No somos un Estado inexistente

agosto 6, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Un estudio de los organismos internacionales que mide el nivel de desarrollo de los países, publicó esta semana una clasificación en la que aparecen aquellos Estados que han caído a niveles impensables, entre los que no figura Honduras, lo que quiere decir que aunque todavía no despegamos del subdesarrollo, a pesar de todas las fallas que han cometido los gobernantes y los políticos, no estamos hundidos.



Los griegos acuñaron la palabra «aporía» que literalmente significa «callejón sin salida o camino bloqueado». En esa situación están Argentina y Haití, por razones diferentes. Argentina es el país del continente americano que hoy está más pobre que como estaba hace cien años, cuando despuntaba a ser una potencia mundial, pero todo fue que entrara a gobernar el justicialismo de Juan Domingo Perón y Evita Perón, que fueron una especie de cataclismo para que Argentina se fuera al despeñadero del cual no ha podido salir desde entonces. Otro caso de lo más dramático como país es Haití, calificado como un Estado inexistente, que es peor que un Estado fallido, porque en esa situación Haití es un Estado en el que se ha borrado su jerarquía institucional, en que sus dirigentes trabajan para hundir al país, hasta volverlo invisible, que es como se percibe a Haití en los actuales momentos.

A Honduras no se le considera un Estado «aporía», porque aunque todavía no hemos podido convertirnos en una democracia perfecta, no hemos caído en ninguna de las agravantes calificaciones en que aparecen Argentina y Haití, y la prueba es que el Fondo Monetario Internacional mantiene la confianza en Honduras al otorgarle operaciones crediticias que solo se le conceden a los países responsables, donde la jerarquía institucional funciona en todo momento como está aconteciendo en la pandemia, en que la que administración del Estado hondureño se ha puesto al frente de los operativos de vacunación, superando los errores, unos cruciales otros livianos, para sacar adelante un proceso de inmunización que avanza a pasos considerables con iniciativas como los «vacunatones», que con mucha efectividad permiten descontar el tiempo perdido en un principio por la tardanza de la llegada de la vacuna.

Los hondureños pecamos de «tremendistas y envidiositis», producto de un sectarismo que no conduce a nada, porque aunque tenemos que lamentar los errores cometidos, lo crucial, en momentos en que una pandemia entra como un aluvión que inicialmente paraliza a todo un país, especialmente cuando al principio por desconocimiento absoluto del manejo de una crisis, ni el gobierno ni el resto de las autoridades ni los empresarios ni las personas particulares demostramos capacidad para saber cómo manejar las consecuencias que arrastra una pandemia. Cada uno de los sectores mencionados en los primeros meses trabaja para sobrevivir, es con el paso del tiempo, cuando se nos han encendido las farolas que podemos ver las cosas con más tranquilidad, sabiendo que el peligro está latente pero que no podemos vivir encerrados todo el tiempo, porque guardando con disciplina las medidas de bioseguridad podemos activar y realizar trabajos y gestiones que son necesarias para que las empresas funcionen, para que el país funcione y para que todos funcionemos.

Hoy tenemos suficientes vacunas, entre las donadas y las compradas, el proceso de vacunación con las correcciones que se le van haciendo sobre la marcha, está consiguiendo el objetivo de vacunar cada vez a más personas, por lo que sin pecar de un optimismo inmoderado podemos pensar que al ritmo que lleva la vacunación, podríamos tener a fin de año de un 60 a 70 por ciento de la población vacunada con la dos dosis. La vacunación de los hondureños es la prueba de fuego para las actuales autoridades en su último año de gobierno, cumplir el objetivo de un 70 por ciento sería una alta calificación que merecerá reconocimiento internacional. Solo ver el movimiento desplegado en estas últimas semanas pudo haber influido en el principal cooperante que tenemos, el gobierno de EEUU, para hacernos una donación masiva de vacunas que nos permitirá mantener el ritmo de inoculación.

Las autoridades hondureñas deben proceder a cancelar el pedido de 4.5 millones de vacunas Sputnik, por lo que hemos reiterado hasta la saciedad, Rusia no tiene capacidad para atender la demanda internacional y ahora pretende con engañifa delegar la producción a otros países para lavarse el desprestigio muy bien ganado por comprometerse a producir cantidades de vacuna que no podrá cumplir. Hay que comprar más vacunas Pfizer y Moderna, que son las vacunas más inmediatas y más seguras de recibir a tiempo.

Esta rectificación nos hará ganar más confianza, porque como dicen los griegos, demostraremos que no somos un Estado «aporía», y que buscamos salidas cuando estamos en problemas, y que todos los sectores nos movilizamos para enfrentar un mal peligroso que no estaba previsto. Y reaccionando de esta forma, como lo estamos haciendo, demostramos que lejos de ser un Estado inexistente como le ocurre a Haití, con todo el trabajo y el esfuerzo que realizamos los hondureños, hoy más que nunca demostramos que existimos como Estado y que estamos dispuestos a lucha contra la pandemia para salir adelante.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 6 de agosto de 2021.

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