Los médicos en tiempos del coronavirus

agosto 26, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La humanidad se está jugando mucho en estos momentos cuando la pandemia arrecia en todo el planeta y la desesperación por enfrentar la crisis económica derivada por las consecuencias que está dejando el coronavirus, está llevando a los países a arriesgar el bienestar de la salud por la necesidad de generar empleos. Esta situación es la que ha venido anticipando el Dr. Ravi Gupta de Cambridge, que advirtió que nos mantendremos sufriendo los vaivenes, entre altas y bajas, en la medida que los países vayan reactivando la economía y más gente salga a las calles a realizar diversas actividades sin tener el cuidado de no contagiarse. Retornar a las actividades comerciales es algo impuesto por la necesidad económica de todos, de los empresarios, de las personas y del gobierno.



Hoy hemos amanecido con una nueva advertencia del Dr. Anthony Fauci, el principal virólogo de EEUU, que la vacuna no puede salir como una salvación de emergencia sin antes comprobar su eficacia, lo que podemos interpretar que a juicio de este científico ninguna de las vacunas, que se han venido trabajando a contrarreloj en una alocada competencia de laboratorios, ha demostrado en las primeras pruebas ser lo necesariamente eficaz para neutralizar la pandemia del coronavirus. Esto quiere decir que mientras no se demuestre que ninguna de las vacunas asegure ser eficaz para evitar que una persona se contagie, la humanidad queda a expensas de los tratamientos, que son diversos en distintos países, para rescatar la salud de las personas que resulten contagiadas por el coronavirus.

En este campo los hondureños debemos celebrar que un grupo de compatriotas médicos, encabezados por los doctores Fernando Valerio, Oscar Díaz y Miguel Sierra Hoffman, hayan incursionado a fondo en la aplicación de elementos químicos para producir el tratamiento bautizado con el armonioso nombre hondureñista: CATRACHO, que ha probado que tiene capacidad para reducir el avance del virus, una vez que este penetra al organismo, evitando mayores complicaciones en una persona contagiada para no requerir de los cuidados intensivos, que es lo que sofoca a los hospitales, limita la acción de los médicos y si el contagiado llega en estado avanzado, hay pocas probabilidades de salvar la vida. CATRACHO, como lo han explicado muy bien los tres afanados médicos hondureños Valerio, Díaz y Sierra Hoffman, es un tratamiento agresivo que se interpone en el camino del virus, evitando su desarrollo impetuoso que puede causar la muerte cuando la persona se descuida y llega por el auxilio médico demasiado tarde.

De la mano con el entusiasmo de los médicos compatriotas, ha surgido la aspiración de llevar a un plano mundial la fórmula del tratamiento CATRACHO, que el próximo 23 de septiembre será expuesto en el marco de un congreso internacional patrocinado por la Asociación Mundial de Infectología y Microbiología y la Asociación Europea de Infectología, en un evento donde se conocerán 30 mil tratamientos contra el coronavirus COVID-19, que ha acorralado a la humanidad y ha puesto a parir a la ciencia médica, con todo el sentido de la palabra, porque no solo en los países industrializados los investigadores, virólogos, infectólogos y médicos en general han agachado la cabeza y maltratándose la vista y las pestañas, unos para encontrar la fórmula eficaz de la vacuna y otros para dar con la combinación de elementos unificados que den el tratamiento efectivo para contrarrestar el virus.

Esto es así, hoy el mundo tiene miles de antigripales que antes de 1919 no existían, y fue hasta que la gripe española mató a más de 200 millones de personas en el planeta que los laboratorios se afanaron por crear antigripales efectivos para combatir cualquier gripe, sabiendo que una gripe bien desarrollada y mal tratada puede ocasionar más que serios problemas, la misma muerte. Los antigripales hoy nos parecen tan comunes y tan corrientes, pero para llegar a ellos la ciencia médica a través de los estudios en los laboratorios tardó décadas en ponerlos al servicio de la humanidad con una alta efectividad para combatir la gripe y evitar que esta produzca consecuencias graves en el infectado. Hoy el COVID-19, que en el fondo es una súper gripe causada por un virus con alto poder de contagiosidad, es un reto para la ciencia médica, por lo que hay miles de profesionales abocados a crear el fármaco para aplicarlo como vacuna para evitar el coronavirus.

En ese maremágnum de médicos y estudios, está el equipo formado por Fernando Valerio, Oscar Díaz y Miguel Sierra Hoffman, médicos que no ambicionan más que demostrar que el tratamiento que han creado tiene los méritos y las condiciones por los resultados obtenidos para ser aceptado por la sociedad científica mundial, lo cual además de un orgullo será un reconocimiento a su empeño investigativo, un hecho que debemos celebrar los hondureños, que ahora tendremos algo más para contentarnos, que, cuando un futbolista hondureño es fichado por un equipo europeo.

Con alegría celebramos que en estos tiempos del coronavirus, los doctores Fernando Valerio, Oscar Díaz y Miguel Sierra Hoffman han puesto en alto el nombre de la medicina hondureña. Es el momento para que rectifique el Colegio Médico, cuyos directivos no han ocultado un egoísmo malsano para desconocer las bondades del tratamiento catracho, quedándose a la antigua al decir que ningún tratamiento que no tenga el visto bueno de organismos mundiales, debe ser usado en los hospitales hondureños. El extremo egoísta lo retrató el director del Hospital Escuela, directivo del Colegio Médico, al oponerse a aplicar el tratamiento catracho en ese centro hospitalario.

Al ser expuesto en un magno evento médico mundial, el tratamiento CATRACHO traspasa el ámbito hondureño y sus creadores demuestran que en Honduras hay médicos que trabajan investigando y produciendo soluciones para plantarse a la muerte de manera triunfal, derrotando a un agente viral que como el COVID-19 tiene un alto poderío mortal.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 26 de agosto de 2020.

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