Misión cumplida dice Comisión Depuradora de la Policía

enero 15, 2018

La corrupción era tal que el jefe de archivos de la Policía era un marero uniformado, revela Alberto Solórzano.

Tegucigalpa, Honduras

La prioridad de las nuevas autoridades del gobierno y de la Secretaría de Seguridad, debe ser continuar la depuración de la Policía Nacional, pues ésta no tiene retroceso, es permanente y sostenible.



Así lo sugirieron los miembros de la Comisión Especial para la Depuración y Transformación de la Policía Nacional, a pocos días de dejar el cargo (próximo 20 de enero) luego de desempeñarlo por 21 meses, período durante el cual fueron depurados unos 4,500 elementos de la entidad.

«Misión cumplida», afirmaron.

La Comisión depuradora saliente, está integrada por Omar Rivera, Vilma Morales, Alberto Solórzano y como asesor Carlos Hernández, representante de Transparencia Internacional Honduras.

Todos comparecieron este lunes en un foro de televisión para relatar sus vivencias y los riesgos que tuvieron que afrontar a lo largo del desempeño de esa tarea encomendada por el presidente Juan Orlando Hernández.

La Comisión fue creada a través de un decreto de emergencia aprobado por  unanimidad por el Congreso Nacional el 11 de abril del 2016.

Luego los miembros de la nueva entidad fueron juramentados por el gobernante Hernández.

La misión trascendental de la Comisión fue el de dejar sentadas las bases para una nueva Policía Nacional, luego de un proceso de limpieza a todo nivel que tuvo la institución, la que poco a poco ha ido recobrando la credibilidad del pueblo hondureño, destacaron los ingegrantes de la misma.

Verdad

Para Omar Rivera, “era necesario decirle la verdad al pueblo hondureño, pues aquí mucho empresario, mucho marero y narcotraficante se beneficiaron de la corrupción policial”.

Al respecto, afirmó que “no se crea que sólo los policías depurados son los que andan con el corazón partido. Aquí hay otros sectores que se beneficiaron de la corrupción policial como empresarios y políticos”.

Comentó que “el proceso de profilaxis golpeó a una especie de consorcio que delinquía de manera irrefrenable, es decir sin obstáculo alguno”.

Rivera señaló que “eso fue lo que pretendimos nosotros revertir, porque aquí antes de ejecutar un acto concreto se necesitaba una nueva mística en la gestión de la Policía”.

“Lo primero que hicimos es dejar en claro que quien lo había hecho o la estaba haciendo la tenía que pagar”, añadió.

“Para ello les quitamos el uniforme, el arma de reglamento, la patrulla y desconectarlos con el sistema de radiocomunicación que les permitía conocer dónde se iba a ejecutar un operativo”, subrayó.

De acuerdo al analista, “una persona que se revuelca en el fango, que se mancha las manos con sangre, junto a los delincuentes no merece ser policía, mejor que se dedique a la actividad crminal”.

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