Pactos, acuerdos y consensos

junio 3, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

No forma parte de la cultura hondureña pactar o hacer acuerdos, ni siquiera existe esta preferencia cuando se trata de salvaguardar los intereses de la población hondureña, porque, en las partes que usan el conflicto como fuente de solución para lograr sus objetivos económicos y sociales, por encima del interés nacional prevalecen sus intereses. Hay sectores, como el Colegio Médico que nunca había aparecido con aspiraciones fuera del contexto propio de su gremio, que en vez de tomar por el lado favorable a los hondureños, el acuerdo logrado anoche entre el gobierno y los colegios magisteriales, el ADN como se dice ahora, apunta más al lado político de ciertos directivos de este colegio, y no a beneficiar a los miles de hondureños que dependen de la sanidad pública para atender sus problemas de salud.



Cuando una parte de un conflicto, que ha liderado la bandera de la crisis, en vez de actuar en el sentido más noble de negociar, llegar a un acuerdo lo toman desde el punto de vista peyorativo de ceder, amañar y consentir, conceptos que no figuran en las actitudes civilizadas y de buena fe que deben caracterizar a las personas de sentimientos nobles.

Los pactos y los acuerdos son las losas que sostienen la democracia, son los puntos de encuentro que hay en el sistema democrático, que coadyuvan para encontrar un terreno común donde puedan coexistir las opiniones distintas. Sin estos consensos, los hondureños hubiéramos ido a varias guerras civiles y no estuviéramos transitando por la ruta democrática. No hubiéramos logrado el gran éxito en la historia política de esta última etapa de nuestra vida republicana, que fue la reinstauración de la vida institucional, después de haber sufrido una larga etapa de gobiernos de facto. Y cuando por caprichos de ciertos políticos que, en el inicio de ese retorno a la vida constitucional, estuvimos a punto de volver a sufrir una ruptura, gracias a un consenso conocido como la opción “B”, aceptado por los dos grandes partidos históricos, fue que no perdimos la ruta democrática.

Hoy estamos tratando de transformar los dos sistemas más valiosos y anacrónicos a la vez, como son los ramos de Salud y Educación, que aportan pocas soluciones y que se han convertido en problemas crónicos que ameritan una transformación urgente. No queda otro camino que entrarles de lleno para transformarlos, cosa que para todos los gobiernos resulta una tarea difícil que se vuelve casi un imposible por la reticencia de los gremios, que se han enquistado en la parte medular de ambos sistemas, los que consideran de su propiedad, intocables por nadie, porque sus intereses están allí y quien ose modificarlos estará pisando territorio prohibido y les estarán tocando sus barbas.

A mediados de los años 70, Honduras perdió una valiosa oportunidad para elevar el nivel de calidad de nuestra educación, cuando el gremio magisterial y un frente estudiantil izquierdista, en la forma más visceral, rechazó un proyecto educativo importante que ofrecía el consorcio de universidades de la Florida, que no le costaba nada a nuestro país, porque el proyecto estaba destinado en concepto de cooperación. El COLPROSUMAH, presidido entonces por el profesor Rafael Pineda Ponce, opuso la más cerril resistencia, apoyado por el Frente de Reforma Universitaria (FRU) con el argumento que aceptar el apoyo del consorcio de universidades de la Florida era un acto entreguista.

El consorcio, que no quiso desperdiciar el proyecto, se lo ofreció a Costa Rica y aquel país lo aceptó, con lo cual los costarricenses ganaron con creces un notable impulso en la calidad de su educación, que terminó de marcar la diferencia con el resto de los países centroamericanos.

Esa ha sido la trayectoria de los colegios magisteriales, infortunadamente, porque la ceguera y la miopía política los ha obnubilado al grado de poner sus esfuerzos en contra de la transformación del sistema educativo, que en gran medida es lo que ha determinado que a estas alturas del siglo XXI tengamos un sistema educativo anquilosado y anacrónico.

Y en Salud pasa igual, cada intento de transformación del sistema, se estrella si no es en el gremio médico, es en los trabajadores del área; para el caso el gobierno logró superar la mitad del problema en el sistema de salud al otorgar en fideicomiso la compra de medicinas al Banco de Occidente con la supervisión del PNUD. La otra mitad del problema está intacta, que es la distribución de las medicinas, porque el fideicomiso compra los medicamentos para embodegarlos en los almacenes de Salud Pública, donde hay un manejo mafioso que impide que las medicinas lleguen de manera inmediata a los hospitales. Se compran las medicinas pero hay muchas manos peludas que las traban de manera intencional, para luego sustraerlas y venderlas en las calles y establecimientos que las adquieren a bajos precios. Esto explica porqué muchas veces no hay medicinas en los hospitales, habiéndose comprado en cantidades suficientes.

¿Por qué entidades como el Colegio Médico, en lugar de impulsar, se oponen a la transformación del sistema de salud? Quién sabe porqué razones. Ojalá que el Colegio Médico cambie de actitud y en lugar de entrabar más la situación del sistema de salud, demuestre que no quiere ahondar el problema sino contribuir a la solución.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 3 de junio de 2019.