No puede haber arcoíris sin un poco de lluvia

julio 22, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El Gobierno de la República ha celebrado con sobrada razón que la calificadora de riesgos Moody’s confirmara que Honduras mantiene por quinto año consecutivo su calificación crediticia, estando entre las tres mejores de Centroamérica junto a Guatemala y República Dominicana, incluso por encima de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua, lo que le da la ventaja de acceder a créditos con intereses bajos. Los factores que han avalado a Honduras para obtener esta calificación son: fortaleza económica, fortaleza institucional y gobernanza, fortaleza fiscal y frente a eventos de riesgo.



Este es un logro de todos los hondureños, porque aunque el gobierno conduce la administración pública, sin el concurso de los sectores gobernados no podría obtener un reconocimiento tan importante, es decir, el gobierno sin contar con el respaldo de los consumidores, de los contribuyentes con el pago de sus impuestos, con el respeto de la ciudadanía a las instituciones que es básico para contribuir a la gobernanza, sin la respuesta de los contribuyentes y sin la susceptibilidad de los hondureños a los eventos de riesgo, no podría reunir estos requisitos que son exigibles para obtener una buena nota en la calificación de Moody’s.

Todo éxito de país que se obtenga a través del gobierno, de las empresas hondureñas y de los particulares, debe ser motivo de alegría y hasta de júbilo, por lo menos para los hondureños que llevamos en el corazón y en el pensamiento el amor por la Patria. Los que pasan rumiando sus rencores porque anidan un sectarismo infecundo que los corroe, son los únicos incapaces de acompañar un buen logro como este, porque quiere decir que ni los estruendos políticos, ni los terremotos que estremecen por tantas denuncias de corrupción, pueden frenar los avances que tiene nuestro país, que durante muchos años ha sido opacada por la economía en tenguerengue, debido a que los gobiernos han sido contemplativos y muy escasos de voluntad en la toma de decisiones.

Pero hay que advertir que, una cosa es que la salud del gobierno tenga un reflejo positivo ante los organismos calificadores y financieros, y otra muy diferente es la salud de los sectores que deben soportar las medidas del gobierno a costa de un sufrimiento estoico, si se quiere hasta inhumano, porque somos las bases de la nación, entre las cuales están las empresas, que con su lucha titánica, sacando fuerzas de flaqueza, solo están logrando subsistir a duras penas, y sin embargo son las que meten el lomo para que el gobierno pueda tener el reconocimiento internacional para mantener a flote a Honduras en esta crisis histórica, en que sobrevivir más que un mérito es un acto verdaderamente heroico. Porque, como dice el dicho, no puede haber arcoíris sin un poco de lluvia.

Hoy, las empresas, excepto unas pocas que gozan de una salud financiera envidiable, en la gran mayoría están pasando graves penurias, haciendo esfuerzos verdaderamente supremos por mantenerse a flote, al extremo que pagar la planilla de la primera quincena cuesta un mundo y pagar la segunda quincena es un dolor de cabeza, peor que el que sacude a un contagiado por el coronavirus.

Es bueno para el gobierno porque con la calificación de Moody’s se asegura el acceso a recursos a bajos intereses, garantizándose un estado de bienestar que sin duda le favorece al Partido Nacional, porque estando a pocos meses de las elecciones de noviembre, todo prestigio bien ganado repercute en el ámbito internacional donde se aprecia la firmeza y la estabilidad de todo gobierno. Sin embargo, el gobierno no se debe extraviar en la fantasía por este éxito que significa obtener una buena calificación internacional. Porque, debajo del gobierno, los sectores que contribuimos directa e indirectamente a las cuatro fortalezas que le garantizaron la buena calificación, quedamos las empresas que en gran mayoría están padeciendo la maltrechez causada por la crisis que se extiende en la medida que la pandemia se vuelve invencible y amenaza con alargarse con el surgimiento de las nuevas cepas y variantes que no permiten del todo que la economía se recupere. Algunas empresas han perdido altos porcentajes de su capacidad de negocio, lo cual les impide recuperar su nivel interno, lo que se traslada a sus empleados, porque las empresas apenas tienen capacidad para cumplir con sus obligaciones fundamentales mientras tienen que seguir pagando impuestos y unos servicios públicos que aunque tengan miles de fallas, son puntuales con sus facturas y rigurosos para cortar el servicio si no se pagan a tiempo.

Como pueden ver, la felicidad de unos no es la alegría de todos, la pandemia da premios por un lado, pero ha castigado severamente a los que haciendo supremos esfuerzos, contribuimos a que el gobierno salga airoso y hasta bien calificado. Y sin embargo, en las altas esferas no hay sentimiento para compartir aunque fuera con algunas medidas que atenúen los atrasos en las obligaciones tributarias, que por ahora es el peor castigo con los intereses moratorios y recargas que penalizan al fiel contribuyente cuando este se atrasa en la fecha de pago. Porque si no lo saben en las altas esferas, el peor martirio que tiene el pobre empresario es cuando las funcionarias del SAR le disparan la cruel amenaza que si no paga en la fecha debe atenerse a los recargos por atraso. Así es la vida en Honduras, los infelices y maltratados, son los que contribuyen al éxito del gobierno.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 22 de julio de 2021.

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