Nueva doctrina militar

junio 21, 2021

Juan Ramón Martínez

A partir de la provocación China, al volar escuadrones de su fuerza aérea sobre los aires de Taiwán, en dos oportunidades en menos de dos semanas, ha obligado a los estrategas de Estados Unidos, a estudiar la doctrina militar que han usado desde la exitosa II guerra mundial. Para nadie es un secreto, la discusión e incluso las faltas de oportuna cooperación en el campo de batalla, de las diferentes armas que conforman las fuerzas militares estadounidenses. Algunos teóricos, en el curso de la última gran contienda, discutían la superioridad de la Fuerza Aérea, de los batallones de paracaidistas, el Ejército de Tierra e incluso, de la Marina. Hay muchos libros para demostrar las tesis correspondientes. Contra China, en cambio, los estrategas estadounidenses, han empezado a cuestionar estas discusiones y les han prestado atención a los errores cometidos en la II Guerra Mundial y desarrollado una nueva estrategia en la que, frente a China, lo esencial es la movilidad de las unidades de ataque, las multiplicidades de blancos por destruir y, el papel del Ejército de Tierra, en estas tareas, como líder. Es decir que, estamos ante una nueva doctrina militar, cosa que es natural, porque se trata de un enemigo diferente, con un enorme territorio donde puede dispersar sus centros defensivos y de ataque. Y cuya mayor fortaleza radica en el volumen de su Ejército de Tierra, su creciente Fuerza Aérea y su ya parcialmente desarrollada fuerza marítima. Para frenar la superioridad China, en lo que respecta a su ejército de tierra, Estados Unidos buscará la alianza de los países vecinos suyos, especialmente Vietnam y la neutralización política de Rusia, para que se abstenga de intervenir.



Vietnam es un enemigo natural de China. Estados Unidos, puede frenar el enorme ejército de tierra chino e incluso, invadir su territorio y ocupar varias extensiones del mismo y establecer cabezas de playa, desde las que atacar el corazón industrial de la potencia competidora de Estados Unidos. Pero, además, con las fuerzas terrestres Estados Unidos puede lanzar ataques convencionales o nucleares – en última instancia – desde posiciones en movimiento, de forma que haga difícil la contestación china atacando blancos estadounidenses continentales, blancos terrestres en Vietnam o en su propio territorio; o en países aliados como Taiwán, Japón, Corea del Sur, y Filipinas. Además, obliga – y esta es la novedad de esta nueva doctrina –, a una mayor cooperación entre las fuerzas estadounidenses. El liderazgo no lo tendrá la Armada, pese a que la disputa mayor pareciera que se pudiera efectuar en el mar, ni tampoco la Fuerza Aérea, en cuyos cielos China todavía no tiene superioridad de fuego, sino que desde el Ejército que, al atacar uno de los flancos chinos, tendrá además liderazgo para identificar los blancos que deben atacar los aviones y buques estadounidenses. China, dentro de esta nueva doctrina, no tiene muchas posibilidades de enfrentar a una fuerza atacante que la confrontara en todos los frentes; y desde todos los flancos.

Lo que está por verse es el grado de fuerzas que China esté dispuesta a emplear, la clase de guerra en donde quiera moverse, y el tiempo que crea que pueda resistir. Tecnológicamente China todavía está en inferioridad de capacidad de fuego; no tiene aliados importantes, y más bien al frente y en sus fronteras, tiene enemigos que le pueden provocar enorme daño. Es muy posible que, en un primer momento, su ejército de tierra se despliegue en contra de Vietnam y, desde Mongolia y Corea del Norte, comprometa a Corea del Sur y a Japón especialmente. Pero en un segundo ataque generalizado, China tendrá que pelear en el mar – con inferioridad de equipos y menor número de portaaviones— en un espacio enorme, cuya cobertura le exigirá un despliegue de casi todo lo que tiene disponible. Y aquí es, donde la nueva doctrina militar estadounidense muestra — a nuestro juicio– su gran debilidad: que China, abrumada por la expansión del ataque, lo numeroso y contundente de las fuerzas atacantes, eche mano de su poderío nuclear y convierta a Taiwán en una pieza de cambio. Además, es casi seguro que la cohetería china, pueda afectar territorio estadounidense, especialmente Hawái y la costa oeste de los Estados Unidos. O el Canal de Panamá, vital en la defensa del flanco sur de USA. Para evitarlo, Estados Unidos tiene que concentrar sus ataques a unidades balísticas intercontinentales chinas, de donde provenga la cohetería, que desde posiciones de tierra puedan ser inmovilizadas. El espacio interestelar, donde Estados Unidos también tiene superioridad en este momento, puede inmovilizar todo el sistema de comunicaciones de China, de forma que su capacidad de fuego intercontinental pueda ser neutralizado.

Los expertos ya están trabajando en el tema desde hace muchos años. Una invasión marítima a China no tiene muchos seguidores. Más bien, se privilegia el liderazgo del ejército de tierra, para invadir territorio continental chino y debilitar su capacidad industrial, para una guerra que, además de no ser fácil en logros y resultados, necesitará de más tiempo de lo que al principio se había calculado. Por ello, los estrategas analizan los detalles mínimos.
En tanto que nosotros, en las zonas periféricas, tenemos que prepararnos para cubrir el flanco sur de Honduras para así, neutralizar a El Salvador, evitar el avance de tropas desde Nicaragua, defender el Canal de Panamá e impedir que China, pueda disparar cohetes balísticos desde Centroamérica, en contra de la costa oeste de los Estados Unidos. Por ello, Estados Unidos, quiere terminar el conflicto con Venezuela e incluso, no hay que sorprenderse por la probable neutralización de Cuba o su caída.

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