Nueva ola migratoria cubana divide familias

noviembre 6, 2015

El 14 de septiembre del año pasado Antonio Cárdenas y ocho cubanos empujaron mar adentro una balsa hecha con chatarra, encendieron su motor, que era de un tractor, y desaparecieron en medio de la noche.
A los pocos días comenzaron los rumores en Camagüey. Una balsa destrozada había llegado a la costa sin pasajeros a la vista, contó un vecino. Agentes del gobierno estadounidense detuvieron a un grupo de balseros, dijo otro.
Olea Lastre hizo la cuenta: el motor podía impulsar a su esposo, su hijo, su yerno y otros acompañantes al menos 16 kilómetros (10 millas) por día. Les debería tomar, a lo sumo, diez días llegar a Florida.
«Pensaba si mi papá estaría pasando frío», dijo Yusneidi Cárdenas con la voz quebrada. «Pensaba que ni sabían cómo nadar».
En el décimo día, a las cuatro de la mañana, Lastre se arrodilló y rezó. Sabía que si no escuchaba ese día que los hombres habían sobrevivido, se enloquecería. Esa tarde sonó el teléfono. Las mujeres gritaron. Habían llegado a salvo. Un año después, ella y los seres queridos que los hombres dejaron atrás se preguntan cuánto tiempo pasará antes de que se puedan volver a reunirse en Estados Unidos. La distancia que los separa es grande y, en algunos sentidos, está aumentando.
Los Cárdenas son parte de una ola migratoria que no se ve desde hace al menos una década. En los dos últimos años se calcula que 100.000 cubanos vinieron a Estados Unidos, legal o ilegalmente, según cifras compiladas por distintas dependencias del gobierno estadounidense. Es una cantidad importante para una isla de 11 millones de habitantes. La mayoría se van a otro país de América Latina y después hacen un peligroso recorrido por tierra hasta la frontera entre México y Estados Unidos.
Miles consiguen visas de reunificación familiar y viajan directamente a Estados Unidos. Quienes no tienen familiares en Estados Unidos, ni dinero, intentan llegar por mar, en balsas.
La partida de cubanos empezó a aumentar cuando el gobierno comunista eliminó el requisito de los permisos de salida, y se incrementó más todavía cuando Washington y La Habana anunciaron a fines de 2014 planes para poner fin a 50 años de hostilidades y restablecer relaciones entre los dos viejos enemigos de la Guerra Fría.
Los cubanos temen que con el deshielo entre ambas naciones, los beneficios migratorios que gozan los cubanos al llegar a Estados Unidos se limiten o deroguen.



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