Malvivientes del idioma

abril 25, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS



Los periodistas, igual que los escritores y los locutores, somos los profesionales que vivimos del idioma, porque nuestro trabajo es eminentemente comunicativo, por lo que tenemos la obligación natural de defender la más preciosa herramienta que nos permite ganarnos la vida en nuestro oficio, como es nuestra preciosa y rica lengua española. De allí que resultaría inaudito que todos los que nos valemos del idioma para ejercer nuestra profesión no le dedicáramos siquiera un día en el año al idioma que nos legaron nuestros antepasados, que continúa siendo uno de los vehículos de comunicación que conecta de manera efectiva a millones de seres humanos en el planeta.

En lo personal profesamos un profundo respeto por nuestro idioma, aunque debemos admitir que cometemos errores en el manejo del mismo porque, aunque tratamos de estudiarlo a diario, siempre hay fallas por desconocimiento; pero no pertenecemos al rebaño que hace del maltrato al idioma su quehacer profesional. Es condenable que alguien que viva de una herramienta tan valiosa como el idioma Español, crea, porque así se lo aplaude el vulgo, que debe hablar con una expresión de la más baja calidad.

Alguien debe hacerles entender a estas personas que el idioma no es un basurero al que pueden arrojarle lo peor de la expresión verbal, porque les han alimentado la creencia que hablando con un repertorio de atrocidades se ganan la simpatía y las audiencias, a costa de mortificar un instrumento tan precioso y admirable como es nuestra lengua española. Posiblemente otros pudieran decirnos que quien se expresa a puras vulgaridades no desacredita el idioma, sino que es él mismo, quien carga con el descrédito, pero como en este sentido nuestro propósito no es crear una polémica para saber quien resulta más desacreditado, si el idioma o el mal hablante, lo que buscamos exponer es que todos los que tenemos el oficio de comunicar, sean escritores, locutores o periodistas, tenemos el deber moral de respetar a las audiencias procurando usar el idioma con las expresiones saludables, evitando las vulgaridades que no contribuyen para nada al propósito de crear una buena imagen de nuestro oficio de comunicadores.

Al público no solo se le insulta de manera directa, se le hiere cuando los que desde una tribuna de comunicación, como es un micrófono o una cámara de televisión, ejercen su profesión de comunicadores haciendo acopio de lo más feo del lenguaje, lanzando verdaderas patadas verbales que resultan ofensivas en todo sentido. Cuando alguien adopta una plataforma de comunicación con los términos más deleznables del idioma es porque no tiene base para recurrir a lo más granado del diccionario para elaborar una pieza critica, con la cual obtendría el respeto de todos los públicos. Porque es más fácil ofender con la palabrería del lumpen, teniendo la falsa creencia que entre más sucia sea la expresión, mayor es la ofensa y el golpe resulta más destructivo.

Pareciera ser que para estas personas no existe el recato mínimo para respetar el idioma tan precioso, o porque no tienen el recurso idiomático al alcance mental, porque su vida profesional la han construido a base de proferir una sarta de insultos cada vez que están frente al micrófono o las cámaras, para ellos la filosofía preferida es: “ofendo, luego existo”.

Ofender, usando los términos inapropiados que hay en el idioma, y los que se sacan de la parte más sucia de su mente, es un atentado al idioma Español, que en sí no tiene un mecanismo de defensa para taparle la bocaza a los mal hablantes, excepto porque en el plano comparativo, afortunadamente tenemos comunicadores que con una pulcritud admirable, durante toda su trayectoria han dado muestras elocuentes de saludar con respeto al idioma Español cada vez que se expresan en público o en una conversación privada.

En este sentido, el señor Nahum Valladares y Valladares podría ser calificado “el caballero del buen decir”, el locutor y radioperiodista ejemplar en el uso del idioma, que cada vez que toma el micrófono y frente a la cámara de televisión nos ilustra con algo interesante, bien dicho y correctamente expresado. Los escritores Juan Ramón Martínez y Segisfredo Infante son dos comunicadores impecables cuando escriben y cuando hablan, ambos se gastan un lenguaje exquisito y ameno, porque su lectura intensa y constante los hace verdaderos eruditos del idioma.

Si el idioma Español es nuestra trinchera para todos los comunicadores, es nuestro deber moral hacer uso correcto y elegante de la lengua castellana en el ejercicio de nuestra profesión, y que cualquier falla en el desempeño sea más producto del desconocimiento, porque salvo los estudiosos, los demás acusamos una serie de fallas involuntarias. Lo que no se puede admitir es la transgresión deliberada contra la pureza del idioma. El problema es que, hace tiempo, ciertos sectores de la población hondureña han llegado al punto de aplaudir la vulgaridad convertida en lenguaje. Y eso es tan peligroso como inconveniente para Honduras, que hasta podría ser considerado el país de los malvivientes del idioma.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 25 de abril de 2018.

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