Nuestra guerra en las carreteras

enero 3, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Los hondureños libramos nuestra propia guerra en las carreteras, donde la imprudencia y la temeridad son nuestros peores enemigos y sin embargo hay muchos compatriotas que conviven con ambas, especialmente cuando manejan un vehículo. Las cifras reveladas por las autoridades de Tránsito espantan: más de 1,600 personas fallecidas en accidentes viales en las carreteras es una cifra dantesca como si fuéramos un país en guerra o azotados por un desastre natural.



Aparte de la violencia producto de la actividad criminal, este otro tipo de violencia, el que se da en las carreteras, deja un saldo trágico alarmante que hace ratos debió habernos preocupado como sociedad para establecer una defensiva por medio de campañas de prevención que induzcan a las personas que conducen un vehículo a que tomen más conciencia sobre lo valioso que es su vida y la de los demás, porque cuando se produce un accidente en las carreteras, por lo general hay una consecuencia trágica masiva.

Hay muchas circunstancias que determinan las tragedias viales, pero una que está por encima de todas es la falta de precaución, que es la de mayor incidencia cuando el siniestro deja resultados mortales. La imprudencia de un conductor que maneja con el celular en la mano es un factor que casi con seguridad desemboca en un accidente. No se puede tener el control absoluto del volante si la mitad de la atención está en una conversación telefónica, en el momento que el conductor quiera evitar una colisión con otro vehículo es casi seguro que provocará otra en la que puede no salir bien librado ni dejar a salvo a sus acompañantes ni a los que vienen en los otros vehículos.

El mejoramiento de las carreteras no es saludablemente aprovechado por los conductores, quizás por la euforia de estar sobre pistas asfálticas que han sido mejoradas como nunca antes lo estuvieron, es lo que provoca esa gran cantidad de accidentes. De acuerdo a datos proporcionados por el Director de Tránsito, Comisionado Gerson Velásquez, el año pasado se registraron 1,608 personas fallecidas por accidentes de tránsito, una suma que constituye una verdadera siniestralidad vial con las diversas consecuencias, sin contar la gran cantidad de personas lesionadas entre las cuales hay quienes quedan lisiadas o discapacitadas de por vida.

Las autoridades de Tránsito hacen controles para reducir la cantidad de accidentes, pero la mayoría de los siniestros en las carreteras es producto de la inconsciencia de los conductores que al estar frente al volante pierden la noción de la serenidad, que es lo que los lleva a no medir la magnitud del riesgo cuando se olvidan que la seguridad personal, de los que lo acompañan y de los terceros que están en otros vehículos, dependen de la concentración individual de cada conductor. Porque puede ser que quien conduce su vehículo lo haga con plena conciencia, pero si el que viene de frente lo hace de manera desbocada, excediendo los límites de velocidad e irrespetando la línea divisoria de la carretera, es casi inevitable el choque que puede ser fatal.

Perder la vida en la carretera es algo que los expertos en siniestralidad consideran una de las principales causas de muerte, y sin embargo cuando las sociedades se arman de la mejor prevención que es una buena campaña para hacer conciencia en los conductores, se logran reducir de manera efectiva las cifras de la siniestralidad vial.

Como van creciendo las cifras de muertos y heridos por los accidentes en las carreteras, obliga a pensar que hay que buscar mecanismos para evitar que quien conduce un carro en una carretera lo haga de la manera más consciente posible, que es donde hace efecto una buena campaña con mensajes que dejen una imagen imborrable en la mente del conductor, al ver los resultados de la imprudencia temeraria puesta al frente de un volante, que es lo que le puede pasar a él y su familia si no toma en serio la responsabilidad de guiar un carro, donde se puede transportar a la familia en dos direcciones: una, al lugar donde se propone llegar si se maneja con la debida precaución o dos, al cementerio o cuando menos al hospital, si se toma a la ligera el manejo del volante.

En las carreteras, por lo general, no hay una segunda oportunidad, sobre todo en las vías remozadas como la CA-5 o carretera del norte, donde hay tramos que invitan a meter a fondo el acelerador y cuando esa tentación es estimulada por la inconsciencia de quien conduce, el resultado es la tragedia.

Tendremos más accidentes si no se trabaja con una campaña adecuada, acompañada de las reflexiones oportunas con las imágenes pavorosas de lo que les ha ocurrido a tantas personas que hoy ya no están con sus familias, y estas, están  lamentando haber perdido a la pieza clave que los sostenía. Todo producto de la inconsciencia y a la ausencia del más efectivo mecanismo para prevención que es una campaña de seguridad vial.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 3 de enero de 2020.