Modelos anquilosados y el statu quo

noviembre 8, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Cualquier país del planeta cuyos habitantes se sienten cómodos y conformes con el statu quo, es decir, con que las cosas continúen de la manera cómo se están viviendo, sin provocar cambios ni transformaciones, será una nación perdida en el tiempo y en el espacio, en que sus habitantes hayan decidido vivir por vivir, sin ansias de cambios, sin aspiraciones de progreso, desconectados de las ambiciones para ser un país desarrollado, en pocas palabras conformes con un statu quo perenne, y más concretamente, resignados a ser un país que camine día a día rumbo a la miseria, porque la pobreza para un país así, sería bonanza.



El statu quo, que conduce a esa dirección, es el peor enemigo de las naciones; vencerlo es el desafío de los países cuyos habitantes aspiran mejores estadios de bienestar, pero para lograrlo hay que sacudirse la modorra mental, hay que vencer la pereza emocional y cambiar el desgano que lleva al conformismo. Hay que inyectarse de un espíritu renovado que nos proporcione la energía necesaria para que nos sacuda todo el óxido de la cabeza. Necesitamos salir del atolladero del subdesarrollo en que estamos como país, conformes, aún sabiendo que estamos hundidos hasta la coronilla y sin hacer los esfuerzos necesarios para emerger al desarrollo.

Para empezar a ver la luz al otro lado del túnel los hondureños necesitamos luchar por hacer algunas transformaciones, necesitamos erradicar la mayoría de los modelos por los cuales se rige la vida económica y social de Honduras. Uno de esos modelos es el educativo, que a estas alturas es uno de los más pobres del mundo, porque continúa trabajando como si fuéramos una nación viviendo a mediados del siglo pasado. Hablar de una educación para el siglo XXI es un lenguaje extravagante para las autoridades de la Secretaría de Educación, que muestra un dinamismo desfasado, haciendo las cosas como se hicieron en ese ministerio en las últimas décadas del siglo anterior.

El modelo agrícola está en las mismas condiciones, o quizás peor, porque los actores de la agricultura están acostumbrados a producir con el apoyo del Estado, obteniendo préstamos de los organismos financieros estatales, que en su mayoría no son pagados, aduciendo los beneficiarios cualquier excusa de origen natural, desde una plaga, una sequía o una inundación para pedir condonación o perdón para no pagar la deuda.

BANADESA ha sido la gallina de los huevos de oro, que ha tirado por sus ventanillas muchos millones de lempiras prestados a agricultores, que una buena cantidad de ellos no han cumplido con la obligación de pagar, aduciendo una sarta de excusas en las que basan su incumplimiento. En BANADESA hay deudores de todo tipo, de toda índole y de todo nivel. BANADESA, administrado por políticos ha sido una especie de caja fuerte millonaria a la que los agricultores-políticos o políticos-agricultores acuden para obtener préstamos millonarios que en forma premeditada saben que no pagarán.

Este modelo agrícola que ha vivido a expensas de este tipo de subsidios forzados, es el responsable de tener un aparato productivo alimentario ineficiente, incapaz de trabajar para obtener del campo las cantidades necesarias que se requieren en la mesa para la alimentación de los hondureños. Por lo tanto, es un modelo que ya se probó lo suficiente que no responde a las necesidades alimentarias de la nación. Es urgente sustituirlo por otro modelo que haya sido probado en otros países que hoy son ejemplo de capacidad productiva alimentaria.

No queda tiempo para inventar o improvisar modelos en áreas tan apremiantes como la educativa y la alimentaria; lo razonable, y lo inteligente es replicar los modelos exitosos tanto en educación como en la parte alimentaria, donde una agricultura floreciente es urgente e indispensable.

Los sectores organizados, los campesinos, las cooperativas y los agricultores de mediana y mayor escala, no pueden arrogarse la exclusividad de producir los alimentos; todos se probaron durante muchos años y sus resultados no han sido satisfactorios, por eso es que cada año los gobiernos deben importar toda clase de alimentos, siendo bochornoso que nuestros productores ni siquiera son capaces de producir el suficiente maíz y la cantidad de frijoles que se necesita para satisfacer la demanda nacional.

El modelo agrícola hondureño requiere una transformación, es urgente que haya una nueva mística en el aparato productivo del campo, donde el simple conocimiento para sembrar no basta, debe acompañarse de dos aspectos que son fundamentales para lograr la eficiencia productiva: disciplina y rigor. El actual modelo agrícola como está, solo sirve para que agricultores privados se enriquezcan con préstamos de BANADESA que no pagan.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 8 de noviembre de 2019.

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