Mascarillas de oro

abril 16, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El empeño de la OMS por llevarle la contraria a Taiwán, que desde el 30 de enero pasado sonó las alarmas que en China había surgido un brote epidémico súper contagioso, nos hizo creer que las mascarillas no eran imprescindibles para el común de las personas, igual que aquí algunos profesionales de dudosa conciencia le hicieron comparsa a este consejo malsano de la OMS, nos llevó a desprotegernos durante muchas semanas de lo que hoy más estamos mendigando los hondureños, que son las mascarillas. Y resulta que estas pequeñas cosas de tela que nos protegen cubriéndonos la boca y la nariz, que en su mayoría son importadas desde China, que fue el país que ocultó el virus por un mes, no todas son de tecnología de punta o de compleja fabricación, hoy las maquilas hondureñas las están fabricando cumpliendo los estándares requeridos para garantizar la salud. Igual que la industria de los militares se ha lanzado a fabricarlas en serie para permitir que cada hondureña tenga la suya, hasta el alcalde de Choluteca, Quintín Soriano, inventó su propio modelo tijereando uno de los sostenes de su mujer.



Parece mentira que los hondureños seamos tan ineptos y no nos hubiéramos percatado desde un principio que las mascarillas, que son un utensilio tan sencillo se pueden fabricar en las maquilas hondureñas que elaboran piezas para muchos países del mundo, igual en aquellas industrias de ropa que tienen maquinaria y materiales para elaborar estas copas de tela gruesa que tapan la boca y cubren la nariz. Lamentable también que la dirigencia empresarial se haya dormido al no excitar a sus empresas afiliadas a que fabricaran al por mayor mascarillas, gel con alcohol, guantes, batas, test, respiradores y todo lo demás que se necesita en los hospitales para atender a los contagiados y para proteger la salud del personal sanitario.

Estas fallas garrafales ocurren en Honduras porque todos esperan que al gobierno y al Ministerio de Salud se les ocurran todas las soluciones, y cuando el liderazgo gremial de un sector tan importante como es el empresarial se dedica solo a propagar lamentos y a ser exigentes con el gobierno, se le va el tiempo en esa otra enfermedad que es la desidia. Entonces, los aprovechados pescan en las aguas donde todo es nada, donde no hay nada porque nada se hace. A eso se debe que los especuladores y los aprovechados que son tan oportunistas como inescrupulosos, aparezcan vendiendo desinfectantes de una marca reconocida que hace un mes costaba 80 lempiras el bote de pañuelitos húmedos y un poco más el mismo desinfectante en spray. Hoy el bote de pañuelitos del susodicho desinfectante lo venden a un precio tres veces mayor.

Pocas veces habíamos visto una catarata de especulación comercial que se aprovecha de la necesidad y de la atribulación de la gente que se lava las manos con jabón a cada paso y que se frota con gel con alcohol infinidad de veces por día, de manera que, podría suceder, que el daño que no nos haga el coronavirus, de repente lo recibamos por estarnos frotando tantas veces al día con gel y cloro. Pero todo esto vale la pena hacerlo si al final logramos cortarle la propagación al virus.

El asunto es que, cuando se le abren las puertas a la especulación comercial, surgen los avorazados, que tienen empresas de todo tipo para surtir todos los frentes de la necesidad humana, y que no se tocan el hígado para inflar los precios. Ya se conoció que en la compra de utensilios para los hospitales que se montan para atender a los contagiados, una reconocida firma comercial de Tegucigalpa cotizó una cantidad de mascarillas descartables, batas de bioseguridad, anteojos descartables, y otros elementos, por una suma millonaria en dólares, que cuesta creer que no se hubieran podido obtener a un precio muy por debajo de la bicoca millonaria con que se adquirió.

En estas compras, COPECO es el organismo que ha asumido la responsabilidad de la adquisición, pero cuando surgen los cuestionamientos por lo elevado del precio de los productos adquiridos, el responsable de este organismo con la facilidad pasmosa del resbaloso, zafa el gancho de su cabeza diciendo que ningún ministro se encarga de hacer compras. Esto es lo más inaudito que pudiera escucharse de un funcionario que pretende ocultar su responsabilidad en la ignorancia, lo que le acarrea un daño al gobierno que hasta ahora ha mantenido un liderazgo sólido en la lucha contra el coronavirus, pero que resulta afectado en su credibilidad al tener a un funcionario de escasísima capacidad haciendo mandados importantes, dejando que los ratones que tiene a su lado le hagan la fiesta del chivo comprando televisores para que los médicos se distraigan y muchas cafeteras para que tomen café a lo loco cuando sobrevenga la carga más pesada de atención a los contagiados.

Solo eso le faltaba al gobierno, que en medio del desgarramiento terrible producido por el coronavirus, además de tener que soportar a una buena cantidad de francotiradores que disparan cada cual desde sus distintas posiciones queriendo que el gobierno haga lo que ellos creen que debe hacerse, tenga que cargar con la culpa, por acción o por omisión, de un funcionario que es más tonto que un cabeza de chorlito.

Hay que aceptar la gran verdad del momento, todos los países del mundo han sido sobrepasados por la pandemia inesperada, pero esto no debe hacer que el gobierno afloje en el cuidado que debe tener para no permitir que los inescrupulosos de adentro y afuera del gobierno, hagan micos y pericos en las compras de los insumos y artículos necesarios en los hospitales.

Hay que cuidar además otra pandemia grave que es la sustracción de muchos de estos utensilios por un sector del mismo personal sanitario, entre los cuales hay tacuazines con batas, que por las noches son capaces de acabar con la despensa médica.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 16 de abril de 2020.