte o el tino de escoger a un candidato con ese ángel que los lleve a ganarse la simpatía abrumadora de los fieles de su partido y de los públicos de los demás sectores. Los últimos candidatos no han podido elevar el sentimiento del conglomerado liberal, que quedó sumamente afectado después del desgraciado evento político del 2009, en el que Mel Zelaya se llevó, al menos, medio millón de militantes que no eran propiamente liberales, pero que habiéndose acobijado en el pabellón liberal, sumaban a la membresía de este partido haciéndolo el más grande del país.

Un candidato que no es capaz de levantar el clamor de las bases de su partido es lo que los críticos políticos llaman “candidato desangelado”, por su falta de capacidad para atraer simpatías. Los últimos dos candidatos liberales, Mauricio Villeda y Luis Zelaya, son dos buenos ciudadanos, excelentes profesionales, padres de familia entregados a los suyos, ambos de conducta irreprochable, pero también ambos carentes de ese ángel político que levanta el clamor de las multitudes. Quizás por falta de ese don es que ambos llevaron al Partido Liberal a un retroceso peligroso que expone a este gran partido histórico, a un descenso que lo ubica hoy entre los partidos pequeños, todavía el más grande entre las fuerzas minoritarias.

¿Cómo harán los liberales para encontrar un candidato con ese ángel político que rescate al PL del hoyo en que cayó en las últimas dos elecciones? Les toca hacer un exhaustivo como intenso trabajo de búsqueda para encontrar pronto a un Felipe Gonzales o a un Fernando Belaunde Terry, muy a la hondureña. Porque, por lo que conocemos de las huestes juveniles del liberalismo, por ningún lado he visto a alguien que cumpla las características de ser un candidato con ángel político. Todo lo contrario, entre los aspirantes LIBERALES que asoman la cabeza, casi todos son desangelados. Y vaya que es urgente para este partido encontrar un candidato que apenas se pare en una tribuna, levante clamores de admiración.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 28 de noviembre de 2017.