No es lo mismo voto en plancha que planchar

junio 11, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La conferencia episcopal, que constituye la asamblea de los obispos católicos, se pronunció ayer sobre diferentes aspectos del próximo proceso eleccionario, aconsejando especialmente a los católicos y al resto de la ciudadanía que no voten por candidatos que han estado ligados a la corrupción y que evite votar en plancha cuando se trata de elegir a los diputados al Congreso Nacional. Nuestros obispos católicos mantienen la tradición de hacer recomendaciones a los electores, creyendo que es su deber influir en los ciudadanos para crear un estado de conciencia política conforme la visión de la Iglesia Católica.



En lo personal nunca he estado de acuerdo que nuestra Iglesia adopte algún tipo de injerencias en la vida política, ya sea por la participación directa de algún sacerdote en las contiendas electorales, aspirando a cargos públicos, o mediante recomendaciones que al final de cuenta la hacen involucrarse indirectamente en la política. Ningún ciudadano que se precie de tener más de dos dedos de frente está de acuerdo en apoyar a candidatos que estén membretados con el sello de la corrupción, pero la hondureña no es la única sociedad a la que se puede considerar como oblicua y frívola al momento de elegir a sus candidatos. Los electores en todas partes del mundo no tienen un arraigo mental para discernir entre los políticos buenos y los malos. Una vez que clavan su sentimiento en un determinado personaje son como los bueyes caídos en la barranca, que no son fáciles de remover ni con una grúa. Este, si así se le puede considerar, es el gran mal de la democracia, el derecho que le asiste a la persona de votar por aquel candidato que le simpatice. Por eso se ha dicho que la democracia es el mejor sistema político que permite a los pueblos equivocarse cuantas veces quiera, al escoger a sus gobernantes.

El sistema democrático tiene algo muy bueno, y es que el elector es el único dueño de su voluntad al momento de depositar su voto, pudiendo acertar o equivocarse al elegir, pero lo grandioso es que siendo dueño de su voluntad puede votar como quiera siempre que lo permitan las reglas electorales. Votar en plancha en las planillas de diputados es un derecho del elector, y nadie, ni siquiera una institución respetable como nuestra Iglesia Católica tiene el derecho de pedirle a la gente que no lo haga de esa forma, porque aunque solo es una recomendación, el solo hecho de decirle a la gente que evite votar en plancha resulta una insolencia, porque estando permitido por la ley, el voto en plancha no es un delito sino un derecho. Los delitos electorales están plenamente tipificados por la ley, y contra ellos caben todas las recomendaciones y reproches que se quieran hacer. Por ejemplo: pedirle a las personas que no busquen votar dos veces, que no quieran suplantar a otras personas con identificaciones falsas, que no voten donde no les corresponde, etc., contra estas faltas y otras caben todas las recomendaciones y reproches.

Además, pedirles a los delegados de las mesas electorales que no hagan marrullerías al momento de levantar las actas es otra recomendación que debe hacerse para evitar la consumación de un fraude electoral. Robarles la identidad a las personas que hacen fila para depositar su voto es otro delito que debe ser castigado sin contemplaciones. Cohibir a las personas para que no salgan de sus casas a ejercer el sufragio para perjudicar a un partido es otra falta grave contra la cual si hay que enfilar las baterías, en cambio pedirle a las personas que no voten en plancha es un claro desconocimiento al derecho ciudadano de ejercer el sufragio con plena libertad. Porque de eso se trata, la gente puede votar en forma individual por los diputados de uno y otro partido pero la ley no le prohíbe marcar en forma horizontal por todas las casillas de diputados de un mismo partido.

Las personas que deciden votar de esa manera merecen que se les respete su voluntad, decirles que no voten en plancha en cierta forma es una invasión a su voluntad que es inherente al sagrado derecho de opinar como quiera, consignado como un elemental derecho humano en la carta de las Naciones Unidas. Recomendarle a las personas que no voten en plancha en cierta manera es una especie de manipulación, aunque estamos seguros que esa no fue la intención de los señores Obispos, pero del aspecto semántico del lenguaje a como se interprete la intención por la vox pópuli, la recomendación de no votar en plancha sin duda que de alguna manera conlleva una intromisión.

Todo lo que no sea prohibido es permitido dice el viejo precepto de la juris romana, aunque por supuesto no todo lo permitido es moral, o aceptable, pero en materia de derecho de opinión, pedirle a alguien de manera directa que modifique su forma de pensar, es manipulación. Votar en plancha puede no ser lo mejor pero es un derecho de los electores y como tal están facultados por la ley a ejercerlo. Votar en plancha por lo tanto no es planchar, es decir, votar de esa forma no es ilegal, tampoco es un error si la persona es un elector apasionado por un partido determinado lo que tampoco es delito.

El derecho a opinar es tan grande como el derecho a disentir. Ambos merecen respeto. Como dijo el filósofo Voltaire: NO COMPARTO TU OPINIÓN PERO DARÍA MI VIDA POR DEFENDER TU DERECHO A EXPRESARLA.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 11 de junio de 2021.

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