Los jóvenes al paredón

abril 24, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS



Nos estamos jugando mucho con la pérdida, no solo física, si no por el hecho de que una gran cantidad de nuestros jóvenes, estudiantes de escuelas y colegios, han sido cooptados por la agrupaciones antisociales para inducirlos al consumo de bebidas alcohólicas y volverlos adictos a las drogas, con lo cual gran parte de estas nuevas generaciones forman parte de la pérdida humana de la sociedad hondureña. Podemos formularnos las preguntas cajoneras, las que siempre se formulan los sectores sociales para intentar explicar este derrumbe social. ¿En dónde falló el Estado? ¿Quién es más culpable en esta situación, si son los padres de familia, son los maestros o es el descuido del Estado que a lo sumo no ha tenido políticas para proteger la infancia y la juventud?

Según el IHADFA, unos 175 mil jóvenes, muchos de ellos son aún niños de 11 años que no sobrepasan los 17 años, que se han convertido en dependientes de diversos alucinógenos, enervantes y drogas de dañinas consecuencias, graves, porque están en condición de elementos extraviados, controlados por las pandillas, formando parte ya de las estructuras delictivas, adiestrados para eliminar a los competidores de otros grupos y para cometer toda clase de delitos.

En su mayoría siguen yendo a escuelas y colegios, nada más que su actividad ya no es escolar ni educativa, su giro lo hacen llevando armas a las escuelas y colegios, actuando como pequeños comerciantes de la droga, de manera que la sociedad que se ha mantenido en actitud contemplativa pronto podría ver las acciones delictivas de estos niños y jóvenes que han pasado a engrosar las filas de la criminalidad.

El buscar culpables no rescata ni soluciona el problema, plantearlo solamente para conceptualizarlo tampoco ayuda mucho, el asunto es que todos los sectores, la mayoría posible, nos enfoquemos en la atención del mismo, sin dejarle toda la carga al gobierno, porque quien está con la espalda al paredón es la familia y la nación entera.

Desde el punto de vista de los gobiernos, trabajar por la familia hoy en día pasa por establecer medidas de orden jurídico, económico y cultural, pero como no hay una política de Estado, con estos tres aspectos solo se cumple una fase para atender la situación, resta pasar al aspecto que promueva la estabilidad conyugal, la conciliación de la vida laboral y familiar, materias donde el Estado hondureño no ha fijado una regla que establezca lo políticamente correcto.

La familia es la piedra angular de la sociedad, en mantener la cohesión familiar radica que los niños no queden desamparados, viviendo a su albedrío en donde son presas fáciles de los malvivientes que rondan las calles aledañas a las escuelas y colegios, para captar nuevas presas que buscan allegar a sus agrupaciones delictivas.

No es que el ordenamiento jurídico actual no considere los intereses familiares, porque leyes en este sentido hay suficientes, pero ninguna de ellas asume la posición digna de conciliar los intereses familiares cuando vienen las turbulencias en el hogar por distintas razones, sean de índole social, educativo o moral. En este último caso, hay una terrible inducción de los medios audiovisuales, no solo los tradicionales sino mayormente por las incontrolables redes sociales, por donde los niños y jóvenes reciben los materiales y programas que han incidido en degradar sus vidas para convertirse en perfectos adictos de la vida antisocial.

En este aspecto solo se salvan las iglesias, porque mientras las familias se congregan en una iglesia o en una capilla, el factor de la integración familiar se fortalece. Y últimamente el Gobierno de la República ha hecho una gran obra que contribuye a fortalecer la integración familiar por medio de los numerosos parques, donde los padres conviven una buena parte de su tiempo con sus hijos. Porque como dicen algunos expertos en el tema, la familia se presenta como un gran agregado de formación natural que es básica para que niños y jóvenes crezcan atendiendo valores de sus padres y mayores. En cambio, un niño que deambula en las calles, por provenir de un hogar desintegrado es la materia prima más codiciada por los miembros de los grupos antisociales que se dedican al reclutamiento permanente, llevando niños y jóvenes a sus agrupaciones. A eso se debe el crecimiento sistemático de las pandillas.

A los gobiernos se les puede recriminar que no hayan hecho lo suficiente para buscar la cohesión familiar, pero el reclamo mayormente nos debe sacudir a todos los sectores del país, porque siendo que los padres de familia tienen el papel fundamental para orientar a sus hijos, es en el hogar donde debe comenzarla gran misión que es orientar a los niños para que atiendan tanto al corazón como a la cabeza, en el camino que les tocará andar en la vida. En esa educación especial que nace en el hogar, deben inculcarse en los niños, los valores como asignatura indispensable.

Si, los valores, con lo cuales se les dan buenos ejemplos a los niños, y que hacen que el joven crezca siendo una persona  íntegra. Esto nunca falla, porque los valores solo inculcan tradiciones y buenas ilusiones. Es cuestión que tomará tiempo, pero solo así evitaremos que más niños sean llevados al paredón de la muerte por los grupos antisociales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 24 de abril de 2018.

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