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Manual sobre cómo destruir un partido

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Un manual es una especie de guía que nos sirve para ejecutar algo de la manera más sencilla, que se puede ejecutar con las manos y fácil de hacer, que exige más habilidad de manos que inteligencia. Hay manuales para desarmar y armar una bicicleta, para hacer un mueble, para hacer cosas mecánicas que no exigen ciencia y estudio. El más popular de los manuales que conocimos siendo jóvenes era uno de mucha utilidad que se llamaba “Mecánica Popular”, donde se aprendía toda clase de operaciones mecánicas para hacer funcionar desde una licuadora hasta un carro. En derecho, siendo estudiante de Teoría General del Proceso, aprendimos un precepto jurídico que era todo un manual, que decía que “las cosas en derecho se deshacen como se hicieron”.

En política, hoy, algunos dirigentes del Partido Liberal están dando cátedra de cómo se destruye un partido grande, histórico, que hasta hace unos diez años era el más grande de Centroamérica, admirado por sus ideas liberales de avanzada, que le garantizaron a la nación hondureña construir la plataforma de vida democrática más admirable. En las administraciones de Villeda Morales como Presidente de la República, acompañado de ilustres hondureños liberales como Modesto Rodas Alvarado, Oscar Flores, Andrés Alvarado Puerto y otros, nuestro país dio los pasos más trascendentales en el campo social, que pusieron a Honduras como el más avanzado, con obras que constituyeron un gran colchón social, como el IHSS, el Código del Trabajo, la Ley de Reforma Agraria, y otros.

En otros gobiernos más recientes, la administración de Roberto Suazo Córdova, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, con la cual Honduras se reinstauró en la vida institucional, nos legó la actual Constitución de la República; en el gobierno de José Simón Azcona hubo un legado de decencia y honradez; en el gobierno de Carlos Roberto Reina, siendo presidente del Congreso Nacional, Carlos Roberto Flores, se adoptaron decisiones históricas; y ya siendo Presidente Constitucional Carlos Flores, el país supo enfrentar las calamidades que nos trajo el huracán Mitch y con grandes esfuerzos se pusieron en práctica programas de gobierno importantes que determinaron avances en nuevos modelos educativos.

Hasta que llegamos al gobierno de Manuel Zelaya, que en sus primeros dos años, empezó a trabajar con el modelo liberal, y de allí en adelante se extravió con su proyecto personal de la cuarta urna, que es donde empieza el ciclo urdido con la mentalidad de desarmar al PL, para convertirlo en un partido socialista. Llegando al 2009, cuando el infortunado proyecto de Mel Zelaya rubricó el objetivo perseguido: formar un nuevo partido a costa de la membresía liberal.

A partir de ese año empezó el calvario del otrora gran partido, porque, quienes se aprovecharon de su plataforma para llegar al poder de la nación, se convirtieron en sus más feroces enemigos, aireando su manifiesta intención de desaparecerlo, de manera orquestada y aviesa, llegando al sol de hoy, cuando sus dirigentes le están enseñando a lo que queda del liberalismo, cómo se desarticula un partido hasta ponerlo en el punto final, a donde solo le queda que los liberales observen los restos de lo que fue su otrora gran partido.

El manual que desde el año pasado han puesto en práctica los actuales dirigentes liberales, donde la inteligencia sale sobrando, enseña cómo se puede acabar con lo que queda del Partido Liberal. Un partido grande que queda haciendo cola, acuerpando y siguiendo la línea de dirigentes políticos que se caracterizan por sus ideas totalitarias y sus ideales anarquistas, que son contrarias a la grandeza del liberalismo que es la libertad irrestricta en todo ámbito y sentido, es porque sus dirigentes han renunciado a la responsabilidad de mantener a este gran partido dentro del marco ideológico del liberalismo universal, creado por los grandes impulsores John Locke, Adam Smith y Tocqueville.

Una vez que los actuales dirigentes ponen al Partido Liberal como vagón de cola de Salvador Nasralla y Mel Zelaya, le están diciendo a los liberales hondureños que el PL ya no es un gran partido y que para sobrevivir tiene que andar de cola de los mencionados elementos, lo cual se interpreta que si el PL apenas pueda sobrevivir, necesita ir de gavilla oliéndole los aromas a Salvador Nasralla y lo que es peor, haciendo comparsa con la política de Mel Zelaya, que es la de patrocinar el desorden público, en desmedro de todos.

Mejor manual sobre cómo destruir un gran partido político como era el PL, que fue hace apenas diez años el partido mayoritario en Honduras y el más grande de Centroamérica, no lo podían haber inventado tan bien, como lo han estado manejando los dirigentes actuales del PL.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 8 de enero de 2018.