No nos arruinemos la Navidad

diciembre 9, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Por los números de contagiados que está ofreciendo SINAGER hasta podríamos pensar que es ahora en Navidad cuando nos estamos aproximando a la cifra pico de la pandemia, de la que nos olvidamos por un tiempo, y quizás hasta las mismas autoridades de Salud entraron en un relajamiento al ver que los triajes han estado bastante descongestionados y los hospitales no llegaron al extremo de rebalsar como sucedió en Italia y España. El plan de los triajes ha funcionado muy bien, los que funcionaron mal fueron nuestros compatriotas que se lanzan a la calle sin observar las medidas biosanitarias con lo cual el contagio ha crecido exponencialmente, por sentirse nuestra gente desobligada a acatar las medidas biosanitarias.



El que tengamos en los triajes un buen respaldo sanitario no nos debe llevar en Navidad a caer en la irresponsabilidad creyendo que la pandemia ya pasó, pareciera que los hondureños no estamos viendo como esta pandemia del COVID-19 sigue manteniendo en jaque a la humanidad, si vemos que los países más avanzados como EEUU y los países europeos han perdido miles de vidas en medio de una contagiosidad bárbara que parece estar alimentada por las condiciones climáticas y el relajamiento en que caen las personas cuando exasperadas por las cuarentenas terminan desbocados en aglomeraciones que son fatales, porque donde hay más gente es donde están las mejores condiciones de propagación del coronavirus.

Tampoco es correcto alimentar un pánico porque en lugar de contribuir a sembrar un estado de conciencia termina por hacer creer a muchas personas que si se van a morir de todas maneras da lo mismo que sea ahora y no cuando le llegue el turno, y justificados en que tienen que salir a buscar la forma de ganarse la vida terminan abarrotando las calles sin guardar la prudencia de la distancia física que es un factor crucial para evitar el contagio. Es nuestro deber como personas de medios de comunicación decirle al público que por nuestra familia y por nosotros mismos durante todos estos meses nos hemos visto obligados a renunciar a algunos de los desahogos básicos como el privarnos de reunirnos con los amigos, celebrar reuniones de trabajo en lugares agradables como los restaurantes y el no poder recibir las visitas  relacionadas con nuestro trabajo en la oficina que permanece con la puertas y las persianas cerradas desde el 17 de marzo cuando empezó a sonar la alarma a nivel mundial del «quédate en casa».

Añoramos todo eso, pero esperamos que cuando la pandemia esté bajo control, una vez que la vacuna haya sido «requete comprobada» y que sepamos que si bien no cura del todo  pero que por lo menos no nos mata, poder salir con aire triunfal de ver a la demás gente, haciendo sus desplazamientos necesarios, como ir de compras al supermercado, a los centros comerciales, etc. Lo más grave que nos ha pasado es tener que sufrir cuando amigos que se nos han ido no hemos podido asistir a sus velatorios y ni siquiera a dar el abrazo de pesar a sus familiares.

El COVID-19 ha sido una pesadilla para toda la población mundial y cuando se decía que la gente que más la padece es la de la tercera edad, hoy nos desayunamos que hay una gran cantidad de niños contagiados, confirmándose una vez más que esta pandemia no respeta edades y que todo aquel que se comporte desafiante a las reglas de bioseguridad es víctima del contagio. Entre los hondureños hay muchos que todavía se resisten a usar la mascarilla y estos son los que podrían obligar a las autoridades a decretar otra cuarentena.

Por cierto, esta semana llegamos a creer que ante el crecimiento de contagios SINAGER nos anunciaría un nuevo cierre de la economía, pero tomó la mejor decisión que es apelar a la responsabilidad de todos para cuidarnos y evitar el contagio, porque está visto en todos los países que las prohibiciones más bien operan en sentido contrario, cuando el espíritu de rebeldía hace que la gente desatienda los consejos y  salga a la calle de manera imprudente sin tomar las precauciones conocidas.

La pregunta que nos formulamos es ¿cómo habremos de celebrar la Navidad esta vez? En Europa y EEUU las autoridades de salud aconsejan que las reuniones familiares tranquilamente pueden ser hasta de diez personas. ¿Con qué criterio científico se da este consejo? Parece que es porque más de diez personas ya se considera una multitud inconveniente. Y además, que las reuniones deben ser cortas, aconsejando que el término medio de duración sea de hora y media y dos horas como máximo. Esto es porque las reuniones familiares navideñas constituyen una ocasión única para levantar el ánimo y disfrutar en forma cristiana el tiempo más especial del año.

Pero, para tener un poco de tranquilidad en la época navideña y poder reunirnos con la familia, es preciso que ahora acatemos los consejos de bioseguridad que nos está repitiendo de manera constante la mesa multisectorial para no contagiarnos, caso contrario si los contagios se disparan y por obligación las autoridades tuvieran que aplicar una cuarentena en diciembre, los irrespetuosos de las medidas biosanitarias serán los responsables de arruinarnos esta Navidad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 9 de diciembre de 2020.

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