Los límites y posibilidades en democracia

octubre 17, 2017

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La democracia hondureña se mantiene singularmente y de manera perentoria, en medio de los límites y las posibilidades. Los límites están encajados en los períodos presidenciales y las posibilidades están dentro de la capacidad de repuesta que han demostrado los gobiernos desde 1980 hasta nuestros días. Cada gobierno arriba al poder con sus propias teorías, nada más que las promesas se han ido acumulando por la poca, media o ninguna capacidad de ejecución. Y la continuación y la sostenibilidad de la democracia en Honduras va a depender, no solo del comportamiento de los presidentes y funcionarios, sino de lo que puedan demostrar en materia de logros que contribuyan al bienestar de la ciudadanía.



Con tanta información que existe hoy en día, al pueblo no se le puede engañar, porque lo que más abunda hoy es la información a través de las diferentes formas de comunicación. La democracia se fortalece y se asienta en la adhesión que manifiestan los ciudadanos, cuando ven que un gobierno responde con logros. Este es el objetivo de la democracia: que los gobernantes asuman el poder con la mayor cantidad de respuestas posibles, a las necesidades de la población.

No solo se trata del derecho de participación ciudadana, que no se agota con solo decirle al pueblo que puede expresarse en las urnas, que tiene derecho a la libre locomoción, a la libertad de expresión, sino que la democracia va mucho mas allá. La gente quiere que le ofrezcan oportunidades, y si estas surgen por las medidas que toman los gobernantes, las personas responden agradecidas a la efectividad del gobierno. Y cuando el gobierno va tomando medidas que repercuten en su seguridad y de sus bienes, y en la generación de más puestos de trabajo, el gobierno se gana la simpatía y el respaldo de la población en las urnas.

Este es el quid del asunto, un gobierno que ofrece soluciones porque se faja tomando determinaciones y medidas, aunque tengan un costo político, se gana la simpatía y el apoyo de los ciudadanos. Pero un gobierno que incumple sus promesas se enfrenta al riesgo de ir a encontrarse en las urnas con el rechazo que se le significa el voto de castigo. Hoy estamos a poco más de un mes para que los hondureños acudamos a las urnas para elegir a un nuevo gobernante o a respaldar la reelección del actual presidente JOH. El escenario está marcado de manera meridiana con dos extremos: o se apoya la reelección de JOH o se elige a otro gobernante. Serán estas unas elecciones muy distintas a las anteriores, y por lo que vemos la reelección de JOH tiene por un lado una alta aceptación, pero por el otro tiene también su nivel de rechazo.

Este es un asunto donde ya no caben medias tintas, la reelección es una situación aceptada por todos los partidos en el momento que estos se inscribieron para participar en las elecciones sin poner ninguna condición. Cualquier impugnación a estas alturas es extemporánea, pero le toca al TSE, como máxima autoridad en la materia, resolver cualquier planteamiento que hagan los opositores. A nuestro criterio, una impugnación a estas alturas, ya no cabe, y lo que toca a los partidos es apretar sus fuerzas para conquistar electores, porque ahora el desafío es obtener el respaldo de los ciudadanos para vencer en las urnas.

El PN está unido, consolidado en la candidatura de JOH, mientras que el resto de partidos están disgregados, cada cual por su lado, tratando de ganar electores. En los momentos actuales lo que toca es cuidar el proceso electoral, porque fácil es ensuciarlo, especialmente  por quienes en el fondo no tienen un sentimiento democrático, sino la idea de desestabilizar el país para crear las condiciones favorables para favorecer el desorden y la anarquía.

El TSE es un organismo clave para garantizar que el proceso electoral se realice sin mayores contratiempos y sobresaltos, en medio de una convivencia civilizada que es lo que contribuye a que la paz y la tranquilidad queden selladas por la democracia.

Hay que rechazar los desafortunados egoísmos personales que son los más peligrosos enemigos de la democracia, hay que exigir a los participantes en las elecciones que demuestren que son genuinamente democráticos en todas sus actuaciones y pensamientos.

Quién pretenda descalificar las elecciones desde ahora, demuestra no ser un competidor en buena lid, porque el evento electoral del 26 de noviembre será el más observado en nuestro país, con miles de observadores nacionales e internacionales con la misión de garantizar con su presencia que las elecciones se realicen en el marco del respeto del voto de los ciudadanos.

Y en las reglas del juego democrático, los perdedores anticipados no son realmente demócratas, son sujetos peligrosamente antidemocráticos capaces de hacer todo si no resultan ganadores. Son  personas que anteponen sus sagrados egoísmos personales a los intereses de todos los hondureños.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 17 de octubre de 2017.

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