Odios contra asuntos de estado

febrero 22, 2017

Tegucigalpa, Honduras – En estos momentos en el país se están ventilando varios asuntos de Estado de gran trascendencia, de los cuales depende que Honduras tenga un mañana mejor, porque un país difícilmente tiene futuro cuando sus líderes políticos pretenden hacer tabla rasa de decisiones fundamentales que nos pueden conducir hacia una democracia consolidada. La depuración policial y la aprobación de medidas penales  más rigurosas para seguir combatiendo la criminalidad, son los dos aspectos a los que no se puede ridiculizar ni deslegitimar por puro interés partidario.

La depuración de la policía es una tarea del gobierno de lo más arriesgado, que no debe ser aprovechada para sacar ventajismo político, porque de la pureza que se logre establecer en la policía dependerá que los hondureños podamos vivir en paz y tranquilidad en un inmediato futuro. Este es un trabajo delicado que se ha echado encima el gobierno, que si está recibiendo mucho reconocimiento internacional del gobierno de EEUU, países europeos y organismos internacionales, no puede ser que de parte de sectores políticos de oposición sea visto con intolerancia, fanatismo, odio, revancha y manipulación de conciencia.



Por convencimiento tenemos que aceptar que si la policía se dejó contaminar, o  fue contaminada por las organizaciones delictivas, la sociedad hondureña a través de sus autoridades estaba en la imperiosa necesidad de someterla a una depuración, como se está haciendo en la actualidad. Es un proceso que no se podía hacer de una forma engañosa, como en una operación delicada había que cortar con un bisturí especial todo lo que estaba maleado. No se podía cambiar a un cuerpo viejo contaminado por uno completamente nuevo, más de un siglo de historia de la policía implica saber que un cuerpo policial conlleva caer en los riesgos de la contaminación.

El otro asunto es la aprobación de reformas penales que permitan endurecer las medidas contra las acciones delictivas deleznable que han escapado del brazo de la justicia por las lagunas y las carencias legales que no le permiten a los tribunales castigar hechos que tienen contenido terrorista, pero que sectores extremistas y sectarios de partidos como libre y Pac, los justifican y los blindan con eufemismos como “la criminalización de las protestas” , hechos que son respetables y deben ser tolerados cuando se realizan sin ningún perjuicio contra otras personas, empresas o instituciones. Pero no lleva una buena intención un ataque a un establecimiento comercial que es incendiado por enmascarados, tampoco es aceptable que gente que protesta en las calles incendie un autobús particular. Esto no es una simple protesta, incendiar un establecimiento comercial y prenderle fuego a un bus son, en la tipificación jurídica penal, acciones que infunden terror, es decir, acciones terroristas. Atentar a pedradas contra un edificio es un acto terrorista.

En un anuncio Salvador Nasralla, con espíritu de los talibanes más fanáticos califica  de terrorismo de Estado a una medida netamente defensiva en favor de la sociedad. Y Nasralla, con un populismo desaforado, se presenta como la voz del pueblo. ¿De qué pueblo habla el líder del Pac?  El pueblo quiere tranquilidad, y esto no se consigue con demagogia sino con medidas que le den el suficiente poder coercitivo a las autoridades para que puedan mantener el orden, la paz y la tranquilidad pública. La sociedad hondureña se queja de que están ocurriendo muchos crímenes, y piden a las autoridades que asuman su responsabilidad a carta cabal. Todos los hondureños bien nacidos quieren que los políticos responsables se pongan de acuerdo en el sentido de velar por la seguridad de la nación, de los ciudadanos y sus bienes.

Será imposible que políticos como Mel Zelaya y Salvador Nasralla desistan de sus odios largamente reprimidos para colocarse en el papel de líderes racionales, responsables, con la tendencia de trabajar por la tranquilidad, y la estabilidad del Estado. Si a Mel Zelaya de Libre y Nasralla del Pac les importara la suerte de Honduras, asumirían una posición que destila una intolerancia a las disposiciones que se están adoptando en una época en que nuestro país requiere de grandes decisiones para no caer en la triste situación en que están otros países vecinos? Quién sabe, porque como ya hemos visto, Mel Zelaya tiene bien trazado su itinerario político, que no se mantiene fiel al socalismo del siglo XXI.

En cuanto a Nasralla, desaforado como lo vemos en sus últimas intervenciones incendiarias, muy parecidas a las alocuciones que lanzaba desde sus cuevas el temible guerrillero talibán,  Osama Bin Laden, nos parece que es la peor opción política como  para no apoyarlo. Su discurso es propio de un ultra izquerdista, que lejos de fortalecer lleva al PAC a su desaparición. Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 22 de febrero de 2017.

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