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Otra jornada de diálogo

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Está visto que el diálogo es un arma poderosa para buscar salidas, para solucionar conflictos, para lograr acuerdos de país, para concertar y armonizar a los diferentes grupos de la sociedad, pero cuando los que intervienen en el diálogo lo hacen con el supremo fin personal de sostener sus argumentos apasionados y se olvidan del interés nacional, el diálogo se convierte en un concierto inoficioso y hasta vicioso, en donde no hay posibilidad de obtener resultados positivos.

Puede ser que la mayoría asista a esta jornada de diálogo de buena fe y con sanas intenciones, pero si hay uno o dos sectores que llegan premeditadamente preparados para poner trompicadas, pidiendo algo que está fuera de la razón, de antemano debemos expresar a los convocantes y asistentes, que están perdiendo su tiempo y que podrán estar en cuantas jornadas más sean convocadas, pero con la actitud de uno de los convocados de pedir lo que a él le parece que es la razón de su existir político, no habrá dialogo posible, habrá una mesa de conversación, discusión y alegato, pero eso no es diálogo.

El tema de la reelección está bastante explicado, y como tal ha sido plenamente reconocido y aceptado por los gobiernos extranjeros y organismos internacionales, de manera que reincidir en situaciones que a estas alturas son extemporáneas, es querer tener al país en redondo, es decir, girando sobre una sola situación que fue superada cuando los partidos políticos se dieron cuenta que con su actitud de no rechazar la convocatoria del TSE, contribuyeron a otorgarle el beneplácito a la reelección.

Cuando el candidato Salvador Nasralla se empotra en el argumento de pedir repetición de elecciones, está lanzando al aire que ese será su canto de batalla, que de aquí en adelante, hasta el 2021, su grito será el mismo y su retórica versará sobre un solo tema y nada más: repetición de elecciones. Algo que solo entra en su vocabulario, porque se trata de una pasión individual que le ha sido recomendada por algún ideólogo que le ha hecho creer que con ese argumento creará una crisis en el sistema político hondureño.

Si Nasralla cree que con este argumento alcanzará una superioridad electoral de aquí por los próximos tres años, los cálculos se le van de la mano, porque en la medida que el gobierno de Hernández Alvarado está avanzando con logros que son palpables, y los demás candidatos se mueven, aún en medio de sus penas, solo habrá un nuevo punto de partida, y este será el próximo 28 de noviembre de 2021, cuando en efecto habrá elecciones, pero serán otras elecciones, donde habrá otro candidato del PN, otro candidato del PL, quizás repitan Mel Zelaya o Xiomara Castro de LIBRE y el propio Salvador ya estará enfundado en su nuevo partido, o quien sabe, si de nuevo aliado con LIBRE para buscar la victoria por la ruta de una alianza. Todo puede ser posible en el próximo evento electoral, lo que no es posible es repetir elecciones cuando el segundo período electoral de Hernández Alvarado ya está transcurriendo.

Lo que queda de aquí en adelante son temas puntuales, uno de ellos son las reformas a la Ley Electoral que requieren de una reforma a la Constitución de la República y la regulación de la reelección a un segundo período. Estos son los aspectos puntuales que deben incorporarse a la nueva realidad política hondureña, y se puede adelantar mucho sobre estos asuntos en el marco del diálogo nacional, que para eso se ha convocado, no para que una persona acuda a dar rienda suelta a su pasión política personal.

Si los convocados al diálogo no se conciencian que el diálogo es un recurso valioso para todos, no habrá ninguna instancia posible donde puedan sentarse, para platicar sobre los puntos que les interesan a los políticos, a ellos sobre todo, porque el gran público solo es un observador a distancia, algunas veces molesto, pero casi siempre en actitud pasiva, al ver como a los políticos necios les encanta perder el tiempo.

La necedad es el peor obstáculo para que escenarios valiosos como el diálogo nacional, queden reducidos a la nada, porque cuando los necios se interponen con el prurito de impedir que se logren acuerdos y salidas, el fracaso es lo único que nos platica. No podemos depender de los extranjeros para tener un diálogo fructífero, ellos pueden tener la mejor intención de ayudar. Pero aunque los extranjeros quieran ayudar, dependemos de los mismos políticos hondureños para que en el marco del diálogo se encuentren las salidas y los acuerdos para trabajar por las cacareadas reformas electorales que tanto les urge a los políticos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 12 de junio de 2018.