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En memoria del “Gordito”

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En la rememoración de los terribles acontecimientos provocados por el Huracán Mitch, hay algunas situaciones que permanecerán de manera inmarcesible en la mente de los hondureños, como el hecho de que, un día como hoy hace 20 años, cuando los habitantes de la capital nos despertamos viendo que media ciudad estaba inundada y la otra parte seriamente afectada por los deslaves y derrumbes, y las infraestructuras dañadas dejaban incomunicada a las diversas colonias y barrios lo que inmovilizaba la economía de Tegucigalpa.

Incrédulos ante la magnitud de los daños, la reacción del gobierno, y de las autoridades de la capital, nos parecían que no se darían abasto para enfrentar las soluciones a corto plazo y que los capitalinos deberíamos prepararnos para una larga temporada de vacas flacas. Sin embargo, para calmar y reducir los temores, el gobierno central fue muy ágil en lo que debía reaccionar con urgencia, que era atender las emergencias. Y la alcaldía hizo lo suyo, por lo menos en las pocas horas que el alcalde César Castellanos asumió con su liderazgo local, con el ímpetu que le caracterizaba, todas las tareas inmediatas que ameritaba atender para restablecer a la capital a la vida normal.

En esas tareas estaba el alcalde César Castellanos, cuando aquel 1 de noviembre de 1998, el pequeño helicóptero en que se transportaba haciendo un recorrido aéreo para tener una visión completa de los daños sufridos por la ciudad, se desplomó por fallas técnicas, muriendo en forma instantánea el recordado alcalde César Castellanos y quienes lo acompañaban. Con su desaparición física, la ciudad capital perdía a su dinámico alcalde y Honduras quedaba mermada en cuanto a liderazgo positivo. Porque César Castellanos era, en lo que el término franco admite, un líder positivo para su partido, para la capital y para el país.

Puedo contar esta fecha gratas experiencias que me tocó vivir con el Dr. Castellanos, en su trayectoria como ministro de Salud Pública, en la administración Callejas, cuando aparecieron los brotes del Cólera en el Río Lempa de El Salvador, constituyéndose en una amenaza para la salud de los hondureños. César Castellanos me pidió que liderara  la creación de un cerco epidemiológico, en base a una fuerte campaña de opinión pública que calara en la mente de nuestros compatriotas, que era, según la estrategia del Dr. Castellanos, la mejor y quizás única forma de crear la barrera para impedir que el cólera penetrara a todo el territorio hondureño.

Esa campaña fue exitosa, porque en el período de Castellanos fueron raros los casos que se dieron en la zona sur, y fue en los años siguientes a su período, cuando por aflojarse el cerco, se registraron varios casos, pero no en la magnitud que se dio en El Salvador. Años después, cuando César Castellanos había cesado como Ministro de Salud, se lanzó en una campaña que lo llevaría a presidir la alcaldía de Tegucigalpa. Todavía resuenan en los tímpanos de los capitalinos los jingles que publicitaban sus aspiraciones, donde se le endilgó el mote del “Gordito”. Era candidato del Partido Liberal, el entonces presidente del Congreso, Carlos Roberto Flores, que enfrentaba la urgencia de tener un buen candidato a la alcaldía que pudiera vencer al “Gordito” Castellanos.

Carlos Flores buscaba convencerme para que yo fuera el candidato liberal a la alcaldía, en base a una encuesta de popularidad en la que yo aparecía en primer lugar con un alto porcentaje de aceptación entre los capitalinos, seguido por el querido colega Herman Allan Padget y muy distante en un tercer lugar el recordado dirigente liberal Marco Antonio Andino. Le dije al buen amigo que sin tener experiencia en el trabajo político, enfrentar a un político todo terreno como el “Gordito” Castellanos para mi resultaría una enorme irresponsabilidad. Ante mi desistimiento, Herman Allan Padget asumió la candidatura liberal, librando una campaña de altura, una de las mejores campañas por el alto contenido de los discursos, como  no hemos vuelto a ver otra. El “Gordito” Castellanos ganó por un margen muy corto a Padgett, y se convirtió en alcalde. En el corto período de su desempeño como alcalde hizo una buena labor, pero la parca inexorable le impidió demostrar toda su capacidad como profesional y político.

Su trágica muerte privó a Tegucigalpa de un alcalde a tiempo completo, con ideas brillantes, muy coherente en sus decisiones y con una tendencia a planear a mediano y largo plazo. Para Honduras, la muerte del “Gordito” Castellanos fue una pérdida lamentable, porque César Castellanos era un trabajador compulsivo. Era una persona que dormía entre tres y cuatro horas. Se acostaba a las once de la noche y se despertaba a las dos de la madrugada, ansioso por trabajar. Padecía de la ansiedad por trabajar. Quizás eso determinó que no tomara la precaución que aconsejaba no sobrevolar en helicóptero aquel trágico 1 de noviembre de 1998.

Su ausencia es notable en Honduras, donde los buenos líderes escasean. ¡Como quisiéramos tener hoy varios hombres con la capacidad y entereza del “Gordito” Castellanos!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 1 de noviembre de 2018.