ONU: experta en manejo de conflictos y diálogos (VIDEO)

mayo 17, 2018

La complicada gestión de conflictos realizada por la ONU ha generado vario casos de éxito. El secretario general Antonio Guterres encomendó al representante de la misión en Honduras, Igor Garafulic, la difícil tarea de sentar a las partes en conflicto a una mesa de pre-diálogo, contando con la anuencia de unos y el descrédito de otros.

REDACCIÓN



El mundo está convulsionado… Los problemas sociales, la falta de soluciones, los intereses políticos y los negocios ilícitos fueron hasta hace poco pequeños vientos, pero que hoy son peligrosas tempestades que golpean a nuestras sociedades, algunas fuera de control. Estos difíciles conflictos plantean serias amenazas en los países en los que ocurren así como en las naciones vecinas y en algunos casos, en el mundo entero. Honduras ha cedido en parte a esta dinámica negativa, estando inmersa en la conflictividad desde 2009, tras la primera y a su vez fallida incursión chavista. No obstante, las elecciones generales de 2017 revivieron viejos ánimos, reabriendo aquella fractura social, pero ahondando aún más la herida, motivado esto por un pacto de conveniencia entre fuerzas oscuras de la criminalidad y las corrientes antidemocráticas que todavía nos siguen llegando desde Venezuela.

Organismos internacionales como las Naciones Unidas identificaron rápidamente un punto de ignición que podía dar paso a un incendio social de proporciones insospechadas. El secretario general Antonio Guterres encomendó al representante de la misión en Honduras, Igor Garafulic, la difícil tarea de sentar a las partes en conflicto a una mesa de pre-diálogo, la cual dejaría en claro los puntos a resolver en otra etapa, ya conducida por un facilitador internacional de acuerdos. El pre-diálogo se ha desarrollado en varias rondas, contando con la anuencia de unos y el descrédito de otros. Y así continuará, siguiendo patrones similares de otros problemas ya vividos en otras latitudes.

La complicada gestión de conflictos realizada por la ONU ha generado vario casos de éxito. Una mediación que aún se recuerda dio sus frutos en 1994 en Sudáfrica, tras tres años de negociación entre el gobierno del presidente Frederik de Klerk y el Congreso Nacional Africano liderado por Nelson Mandela, las partes firmaron un Acuerdo Nacional de Paz para poner fin a siglos de Apartheid, la división entre blancos y negros. Posteriormente, Mandela se convirtió en el primer presidente negro de la nación sudafricana. Mientras tanto, en febrero de 2012, el gobierno de Colombia y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas decidieron recorrer el escabroso camino hacia la paz, entablando un diálogo con sede en La Habana y que 4 años después fructificó con la firma del Acuerdo de Terminación Definitiva del Conflicto entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder guerrillero Timochenko el 24 de noviembre de 2016.

Muy cerca de nuestro país, hubo dos casos de mediación exitosa, con guerras incluidas y muchísimas heridas. El 29 de diciembre de 1996, el gobierno de Guatemala y la guerrilla de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca pusieron fin a un conflicto interno que duró 36 años y que dejó un saldo de 250 mil víctimas, entre muertos y desaparecidos. Mientras tanto, en El Salvador, luego de 11 años de guerra entre el gobierno y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, las partes firmaron en 1991 en Ciudad de México un acuerdo de paz en el cual se pactaron varias reformas constitucionales, así como la creación de una comisión de la verdad para investigar los hechos más graves de la violencia que comenzó en 1980 y que dejaron más de 75 mil muertos. Asimismo, el 31 de diciembre de 1991 se consumó la transición de la guerrilla del FMLN en partido político.

Hay que tener muy en cuenta que muchos actores internacionales han intentado gestionar la escalada de conflictos, pero la historia ha demostrado que no todas las intervenciones son exitosas. En algunas partes, estas mediaciones, más bien, han servido para exacerbar el conflicto y han hecho escalar de forma innecesaria la tensión entre las partes. Si a eso le sumamos que alguno de los actores de las crisis actúa por vocación eminentemente antidemocrática, buscando desbaratar cualquier arreglo o dinamitar todos los acuerdos, entonces, el diálogo, a pesar de la voluntad de la ONU entera, está destinado al fracaso.

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