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El Mitch y la desmemoria

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Octubre es un mes al que los hondureños debemos guardarle respeto y tomar precauciones para enfrentar los embates naturales que se nos presentan en forma de huracanes de manera cíclica, fenómenos que si bien no son predecibles para una fecha precisa, los expertos del Centro de Huracanes de Miami tienen la tecnología que les da seguimiento a estos eventos meteorológicos, desde que nacen hasta que pasan por nuestra zona. Esta es una ventaja que da la tecnología, por lo menos para saber por dónde vendrá el huracán y que lugares afectará.

Hace 20 años, a finales de Octubre cuando creíamos que la temporada de huracanes había finalizado, surgió la tormenta tropical Mitch, que al traer un recorrido errático se abasteció de agua en abundancia, y cuando empezaba a salir del Caribe hondureño donde había devastado una buena parte de nuestra bella isla de Guanaja, apareció un frente frío que haciendo una especie de muro de contención impidió que el Mitch siguiera su trayectoria prevista, haciéndolo virar a la izquierda para que se adentrara a lo largo y ancho del territorio hondureño, provocando los peores estragos que ningún otro huracán había causado en nuestro país. La principal infraestructura hondureña, así como los caminos secundarios, fueron seriamente dañados por varios días de intensos aguaceros que lavaron las tierras agrícolas, dañando las cosechas, provocando deslaves en montañas y cerros de las ciudades.

Solo pueden olvidar la magnitud de esta tragedia aquellas personas que tienen alergia por la verdad y que mantienen su memoria en una permanente recesión, de manera intencionada, para no reconocer los hechos y los protagonistas de aquel aciago año 1998, donde se puso a prueba el liderazgo que dirigía los destinos de Honduras. Era presidente de nuestro país Carlos Roberto Flores, que recién llegado a asumir la presidencia por mandato de la inmensa mayoría del pueblo hondureño, recibía un bautizo revestido de tragedia, donde debía demostrar si era un profesional y un mandatario eficiente para afrontar la conducción del país, que además de vivir atribulado por el cúmulo de problemas históricos, le tocaba asumir un proceso de reconstrucción nacional para levantar los pedazos de nuestro país y recomponerlos, sumando a eso las egoístas posiciones de sectores radicales que demandaban de varios países cooperantes que se les entregara a ellos la mayor parte de los recursos para manejarlos a su conveniencia. Contra estas mezquindades y contra las consecuencias gigantescas dejadas por el Huracán Mitch tuvo que enfrentarse aquel gobierno, que a 20 años de su gestión, ha sido evaluado como una administración que manejó la crisis en forma responsable y transparente.

Ha sido esa la mayor experiencia que hemos pasado los hondureños producto de una crisis provocada por el huracán más agresivo que nos pasó por encima y que puso a prueba las debilidades que tenemos como país, así como la entereza de un gobierno que asumió con propiedad, energía, responsabilidad y transparencia el manejo de la reconstrucción, lo que no puede caer en el olvido por razones de ingratitud y egoísmo político, ni puede ser desconocido con un menosprecio irracional que solo cabe en la universidad de la ignorancia y la maldad.

Los pueblos viven de su historia y parte de ella en muchos países, incluyendo el nuestro, se ha escrito en sus tragedias naturales, donde si los hechos no son contados con honradez es porque mentes mezquinas, aquellas que no tienen afecto por la verdad histórica, intentan destruirla y sustituirla por la mentira, deformando las acciones y denigrando a quienes las supieron encarar con sentido y espíritu patriótico.

La desmemoria es parte de la maldad humana, muy propia de los impostores que por desgracia surgen en las sociedades intentando asumir posiciones desde las cuales su principal interés es satisfacer ambiciones particulares. Por fortuna, entre los hondureños somos más los que tenemos memoria histórica, y en cambio son tan pocos los desmemoriados, que hay un balance positivo a la hora de recordar aquel grave fenómeno natural que nos partió el espinazo productivo, y que, sin embargo, como país no nos puso de rodillas, porque en ese momento tuvimos la dicha de que Honduras estuviera liderada por un gobernante que tuvo la capacidad y la entereza de asumir la tarea titánica de levantar a Honduras de la tragedia, para mantenerla viva como nación, de manera que los daños no nos hicieran desaparecer del mapamundi como país digno. Y hoy, a casi 20 años de aquella tragedia, debemos recordar como un liderazgo capaz nos supo mantener de pie, activos, sin perder la fe y la esperanza. Ese esfuerzo por lo menos debemos recompensarlo con gratitud y admiración.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 9 de octubre de 2018.