Muy poco que celebrar

mayo 1, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En tiempo normal nadie hubiera pensado que los sindicatos y las dirigencias sindicales se hubieran quedado en casa, tranquilos, sosegados, hasta desanimados, porque hoy es el Día del Trabajo, del trabajador, es su fiesta. Se me viene a la mente un pensamiento de nuestro profesor de matemática, don Humberto Sabillón, que para estas fechas solía decir que en el Día del Trabajador, en lugar de descansar y parrandear, los sindicatos debían hacer concursos para seleccionar a los mejores trabajadores y distinguirlos para incentivar a las personas por sus méritos.



La verdad es que los trabajadores tienen muy poco que celebrar en un momento de crisis cuando nos precipitamos a una etapa de desempleo inevitable, porque en la post-pandemia las condiciones ya no serán iguales que antes, las empresas que ya sucumbieron tardarán mucho tiempo para reaparecer, porque todo volver a empezar es caminar cuesta arriba, por muy emprendedores que sean los propietarios y por mucho respaldo que estén ofreciendo ciertas instituciones del gobierno, conociendo como son de difíciles las cosas en Honduras para armar una empresa y no digamos para resurgir en el ámbito comercial, los que fracasaron es probable que no quieran intentarlo de nuevo.

Es decir, aparte de estar en las peores condiciones que puede vivir un país, las empresas solo podrán sobrevivir en estas condiciones si encuentran en sus trabajadores una comprensión llena de sensibilidad, porque si los empleados se dejan guiar por los llamados de los cabezas calientes que los incitan a que no cedan ni un milímetro, no habrá forma de evitar una ola de despidos masivos, ante el nerviosismo que pudiera invadir la mente de algunos empresarios emprendedores, que como es natural, querrán atrincherarse con algo de su capital para esperar que pase la pandemia y planear un nuevo comienzo en su vida empresarial.

En medio de la pandemia, cuando todavía estamos en un momento de no conocer exactamente el nivel de contagio en la población hondureña, tenemos que reconocer que se pueden identificar muy bien a los empresarios valientes, a los avorazados, a los que mantienen la esperanza y luchan por no cesar en sus actividades y a los que acostumbrados a las excelentes utilidades, con legítimo derecho desde el comienzo del coronavirus empezaron a vaciar sus arcas laborales. Cada quien tiene derecho a defender sus intereses como lo estime conveniente, incluso los trabajadores de ciertos organismos del Estado, que en un día como hoy, en años anteriores solían pedir y reivindicar contratas colectivas que en muchos casos, se llevaban los presupuestos completos de las instituciones del gobierno.

No obstante, es digno reconocer que entre los empleados del gobierno y de la empresa privada hay muchos trabajadores que ostentan con nobleza la mejor condición del ser humano que es la dignidad con que desempeñan su trabajo, lo que les da toda la independencia moral para sentirse satisfechos por cobrar un salario bien ganado. Vivimos en Honduras donde todavía hay una sociedad que produce y crece en libertad, muy distinta a aquellas naciones que sobreviven bajo el régimen de subvención, donde el gobierno se dedica a pescar para que todos los que lo apoyan no tengan que trabajar, para tener todo el tiempo para estar en las calles coreándole vivas al mesías, hasta que llega el día en que el gobierno pierde la capacidad para llenarle los calderos y las ollas a sus corifeos y entonces estos deciden abandonar el barco, igual que las ratas, como sucedió en Cuba y está sucediendo en Venezuela.

La libertad es grandiosa hasta para trabajar, por eso, al celebrar un primero de mayo en condiciones nunca registradas en todo el mundo como las que estamos viviendo, creo que los dirigentes sindicales y los que dicen llamarse líderes de los trabajadores, deberían respaldar el trabajo que se realiza en libertad, donde la libre competencia permite abonar el territorio para que sea más fértil para progresar.

En medio de la pandemia, es importante que los trabajadores reconozcan el interés de sus patronos por garantizarles un ambiente saludable para trabajar, sobre todo cuando la crisis ha estado adornada de muchas carencias, comenzando por la escasez de agua, líquido vital para hacerse el aseo exigido por las medidas sanitarias. Pero, junto al manifiesto de exigencias que acostumbran a corear los sindicatos todos los primeros de mayo, hoy más que nunca es bueno que sean los propios trabajadores, especialmente aquellos que sin trabajar están recibiendo su remuneración, se llamen a la reflexión, que muy pronto, si las empresas no tienen la posibilidad de generar ingresos no les quedará otra que recortar sus plantillas de empleados.

Ojalá que la crisis sanitaria no se extienda mucho tiempo, pero esto no dependerá de las autoridades de salud ni del gobierno, más bien recae sobre la población, saber que solo actuando en forma disciplinada y atendiendo las restricciones, es que podremos salir de la encerrona en que nos tiene la pandemia. Dependemos de nosotros mismos poder salir lo más pronto de la pandemia para volver a la normalidad.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 1 de mayo de 2020.

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