Nadie está por encima de la ley

marzo 31, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La sentencia pronunciada por el juez Kevin Castel, de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, condenando a cárcel de por vida al ex diputado Juan Antonio Hernández, debe ser analizada en función de la correcta y justa aplicación de la ley, y de las implicaciones colaterales a la sentencia que hizo el juez Castel contra Honduras, que es algo que nos debe preocupar a los hondureños. Porque una cosa es la responsabilidad que recae sobre una persona y otra, muy distinta, es que al pronunciarse contra esa persona el juez Castell, de manera insensata se lleva de encuentro a todo el país, algo que para todo buen hondureño es inaceptable.



Partamos de algo fundamental, no se puede defender como inocente a una persona que ha cometido un delito grave, pero tampoco se le puede culpar más allá de la falta que ha cometido. Cuando el diputado Tony Hernández fue detenido por las autoridades de EEUU, la reacción más importante que se dio en nuestro país fue la de su hermano, el Presidente de la República Juan Orlando Hernández, cuando expresó que «nadie está por encima de la ley». Esta expresión puso de manifiesto desde ese momento la responsabilidad del mandatario hondureño, que ni aún en aquel momento en que podía estar confundido, no perdió de vista que toda persona que comete un delito tiene que asumir las consecuencias ante la ley.

Ahora bien, la justicia de EEUU no es infalible como creen algunas personas, por el contrario, tiene una historia plagada de errores e injusticias por equivocaciones y extralimitaciones cometidas por jueces que han llevado a la cárcel a personas inocentes, incluso hay casos extremos de personas que fueron sentenciadas a la pena de muerte, y cuyas familias lucharon por revindicar su inocencia, debiendo conformarse que el Estado les pagara sumas millonarias de dólares como una compensación por la barbaridad cometida por un juez. En el compendio jurídico titulado SALA DE JURADOS se recogen varios casos de actuaciones arbitrarias de varios jueces estadounidenses a lo largo de la historia, que en su momento la prensa norteamericana calificó de «temeridad judicial».

En el juicio del diputado Antonio Hernández hubo algo que resulta espectacularmente temerario, cuando los fiscales y el juez de Nueva York desconocieron un testimonio que resultaba no solo incidental sino fundamental en el juicio. El jueves 3 de octubre de 2019, la Fiscalía de Nueva York llamó a declarar como testigo clave al agente de la DEA, Gregg Marvis, quien desde 1997 hasta el 2019, fue el coordinador de investigaciones sobre actividades del narcotráfico en Centroamérica, México y Colombia, lo que lo hacía un experto conocedor de los grandes capos del narcotráfico en la región, en la que el agente Marvis se movía con mucha frecuencia, especialmente en las zonas hondureñas localizadas en el mapa del tráfico de drogas. El agente Gregg Marvis además participó en frecuentes operaciones anti narcóticos en México, particularmente en Honduras, Guatemala y Venezuela, por lo que fue testigo en otros juicios federales. Cuando Marvis compareció en el juicio contra el ex diputado Juan Antonio Hernández, al ser interrogado por la fiscal Amanda Haule, a la pregunta si conocía a Juan Antonio Hernández, la respuesta del agente de la DEA Gregg Marvis fue precisa: «no, no lo conozco». Esta respuesta fue un verdadero revés para los fiscales de Nueva York, que no habían podido presentar pruebas contundentes contra el ex diputado Tony Hernández. Al sentirse desarmados, sin una prueba que fuera suficiente, los fiscales se volcaron pidiendo a los capos hondureños que testimoniaran contra el ex diputado Tony Hernández.

Por tanto, este es un juicio típicamente singular donde los fiscales y el juez desconocieron el testimonio del agente de la DEA más experimentado y conocedor del movimiento del negocio ilícito de las drogas en Centroamérica, para depositar su confianza en los capos. Coincidiendo con la actuación de los fiscales de Nueva York y el juez Castell, en estos días alcanzó mucha circulación un libro escrito por la periodista investigadora mexicana Anabel Hernández, titulado EL TRAIDOR “el diario secreto del hijo del Mayo”, uno de los capos más connotados en el territorio mexicano, en el que, en unos de sus capítulos, narra cómo un reconocido capo hondureño, extraditado, reveló haber sobornado a un ex presidente hondureño con la suma de 2 millones de dólares. Como los testimonios de los capos ahora valen más para los fiscales de Nueva York, es de esperarse que los fiscales se interesen en el contenido de este libro.

El juicio de Nueva York contra el ex diputado Juan Antonio Hernández está llamado a engrosar el compendio SALA DE JURADOS, como uno más donde la justicia y los representantes de la ley confían más en los brazos del crimen organizado para hundir a un acusado de cometer un delito grave que debió ser castigado conforme a la ley, más no con la saña con que lo hicieron los fiscales, el jurado y el juez, que no pudieron inocultar su propósito extrajudicial de desmantelar un gobierno y hacerle daño a un país. Si la experiencia de más de 22 años del agente de la DEA Gregg Marvis, persiguiendo a narcotraficantes en Honduras, fue poca cosa frente al testimonio de los capos, la sociedad estadounidense debe preocuparse porque su sistema judicial y fiscal tienen una grave falencia que no permite que EEUU tenga una justicia correcta. Queda la impresión que, en los fiscales de Nueva York y el juez Castel, hay un inmenso deseo de intromisión política para ayudar a los que buscan derrocar al actual gobierno de Honduras. Y si esta política fuera la norma del gobierno de EEUU, a pesar de la afinidad democrática que tenemos los dos países, no hay que ser adivino para percibir que las relaciones con EEUU se volverán detestables.

Como lo dijera el propio Juan Orlando Hernández, al admitir tácitamente que su hermano Juan Antonio no estaba por encima de la ley, la máxima jurídica también es aplicable a los fiscales de Nueva York, igual que a los jurados y al juez Kevin Castel, porque tampoco ellos pueden estar por encima de la ley. Y en el momento que incurren en una falta tan lamentable, también incursionan en el campo delictivo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 31 de marzo de 2021.

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