El Papa prohíbe la venta de cigarrillos en el Vaticano

noviembre 9, 2017

Los empleados de la Santa Sede podían comprarlos en una tienda libre de impuestos en el Estado pontificio

Roma, Italia 

A partir del próximo enero, el único humo del Vaticano será el de la fumata de la Capilla Sixtina. La Santa Sede informó este jueves de que el Papa ha decidido prohibir la venta de tabaco a empleados, religiosos y diplomáticos a partir de 2018. “El motivo es muy simple: la Santa Sede no puede cooperar con una práctica que daña claramente la salud de las personas”, informó el portavoz papal, Greg Burke, en un comunicado. Solo hay otros dos Estados en el mundo que hayan prohibido la venta de cigarrillos: Bután y Turkmenistán.



El pequeño Estado ha ido eliminando poco a poco algunos privilegios y adaptándose, a veces adelantadamente, a algunas normas internacionales. De hecho, el Vaticano aprobó en 2002, antes que Italia, una ley que prohibía fumar en locales públicos, aunque seguía permitiendo la venta de cigarrillos con descuento en su tienda interna, el lugar donde abastece a sus residentes de algunos productos básicos.

Fuente de ingresos

Los superventas, como sucede en este tipo de pequeños Estados, siempre han sido los productos farmacéuticos, la gasolina y el tabaco. Los empleados y jubilados del Vaticano, que son unas 6.000 personas, pueden adquirirlos en un centro comercial de dos pisos, situado en la antigua estación ferroviaria a un precio más bajo, con un descuento de casi el 20%.

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La venta de tabaco, y ahí reside la importancia del gesto, “suponía una fuente de ingresos para la Santa Sede”, agregó Burke. Una vía extra para cuadrar las complicadas cuentas. «A pesar de que la venta de cigarrillos a empleados y jubilados a un precio reducido constituye una buena fuente de ingresos para la Santa Sede, ningún beneficio es legítimo si cuesta la vida a la gente», añadía la nota.

El papa Francisco, que sufrió graves problemas en un pulmón cuando era joven, nunca ha fumado. Además, siempre ha mostrado su clara oposición al enriquecimiento de los Estados con la venta de productos ilícitos o dañinos para la salud.

Los Estados Pontificios fueron los primeros en importar la planta de tabaco y algunos grabados y pinturas antiguas muestran a un Papa mientras fuma. El paso del tiempo ha terminado llevándoles a recordar que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco causa más de siete millones de muertes al año en todo el mundo.

Bután, un diminuto reino en el Himalaya, prohibió fumar en público y la venta del tabaco en 2004. De su parte, la república centroasiática de Turkmenistán vetó el comercio de cigarrillos el año pasado.

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