No nos queda más que reinventarnos

septiembre 3, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La sacudida tan imprevista que nos ha dado la pandemia del COVID-19, ha hecho tambalearse a todos los países, aún aquellos que se consideraban tan poderosos que nada ni nadie podía alterarlos. Desde EEUU, China, Rusia, Inglaterra y todos los demás países para abajo donde Honduras está en las escalas menores en las profundidades del subdesarrollo, todos están desconcertados al saber que anuncian hoy una vacuna para fin de año para contradecirse mañana diciendo que la vacuna no estará lista sino hasta mediados o finales del año próximo. La pandemia fue como un relámpago que sacó al mundo de un letargo complaciente, y lo convirtió en un rompecabezas, donde las piezas no encajan porque al haber presidentes díscolos como Trump, autoritarios como los gobernantes chinos, o guerreristas como Putin de Rusia, la catástrofe que está provocando el COVID-19 va a dejar una ruina global que interrumpirá la ruta de progreso que se habían trazado los países.



A los hondureños, que por lo general nos cuesta que nos caiga el veinte, nos ciega el sectarismo que abunda no solo en los políticos, sino en casi todos los sectores de la sociedad, donde la obnubilación de querer que caiga el gobernante, como si esa fuera la salida que nos haría el milagro de ser otro país, se ha vuelto una obsesión delirante. No queriendo desaprovechar este espacio que nos permite llegar a todos los ámbitos del país, buscamos enfocar los asuntos que nos interesan como Estado. El cúmulo de problemas que afrontamos en esta pandemia, igual que otros países, nos obliga a los medios de comunicación a centrarnos en señalar aquellos asuntos que se amontonan y que ameritan la pronta atención del gobierno, que es el responsable de la administración pública.

El tema económico es tan importante como el sanitario, pero entre ellos queda una transversal que puede hacernos retroceder y estancarnos en un pasado que poco a poco habíamos venido superando. El que más de 350 mil niños y jóvenes abandonen los centros educativos a consecuencia de la pandemia, para nosotros es una tragedia nacional. Que será de esos niños y jóvenes que en poco tiempo pasarán a engrosar el ejército de gente que se quedó en el camino sin avanzar en la preparación educativa. Y no vemos que las autoridades educativas del país busquen y propongan una solución, como no vemos que se preocupan en apoyarse en los expertos en el ramo educativo, que son los que podrían dar luces para reinventarnos en el aspecto más importante en la vida como es la educación. El que el titular del ramo educativo no sea un experto en educación no es lo malo, lo malo es que siendo el ministro de Educación no tenga la lucidez que el momento demanda para entender la gravedad que para Honduras significa que tantos miles de niños y jóvenes se queden sin educación.

La consecuencia más grave que nos puede dejar la pandemia es conformarnos en no pensar, conformarnos que somos sabedores que el virus tiene arrodillado al mundo entero, desde las potencias más poderosas hasta los pequeños países subdesarrollados como el nuestro. Pero el conformismo no arregla ni soluciona nada. El mundo está habitado por personas que en su mayoría no viven para estar pensando que siendo de la muerte no hay que preocuparse de los males si al fin y al cabo vamos a morir en algún momento. Nadie mejor que Pascal describió la grandeza del hombre en el planeta cuando dijo: «el hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, nada más que es una caña pensante. No hace falta que el mundo entero se alce en armas para aplastarlo, una gota de agua basta para matarlo». Lo malo, según Pascal, es que el hombre sabe que va a morir y las ventajas que el mundo tiene sobre él, pero el mundo gira y gira y tampoco se da cuenta que el hombre, a su vez, no se da cuenta de sus desventajas si vive en la ignorancia.

Ahora estamos hablando que los más vulnerables en esta pandemia son las personas que padecen las enfermedades crónicas, pero esto es una mascarilla con la que pretendemos no darnos cuenta que la verdadera tragedia es cómo quedará la niñez y la juventud hondureña que quede fuera del alcance benefactor de la educación. Si la educación presencial no es posible por la amenaza de la pandemia y si los niños de hogares pobres no tienen posibilidad de recibir la educación por internet, porque no tienen ni internet ni computadora, lo que procede es reinventarnos para buscar una solución, de la naturaleza que sea, para evitar que esos miles de niños y jóvenes queden excluidos de recibir educación.

La conmovedora escena que recientemente presentamos los medios mostrando a una humilde maestra de aldea de apellido Gutiérrez cabalgando a lomo de mula para llevarles material educativo a los niños de sitios muy alejados fue lo que nos pellizcó para provocar una reflexión. Esta maestra de escuela de pueblo, sin vehículo, sin celular, sin internet y sin computadora, sabe lo importante que es, que los niños de lugares apartados reciban aunque sea un pedazo del pan educativo. Lo que hace la profesora Gutiérrez, aunque parezca muy poco, significa mucho más de lo que hasta ahora está haciendo la Secretaría de Educación.

Esta maestra de pueblo nos envió un mensaje que debe calarnos en lo más profundo de nuestro pensamiento para preocuparnos por esos más de 350 mil niños y jóvenes que según la UPNFM se han quedado sin educación, en medio de las dos crisis que atravesamos. Pensamos que no basta ponernos la máscara para evadir el contagio, también debe preocuparnos que a todos esos miles de niños y jóvenes el Estado les garantice la posibilidad de la supervivencia en el futuro, posibilidad que solo se las dará la vacuna más eficaz que muchos de nosotros recibimos en nuestra niñez: educación. Sí, porque la educación es la única y más eficaz vacuna contra la ignorancia. Y no es justo que esos miles de niños y jóvenes hondureños queden naufragando en el curso de la vida, abandonados por el Estado.

La Secretaría de Educación está obligada a reinventarse, a dejar de estar haciendo cosas del montón que no dan solución a la educación pública en tiempos de pandemia.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 3 de septiembre de 2020.

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