México, un triunfo «amargo»

junio 11, 2019

«El típico estilo de Trump: ataca, arrincona y empuja, hasta que, ante el abismo, el otro cede»

Honduras

Como habíamos anticipado, México – y Centroamérica por supuesto – convertido en una piñata por su fuerte, arrogante y en este caso irrespetuoso vecino, le torció la mano, y le obligó a aceptar sus condiciones. Es el típico estilo de Trump: ataca, arrincona y empuja, hasta que, ante el abismo, el otro cede. Es lo que ha hecho México, que por lo demás, era la única alternativa que le quedaba porque el TLC con USA y Canadá, lo ha tornado dependiente de los Estados Unidos, país a donde van la mayoría de sus exportaciones, calculadas en un 80%. Frente a esta realidad objetiva, no tenía otra alternativa que ceder, convirtiéndose en cárcel preventiva de 8.000 emigrantes, solicitantes de asilo, que Estados Unidos no puede mantener porque carece de espacio para ello. Y blindar su frontera sur para que los emigrantes salvadoreños, hondureños y guatemaltecos, sean detenidos allí. Difusamente, México espera que Estados Unidos, le otorgue dinero para desarrollar su zona sur que, por razones de pobreza y conocimiento de las oportunidades de los Estados Unidos, también emigran hacia este país de oportunidades de empleo que nadie quiere desempeñar. Por manera que, en conclusión, México evitó severos daños a su economía, amenazada por aranceles que habrían creado daños incalculables. No había otra alternativa. Y siendo parte de México, – porque lo somos en la medida en que creamos los centroamericanos el problema– como dice el canciller  Marcelo Ebrard, nosotros los países del triángulo norte tenemos que hacer, también, el pago alícuota correspondiente. El primero y más doloroso, es que quienes migraban hacia Estados Unidos, no podrán pasar por México que, antes benevolente y generoso, ahora ha tenido que cambiar su política humanitaria, volviéndose  un territorio hostil para los centroamericanos y en un expulsor neto de los emigrantes que no consigan asilo en Estados Unidos. Con un alto precio para su crédito y su prestigio internacional.



Trump es el gran ganador. En unos pocos días, en una “guerra verbal” relámpago, puso de rodillas a México y le obligó a ceder. No importa los dulces y los caramelos escondidos en el acuerdo, lo usará para su campaña electoral en búsqueda de la reelección. Le demostrará a la derecha xenófoba estadounidense, que si no pudo construir el muro por la oposición de los demócratas, defendió a los Estados Unidos,  con su enorme habilidad política. Y en muy pocos días, con un costo muy reducido. Un muro humano, en vista que no pudo construir uno de concreto.

En cambio los grandes perdedores en esto, son los países del triángulo norte, especialmente, en este orden, El Salvador, Guatemala y Honduras. Han perdido sus migrantes la vía terrestre que representaba México, así como la comprensión y la simpatía que este país les dispensaba, por medio de diversas políticas, y el tratamiento humanitario que, por más que lo quieran los mejicanos, no podrán seguir dándole apoyo a los desesperados compatriotas que no encuentran otra alternativa más que emigrar a los Estados Unidos.

Se verán obligados a quedarse en sus países. Pasivos, formando parte de las estadísticas de la pobreza; espabilándose y buscando la manera de integrarse al sector informal de la economía; o se suman  a la rebelión, especialmente en el caso de Honduras, para buscar alguna forma de alivio en el presupuesto nacional. Que dicho sea de paso, ya no da para más.

Como lo hemos dicho – y no dudamos que Bukele a estas alturas ya lo entendió – que alejarse de sus vecinos y parecerse en forma forzada a Trump, no le sirvió de nada. Los salvadoreños no son bienvenidos en los Estados Unidos. Los guatemaltecos, entenderán que ser vecinos de México no les da prioridad para mezquinarles a los hondureños y salvadoreños, las oportunidades de abordar las lanchas del río que lo separa de su vecino del norte. Pero la mayor lección es para Honduras. El camino confrontativo interno que hemos escogido, la rebelión que dirige Zelaya sin saber en qué momento delinque y en cual es un líder propositivo que busca mejorar a Honduras, no nos permite, identificar las fallas en el sistema económico que impiden la inversión  nacional y extranjera; modificar las alteraciones del modelo político liberal que ha derivado en un sistema autoritario, personalista y sin posibilidad de cambiar a los titulares, en vista que la institucionalidad política que representaban los militares, no ha sido sustituida por la institucionalidad de los partidos políticos y que, tampoco, hemos podido crear un nuevo sistema cultural que nos dé esperanzas a todos que aquí en el país, podemos cumplir el sueño hondureño que haga innecesaria la búsqueda del sueño americano. Por ello, el triunfo de Trump sobre México y Centroamérica, debe obligarnos a abandonar la confrontación, unirnos y obligarnos a un acuerdo nacional. En que la energía colectiva la usaremos para construir una Honduras de verdad, que no necesite que los mejores entre los pobres, emigren a los Estados Unidos o a México.