No quiero ser aguafiestas

julio 31, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El papel más odioso que puede asumir una persona es el de ser aguafiestas. De repente, cuando todo mundo celebra algo que nos parece exitoso, porque piensan que se ha conseguido la meta de una empresa, o cuando se han conseguido objetivos de país, la gente puede llegar más allá del festejo y hay quienes tiran cohetes, revientan morteros, disparan balas de verdad y hasta bailan. Y entonces, llega alguien, un poco más cuerdo, sereno y más tranquilo que todos y para la fiesta para preguntarles: ¿y qué celebramos? Y de remate agrega, es que acaso no se dan cuenta que la cosa fue al revés y que en lugar de ganar perdimos. ¡Y pufff! Adiós sueño, adiós celebración, adiós cohetes, adiós morteros, adiós tiros al aire, adiós baile, porque lo que parecía un sueño ganado les fue echado a perder por el mentecato aguafiestas que llegó expresamente a sacarlos de la ilusión que hasta los puso a celebrar.



La CEPAL, un organismo que mide el desarrollo de la economía en los países de América Latina, ha hecho una declaración a todos los países del continente advirtiendo con la misma conclusión que les he estado repitiendo desde hace varias semanas: que no se debe reactivar la economía sin antes haber controlado la pandemia. Esta declaración de la CEPAL, que es congruente con la declaración del epidemiólogo del gobierno de EEUU, Dr. Anthony Fauci, es lo consecuente con el desarrollo que lleva la pandemia.

Cierto es que la pandemia ha hecho trizas las economías de todos los países, no hay uno solo que se haya salvado. En EEUU está pronosticado el desplome económico más grande desde la depresión del siglo pasado, Alemania está subsistiendo porque Rusia le está dando al crédito millones de dólares de energía, China ha perdido los mercados donde exportaba, México está convertido en pedazos, Canadá está cerrada. Y Chile que es un país agresivo y atrevido, apenas saldrá el martes de un confinamiento de dos meses, óiganlo bien, de dos meses. Los chilenos creyeron haber controlado la pandemia a finales de mayo, procedieron a reabrir la economía y les sobrevino un gigantesco rebrote que obligó al gobierno a un confinamiento del que empiezan a salir al cabo de dos meses.

Cuánto quisiéramos que la tesis del confinamiento fuera algo innecesario, porque hay quienes dicen que la cuarentena es un invento para mantenernos encerrados, pero el virus no tiene ideología, el virus no es comunista ni demócrata ni reaccionario, es un pequeño bichito microscópico con el poder de hacer daño al organismo una vez que encuentra la posibilidad de alojarse en los cuerpos. Los epidemiólogos y virólogos concuerdan que solo relegándonos en la casa, es que podemos, en gran medida, evitar el contagio, esto es el confinamiento. ¿Que estar confinado es ingrato? Y quien que pierde la libertad de desplazarse a su gusto, ir de compras, ir al cine, al supermercado, a los eventos, a la universidad, a los colegios, a la escuelas, a donde sea, repito, ¿quién no siente que al vivir recluido en la casa pierde en gran medida el espíritu festivo de la vida?

Pero, entre la alternativa de no contagiarse con el virus a tomar el riesgo de caer en la cama de un hospital, entubado y con los cuidados intensivos, el más aventado de los arrebatados seguro que escogerá lo primero, porque las cifras de fallecimiento que de poco a poco se van contabilizando nos llevan a la realidad que la pandemia no es tan inofensiva cuando los que se creen los más prácticos de la vida nos dicen que entre 40 mil contagiados solo mil han fallecido, queriendo decir que el COVID-19 no es tan fiero como lo pintan. Craso error, lamentable discernimiento, porque como el contagio para algunos es como el ribete de los sortilegios, que solo se muere el que está en la raya, no todos los que se contagian, es caminar por la senda de la temeridad. Como son muy pocos los hondureños los que saben cómo están sus condiciones inmunitarias, cuando el virus se les pega no es para darles un pellizco en los pulmones y salir a la carrera después de hacer la travesura, una vez que arriba al cuerpo el virus llega y solo es sacado por un tratamiento efectivo, siempre y cuando el sistema inmunológico del marchante esté en condiciones para defender a su cuerpo.

Así, con una narrativa al estilo trespatinesco o chespiritiano queremos hacernos entender, porque en serio, pareciera que aramos en el desierto. Podemos reactivar la economía en pleno apogeo de la pandemia, porque hay una necesidad de país de generar circulante, que las empresas empiecen a generar ingresos, esa es una aspiración razonable. El problema es que, cuando se reactiva la economía, aunque sea en forma gradual, la gente se abalanza a las calles, y como no hay una campaña fuerte, que retumbe a cada momento en la televisión, en los periódicos y en las emisoras, que son los medios creíbles, a nuestros conciudadanos se les olvida como usar la mascarilla en forma correcta, no guardan la distancia necesaria y tampoco portan el gel alcohol para desinfectarse.

Pareciera que en el fondo no hay conciencia ni en las autoridades ni en el sector empresarial para hacer esta campaña, sosteniendo la peña que es bastante pesada por el alto costo quedamos los medios, la televisión, los periódicos y la radio, recordándole a las personas en nuestros espacios lo que no deben olvidar pero que terminan olvidando. Vean el caso de Chile, vean lo que pasa en Argentina, y miren hacia EEUU y México, donde por la arrogancia estúpida de sus gobernantes esos países están inundados y acorralados por el coronavirus. DIOS QUIERA echarnos una mano, más todavía, un manto sagrado que nos proteja a los hondureños por la temeridad con que estamos acometiendo a la pandemia, abriendo la economía sin antes haber controlado al COVID-19 como lo aconseja la CEPAL y los epidemiólogos del mundo. No quiero ser un aguafiestas, pero el entendimiento de lo que se nos viene está tan fácil de leer que nadie debería perderse.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 31 de julio de 2020.