Maestros en los barrios… historias de fe

agosto 19, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

¿Qué hay maestros comprometidos en Honduras? Si los hay, como también los hay que son indiferentes y con muy escaso compromiso con sus alumnos, pero, afortunadamente no son la mayoría. Quizás nunca conocimos a profesores con una vocación tan fuerte y con tanto compromiso como los que aparecen en un reportaje de La Tribuna, en el que vimos a dos maestras escalando las gradas de los barrios empinados de la capital, en busca de los niños que habitan en los sectores pobres donde no hay conexión de internet, viviendo en hogares de escasos recursos donde tener wi-fi no es un asunto de prioridad frente a la compra de alimentos y demás necesidades básicas.



Para subir a esos lugares donde mora la pobreza en plena capital, y el COVID-19 está esparcido en callejones y sitios donde las personas no guardan el cuidado de la distancia física, se requiere tener demasiada fe en la educación y sobre todo un inmenso cariño a los niños, porque de otro modo estas maestras, mujeres tenían que ser, perfectamente se pueden quedar en la comodidad de sus casas, esperando que los colegios magisteriales den la voz de mando o el llamado de la Secretaría de Educación para asistir a las clases semipresenciales. Y como para llegar a este reencuentro con las aulas, todavía queda algún tiempo, digamos más bien, varios meses, las profesoras, cuyos nombres deben quedar escrito en forma inmarcesible en los anales de la historia que se está escribiendo en la pandemia, no se arredran ni se arrugan, marchan en busca de los niños que viven en esos barrios grises que no brillan por la pobreza, para dedicarles horas de enseñanza.

Si todo el magisterio hondureño trabajara con esa norma de entrega a la niñez con que se desempeñan estas maestras, no habría niños sin escolaridad, y la cobertura educativa sería achicada en beneficio de miles de niños que se quedan sin el pan del saber por la incapacidad de la Secretaría de Educación de llegar a los puntos más recónditos de las ciudades urbanas y de la zona rural, donde el esfuerzo por ampliar la cobertura educativa  es demasiado moderado. ¿De qué están hechas estas maestras para tener tanta devoción para cumplir con su trabajo, marchando hacia los hogares ubicados en los sectores más escarpados de capital? Me atrevo a decir que estas maestras están hechas de un barro especial que se llama fe, que muchos seres humanos desconocen, especialmente los que han fundido su espíritu solo con lo material, porque consideran el dinero como la única riqueza por la que vale la pena sacrificarse.

Seguro que estas maestras heroicas no reciben un estipendio extra por extender el brazo de la educación hasta los lugares apartados de las ciudades, igual que vimos en meses recientes a otros maestros ejemplares en los departamentos, que a lomo de mula o en motocicleta, buscan a sus alumnos en aldeas y caseríos para llevarles la educación. Como los niños no pueden llegar a las escuelas en esta pandemia y como las escuelas no están funcionando, estos maestros que derrochan fe, igual que las maestras que mostró el reportaje de La Tribuna, no fruncen el ceño para ir a cumplir su tarea instructiva a domicilio.

He conocido personalmente a varios maestros excepcionales como los que mencionamos, especialmente en el desarrollo del gran proyecto DONE UN AULA, llegando a escuelas de aldeas remotas donde hemos dejado la huella solidaria en el campo educativo con el apoyo del gobierno de Taiwán, En cierta ocasión nos tocó caminar en el municipio San Pedro de Zacapa de Santa Bárbara, un trayecto largo, desde el lugar donde aparcamos los vehículos, anduvimos a pie, durante hora y media hasta la escuela de una aldea escondida en el fondo azul de las montañas santabarbarenses. Las dos maestras que atendían seis grados nos dijeron que ellas hacían ese trayecto a pie todos los días, que por ser tan escarpado, no se puede andar en ningún tipo de vehículo y ninguna de ellas sabía montar a caballo. Como nuestra profesión original es el magisterio, dimos gracias a DIOS no haber elegido el ejercicio de la docencia para terminar refundidos en esas caminatas de loco que daban esas abnegadas profesoras cada día, ida y vuelta, desde San Pedro de Zacapa hasta aquella aldea tan remota.

Pero para estos abnegados profesores el sacrificio no es un drama, lo demuestran las maestras capitalinas, subiendo las gradas de los barrios picachescos de la capital, hasta llegar a la cima donde los niños las reciben con un aletazo de alegría que es la única recompensa que premia sus esfuerzos. Este esfuerzo de las profesoras no es cuestión de valor, es una hermosa entrega de fe por la creencia firme que la educación es lo mejor que se le puede dar a estos niños, que de otra manera quedarían marginados al no recibir la mínima educación posible.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 19 de agosto 2021.

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