Los incendios no se apagan con gasolina

julio 8, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Decía don Medardo Mejía en su recordado palique con el periodista chapín Clemente Marroquín Rojas, que lo peor del ignorante es que desconoce su propia ignorancia, desvirtuando aseveraciones tendenciosas que Marroquín hacía contra Morazán, en su intento por rescatar a su compatriota Rafael Carrera. Y en realidad así es, un ignorante que hace gala de su ignorancia no sólo es enemigo de sí mismo sino que de la sociedad en general.



Un ejemplo de ignorancia es el Presidente de EEUU Donald Trump, que se empecina en nadar contra la corriente arrastrando a su país a un extremo peligroso, cuando la pandemia está ganando mucho terreno en ese gran país lo que pocos se imaginaron siendo que los estadounidenses tienen un excelente sistema de salud, que no obstante su fortaleza se muestra débil ante la fuerza del coronavirus. Hoy, las noticias procedentes de EEUU alarman: más de 100 mil casos en un solo día llegan a sumar más de 3 millones de contagiados, indican que las proyecciones van a sobrepasar los cálculos que hacía el Presidente Trump y el número de muertos también va en incremento. Pero, como Trump está en campaña por la reelección además de pedir la reapertura de la economía en todos los Estados de la Unión Americana, ahora pretende que todas las escuelas y colegios abran sus puertas y presten el servicio educativo en forma presencial. Esto ha provocado reacciones de los gobernadores de varios estados que se oponen a la exigencia de Trump y mantienen cuarentenas focalizadas en sus respectivos territorios.

Por tratarse del país que supuestamente es el más organizado del mundo, uno podría creer que Trump está enloquecido por la obsesión de reelegirse en medio de la pandemia, porque a los incendios es mejor ir con agua que con gasolina, y si EEUU está hoy materialmente acorralado por el coronavirus, igual que lo están otros países de menor capacidad, por lo menos los hondureños no nos podemos quejar del todo. Porque, aquí las autoridades de gobierno, con todas las carencias que ha tenido tradicionalmente nuestro sistema de salud, desde un principio llamaron a integrar un frente nacional que hoy funciona desde una mesa intersectorial, donde a excepción de un grupúsculo que se ha obstinado en torpedear todo esfuerzo y no colaborar, están todos los demás sectores apoyando la lucha contra el coronavirus.

Los científicos han acuñado el concepto de que al virus será imposible erradicarlo del todo, que debemos adaptarnos a una nueva realidad en la que nos tocará convivir con él, esto quiere decir que debemos empezar a desarrollar una cultura en la que para evitar la parálisis de la nación estaremos obligados a extremar la vigilancia y actuar sin contemplaciones pero con precisión quirúrgica ante cualquier brote. Afortunadamente, el mal ejemplo que envía Donald Trump no cala en países como Honduras, donde todo lo que se hace, aunque merezca algunas críticas por ciertas fallas, van en función de no cederle terreno a la pandemia.

La ventaja que está ganando la pandemia en varios países se debe a la insensatez de los políticos y también de las personas, en el caso de EEUU la obstinación política de Trump lo lleva a minimizar el riesgo de la pandemia por lo que hay muchas personas que siguen la tendencia del presidente y solo escarmientan cuando resultan contagiados. En los últimos actos políticos de Trump centenares de personas han resultado contagiadas por no apegarse a las medidas sanitarias: no guardar el respeto de la distancia, no usar mascarillas y mezclarse en aglomeraciones temerarias para el momento. Hoy las noticias procedentes del Estado de Texas, indicaban que los hospitales están colapsados, es decir, son tantos los contagiados que ya no tienen camas ni equipos para atender a tantos enfermos que les están llegando por montón. Y Texas no es un Estado pobre, es un territorio petrolero, con abundante riqueza, pero a pesar de eso, no estaba preparado para defenderse de una pandemia tan contagiosa como el coronavirus.

Otro caso espectacularmente increíble es el del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, hombre testarudo que por imitar a Trump ya resultó contagiado. El caso de Honduras es distinto, JOH resultó contagiado trabajando en la primera línea de combate al virus, queriendo inyectar entusiasmo y fuerza espiritual a los demás hondureños que, como es natural, en determinado momento sienten que les tiemblan las canillas cuando ven que amigos y compañeros de actividad han resultado contagiados y varios de ellos han rendido la jornada de la vida.

Si bien el miedo es saludable hasta el punto que no nos lleve a minimizar el riesgo de contagiarnos, lo más preocupante es entrar en el pánico inmovilizador que no deja que las personas actúen o que las induce a hacer lo incorrecto, como está pasando con el Colegio Médico de Honduras, que por proteger a sus afiliados hace lo peor, que es oponerse a todo lo que están haciendo las autoridades de Salud, mientras de manera cómoda sus directivos se dedican a lanzar denuestos contra las autoridades y todos cuantos apoyan las medidas que se estructuran en la mesa intersectorial.

El Colegio Médico está navegando en este momento con la bandera de la insensatez, y obviamente lo hace con un afán político porque hacer oposición resulta un buen negocio para todo aquel que capitaliza puntos para las próximas campañas que se avecinan. Ahora bien, una hostilidad como la que el Colegio Médico ha sostenido contra las autoridades de Salud equivale a una especie de sabotaje que en términos legales puede conllevar a deducir responsabilidades civiles y hasta criminales, si en determinado momento el sabotaje echara a perder esfuerzos que están enfilados a lograr el decrecimiento o la reducción de la pandemia.

Comparándonos con Estados Unidos y Brasil, con la excepción del colegio mencionado, podemos decir que en Honduras tanto autoridades como la sociedad, han estado a la altura de las circunstancias, sin ningún pesimismo, aun sabiendo que estamos luchando contra un enemigo desconocido que ha puesto de rodillas a países grandes. Y esta debe seguir siendo la línea de conducta de todo buen hondureño, trabajar y luchar sin desmayo, aunque haya grupúsculos protestando por todo, pero sin hacer nada en favor de la causa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 8 de julio de 2020.

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