Mesas electorales: el punto débil del sistema

abril 6, 2017

Podrían tomarse algunas previsiones antes que para el próximo período legislativo, con paciencia y buen juicio.

 

Tegucigalpa, Honduras

El Presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva Herrera, se acaba de enterar que la clase política en nuestro país dice una cosa y hace otra.



El estimado Doctor sureño tropezó con esa realidad en el tema de la ciudadanización de las mesas electorales, un tema que como él mismo apuntó, aparece en todos los debates de televisión sobre reformas políticas, pero que a la hora de decidirlo donde cuenta, en el Congreso Nacional, no pasa nada.

El tema ha sido objeto de debate entre los politólogos desde hace mucho tiempo, al respecto por ejemplo, en el capítulo “Las Mesas Electorales” del tratado de Derecho Electoral Comparado de América Latina, Susana Sottoli, cita a Aragón Reyes diciendo: “las previsiones normalitas más importantes en relación a la organización del sufragio, son las relativas a las mesas electorales, puesto que constituyen los órganos primarios de todo proceso, esto es, los órganos que presiden y garantizan de modo inmediato el desarrollo de la votación”.

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Todos los que participan como actores o testigos de la actividad política hondureña saben que la mayor debilidad del sistema está en la conformación de las Mesas Electorales receptoras, el sitio donde se reciben los votos y se cuentan en cada elección.

Las mesas son formadas por delegados de los partidos políticos  participantes en el proceso electoral o de los movimientos internos en el caso de las elecciones primarias y so responsables de administrar la instalación, votación y escrutinio con el auxilio de un custodio electoral y un operador técnico nombrados por el Tribunal Supremo Electoral.

El problema es que las credenciales que sirven para identificar a las personas como delegados a una mesa no tienen nombre, ni fotografía, ni número de identidad, sino que se entregan a cada partido o movimiento internos para que las repartan a su antojo.

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Eso provoca que los partidos políticos pequeños, que no tienen suficientes delegados para cubrir todas las mesas electorales soporten la “invasión” de delegados que pertenecen a otros partidos que de esa manera hacen mayoría y pueden influir en el resultado de la votación inclinando a su favor todas las decisiones que se tomen en la mesa.

La solución al problema es la llamada “ciudadanización de las mesas”, o sea que la labor de delegado la desempeñen personas ajenas a los partidos políticos, que estén en la mesa en representación de la sociedad nacional y para la defensa de la democracia, no de los votos de algún candidato.

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La credencial de delegado se convierte así en un documento personal, con la fotografía, huella digital y número de identidad del interesado, que recibe su nombramiento y capacitación de manos del Tribunal Suprema Electoral y no de un partido político.

Es improbable que para el proceso electoral de Noviembre pueda adoptarse un esquema de mesas ciudadanas, pero podrían tomarse algunas previsiones antes que para el próximo período legislativo, con paciencia y buen juicio, lleguemos a establecer un sistema que convierta la gran debilidad de nuestro sistema electoral, las Mesas Electorales Receptoras, en su mayor fortaleza.

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