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Los siete ejes versus el plan esperanza

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Es un aliento que en la entrada de la campaña electoral para las elecciones del 26 de noviembre, los dos candidatos más importantes de la política aparezcan desde el inicio presentando propuestas. Una campaña electoral sin propuestas es un período político inútil, estéril y totalmente infructífero para la nación. Lo trascendental es que, el candidato del sector oficial, JOH, que aspira a reelegirse, y el candidato de la oposición, el liberal Luis Zelaya, han plantado ante la opinión pública sus ideas programáticas en el árbol que mejores frutos le puede dar al pueblo hondureño, que no es otro más que un plan desde el que cada uno presenta sus ideas de cómo resolver los problemas torales de nuestro país.

Tanto JOH como Luis Zelaya tienen sus conceptos bien elaborados, y es esperarse que en la medida que avance la campaña los hondureños podemos ir conociendo los detalles de cada proyecto, lo que nos da la idea que por primera vez tendremos un proceso electoral interesante, por lo menos en lo que respecta a los candidatos JOH y Luis Zelaya. Esto habla muy bien de la presente campaña, porque nada se gana cuando un proceso electoral se atora en medio de alegatos y pleitos que surgen por el sectarismo enfermizo y mezquino que estamos observando en el candidato de Libre, que se está guiando por el modelo venezolano de Nicolás Maduro.

Un debate electoral interesante para los hondureños es aquel que nos sitúa en el fondo de los problemas que a todos nos afectan, ahondando en ellos, diciendo cómo piensan resolverlos y las ventajas que el plan de gobierno del candidato ofrece para invertir recursos en las soluciones. Un programa de gobierno que pretenda arranca votos del electorado en base a promesas irrealizables es aquel que se sustenta en la demagogia, pero para saber si la oferta del candidato es real o por el contrario es una simple quimera o utopía, es necesario que se produzca el debate.

Los foros televisivos contribuyen mucho en este aspecto, porque al comparecer los candidatos tienen la obligación ineludible de contestar las preguntas y las aclaraciones de parte del público o de los contrarios; esta es la obligación que establece el sistema democrático, por lo que un candidato no debe rehuir en ninguno de los dos casos a negarse a la respuesta, porque al hacerlo incurre en una escapada que lo deja mal parado.

A estas alturas, el proceso lleva un curso bastante normal, a excepción del candidato de Libre que por padecer la enfermedad moral de la mentira, no es capaz de sostener un debate serio con ninguno de los candidatos, porque su escasa capacidad política y mínima estatura profesional, no le permiten asomarse a la ventana del sentido común para presentarse como un aspirante a estadista, porque de esto “La Chava” Nasrala no conoce ni la costura de un balón.

Entonces cualquier alternativa que el pueblo hondureño quiera escoger en el actual escenario electoral solo tiene dos caminos: el candidato nacionalista JOH por un lado y el candidato liberal Luis Zelaya por el otro. En el resto, por encima de Libre, algunos se irán por el PAC por el Frente Amplio, y los demás partidos.

El discurso del candidato nacionalista tiene la ventaja de estar gobernando y con un conjunto de obras en ejecución, por lo tantos sus propuestas hablan de la continuidad de las obras que están en uso y de otras que están empezando. El candidato liberal debe hablar en su discurso como mejorar lo que su adversario nacionalista está realizando. Es una posición más difícil de sostener para ganar credibilidad en el electorado, sobre todo en el indeciso, al que hay que calarle en lo más hondo de su pensamiento que lo se propone es mejor que lo está haciendo el gobernante.

Para esto es bueno el debate, y no para lanzar ofensas ni insultos, porque la política limpia es igual que el ‘fair play’ en el fútbol, donde se exige a los jugadores que superen al contrario con técnica y no tirándole a quebrarle las piernas. Por eso celebramos que el candidato nacionalista y el candidato liberal hayan abierto su campaña presentando las propuestas de su plan de gobierno.

Mientras menos ofensas existan entre los dos candidatos más importantes, mayor entusiasmo se despertará en el electorado para acudir a las urnas. NO es de esperarse igual tratamiento de “La Chava” Nasralla, que se ha desbocado en una carrera loca de ofensas, contra propios y extraños, que solo lo llevará al peñasco.

Está claro que el candidato liberal no debe lealtad al candidato nacionalista, solo a los intereses generales del país, de ahí que cualquier crítica que el aspirante liberal le formule al gobernante Hernández Alvarado, solo significa el derecho a usar su privilegio como opositor para juzgar lo que ha hecho el actual gobierno, a la vez que se presenta él como alternativa para hacer mejores cosas una vez que asumiera el poder. Esta es la clave del sistema democrático hondureño, basado en la piedra angular de la democracia representativa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 23 de agosto de 2017.