Marchas del hambre, las de ayer y las de ahora

noviembre 13, 2018

Creemos que igual que le ocurriera a Melgar Castro en 1975, le está pasando al Presidente Trump

Honduras

Es una frase común que los humanos somos inmigrantes, por vocación genética. Si creemos a los evolucionistas, e incluso si le prestamos atención a la Biblia de los cristianos, las colectividades humanas se movían de un lado a otro – en un mundo vacío – buscando frutas y cercando animales, para aprovechar sus carnes. El establecimiento en ciudades, solo fue posible con la invención de la agricultura. Obligados por el cuidado de las plantas y el aprovechamiento de los animales domesticados, se establecieron en ciudades en donde se organizaron para defenderse de los extraños. Empezando un proceso que ahora, ha explotado en forma de miedo y conductas nacionalistas cuando los extraños – otro color, otras costumbres y otras lenguas – se acercan al borde de sus territorios cercados. Las marchas entonces, en un mundo más poblado, hicieron más difícil la convivencia. Moisés organizo la primera caravana conocida, conduciendo en el desierto  a los israelitas durante 40 años, hacia la tierra prometida ocupada por otros; pero que ellos creían que Dios, se las había otorgado.



La primera marcha del hambre, se produjo en Honduras en junio de 1975. La finalidad, aunque el hambre aparecía como palabra significante, era sin embargo, la reactivación de la Reforma Agraria que para entonces, había pasado de actividad fundamental del gobierno, a una marginal para proteger a los ganaderos. Todo empezó el 24 y terminó en un crimen horrible, el día siguiente, en la hacienda de Manuel Zelaya Ordoñez, en el Valle de Lepaguare en donde una tropa militar apoyada por los ganaderos de Olancho, dirigida por el Mayor Enrique Chinchilla – que falleciera hace un par de semanas aquí en Tegucigalpa– terminó con la vida de 14 personas inocentes, entre ellos, dos sacerdotes extranjeros, dos mujeres, tres promotores sociales y 7 siete dirigentes de cooperativas campesinas. Creemos que el acontecimiento que, constituye una vergüenza para todos, fue producto de la falta de información de las dimensiones del fenómeno de inconformidad, miedo de los dirigentes gubernamentales, –ante algo que no habían visto antes–, y falta de pericia para manejar las movilización que, en forma de protesta ahora, después de muchos años, son cotidianas y de fácil manejo por la autoridad.

Creemos que igual que le ocurriera a Melgar Castro en 1975, le está pasando al Presidente Trump. Está asustado con las caravanas – ese es el nombre de las movilizaciones que se hacen desde Honduras, Guatemala, El Salvador y México – que supone que atentan contra la seguridad de los Estados Unidos y no sabe cómo manejarlas y dominarlas, sin tener que llegar al uso de la violencia. La afirmación que el que dispare piedras, se le responderá con balas, afortunadamente matizada, es una indicación de esta falta de capacidad para manejar, en forma pacífica, un fenómeno humano ante el cual, es imprudente usar la violencia.

México, en coordinación con el gobierno de Trump, está haciendo un buen papel en una estrategia inteligente de contención. De forma que, posiblemente el número de personas que terminen por acercarse a la frontera de los Estados Unidos, no llegará a dos mil personas siquiera. Las que con los protocolos actuales, pueden ser manejadas por los Estados Unidos, sin que la imagen de este país, se vea afectada como le ocurriera a los militares hondureños que en 1975, no tuvieron otra alternativa que distanciarse del crimen que Chinchilla, Zelaya y Barh, cometieron en forma bestial en contra de pacificas e indefensa personas.

Tenemos confianza que Trump se calme. Por supuesto, esto es difícil; pero nada es imposible en la conducta humana. Y que, en vez de la fuerza, el uso del nacionalismo a ultranza, el racismo y el menosprecio a los inmigrantes, como fórmula electoral que no dio los resultados esperados y recomendados por Roger Stone, se busque la mediación de la Cruz Roja Internacional. O se eche mano a los protocolos que el sistema legal de los Estados Unidos, tiene en abundancia para manejar estos asuntos. Sin dividir más a la sociedad estadounidense y sin ahondar la distancia con unos vecinos del patio trasero que, pese a los problemas que crean, son el escudo que protege la frontera sur, de los verdaderos enemigos de los Estados Unidos.