Los filtros del gobierno

noviembre 11, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La activación de la Secretaría de Transparencia cubre la necesidad del gobierno de tener sus filtros para controlar las operaciones que realicen las diversas dependencias en las tareas de reconstrucción, que son múltiples y que deben hacerse en el menor tiempo posible para lograr la reactivación del aparato productivo y atender las necesidades de los miles de hondureños que han sufrido las consecuencias de la depresión tropical ETA.



En su organización administrativa, los gobiernos establecen mecanismos de control interno, igual que lo tienen las empresas y organismos con estructuras especiales como las Fuerzas Armadas y los ejércitos de los países. Un organismo como la Secretaría de Transparencia es un filtro indispensable para el gobierno cuando debe afrontar un kilometraje de trabajo con la mayor velocidad posible sin poder emplear los procedimientos normales de licitación que se vuelven engorrosos e impiden que se pueda avanzar con rapidez en las adquisiciones. Las protestas de las organizaciones sociales como el CNA, que mantienen un celo feroz contra todo aquello que les arrebate el protagonismo, hay que valorarlas, pero amerita que los demás sectores que tenemos nuestra cuota de opinión pública no nos quedemos en el silencio, porque la población hondureña tiene que recibir la otra parte de la percepción que está relacionada con los males que afectan el nivel de ejecución de las autoridades.

Todo tiene que ver con el arcaico sistema de auditoría que tenemos en el país, que es aquella que actúa hasta después que se han cometido los desmanes y las tropelías en el desarrollo de la función pública. Es la famosa auditoria ‘a posteriori’, que si bien va conociendo los manejos de las operaciones, actúa hasta que el daño está hecho, con la esperanza de que los responsables de malos manejos serán procesados, puestos ante los tribunales y esperar que sean declarados culpables para ponerlos en la cárcel a que paguen su falta. Eso está bien para sentar precedentes, pero la mejor auditoría para el momento es la que se anticipa y evita que se cometan robos y malos manejos con los recursos del Estado. Ya en muchos países las auditorías cambiaron su tiempo, dejaron de ser «a posteriori» para ser «a priori» que es la mejor, porque acompaña la ejecución de los procesos y corrige sobre la marcha cualquier posibilidad de error o el cometimiento de hechos irregulares que afectan el interés público.

Una Secretaría de Transparencia es un filtro que actúa “a priori”, en situaciones como la actual, en que las autoridades no pueden permitir que las ayudas internacionales sean mal manejadas, o hurtadas, como ha sucedido en ocasiones anteriores. La tarea para quienes asumen la Secretaría de Transparencia es inmensamente delicada, porque aparte de que sus jornadas deberán ser mayores de las 14 horas diarias de trabajo, los responsables deberán multiplicarse, como la figura mitológica de los mil ojos, para que nada de lo que se reciba o lo que se haga vaya a beneficiar el bolsillo de personas inescrupulosas. Si un organismo como la Secretaría de Transparencia hubiera acompañado la compra de los hospitales móviles es casi seguro que los responsables del desaguisado no hubieran hecho desde INVEST-H una compra tan irregular y llena de suspicacias.

El rechazo del COHEP para incorporarse de manera incondicional a este cuerpo de transparencia es dar un paso al lado para eludir la responsabilidad del sector empresarial que, desde adentro puede ver mejor el desarrollo de las acciones, para señalar oportunamente lo que se está haciendo mal, en lugar de quedarse afuera, guiándose solo por las quejas de los socios interesados que por lo general atacan cuando no se les comparte el tamaño de la torta que les apetece. Le valdría al COHEP que rectifique y que se incorpore a la Secretaría de Transparencia, si es que de verdad quiere contribuir a que las cosas se hagan bien en este momento crucial.

La Secretaría de Transparencia debe actuar como un gran filtro, debe impedir que nada que no se haga de manera correcta se permita. Y no se trata de impedir que se hagan las tareas, porque no es un cuello de botella lo que se necesita en ese organismo, requiere que sea el primer filtro para que las dependencia que deben ejecutar presupuestos y hacer compras, lleven el acompañamiento efectivo que les indique desde un principio cuando hay malos procedimientos o se están haciendo adquisiciones que a todas luces son irregulares.

Los militares tienen dos grandes filtros internos para evitar problemas de todo tipo que afecten la institución: uno es el G-2 o Departamento de Inteligencia que lleva una supervisión de todas las unidades y sus respectivos responsables, y como para que no queden las dudas, hay un segundo filtro que se conoce como «contrainteligencia militar» que es el que vigila a los que vigilan a los demás.

La cultura de latrocinio y malos manejos es una desgracia en nuestro país, pero es una realidad. Combatirla con auditorías “a posteriori”, cuando se han hecho los daños y los robos, no ha ayudado mucho porque, aunque se comprueben las irregularidades y los saqueos, es más lo que pierde la nación que lo que se recupera. Lo mejor es anticiparse y evitar los robos, los saqueos y las irregularidades. Esto por supuesto que a las organizaciones que viven del protagonismo de luchar contra la corrupción no les interesa ni les conviene, porque las personas que las dirigen son fieramente individualistas y defienden lo que les conviene a ellos, pero si de verdad quisieran trabajar y ayudarle a Honduras, apostarían por las acciones que se anticipen para evitar los errores, los robos y los saqueos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 11 de noviembre de 2020.

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