Los buenos médicos

diciembre 26, 2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS

En esta época de Navidad casi en todas las oficinas del Estado se trabaja a marcha lenta, a razón de que los empleados públicos usan este período como parte de sus vacaciones normales, para visitar a familiares y amistades en otras ciudades del país. Hay muchas oficinas públicas en las que se puede consentir este privilegio de otorgar vacaciones navideñas como parte de los derechos del empleado, excepto en los hospitales del Estado donde el personal médico, enfermeras y demás, tienen que laborar los 365 días del año, porque es impensable que un hospital público quede trabajando a medias en un tiempo en que ocurren infinidad de accidentes, tragedias y situaciones donde hay heridos, golpeados, accidentados, etc.



En términos generales, los médicos son profesionales a los que la población hondureña mira con respeto y simpatía, aunque como en todos los gremios profesionales hay doctores que tienen una admirable vocación de entrega a los pacientes, sobre todo en los médicos que laboran en los hospitales públicos donde tienen que atender a centenares de personas de todo tipo de carácter. Porque es bueno aclarar algo, en la gente común existe la idea de que el médico está obligado más que a atenderle, a ser una especie de mago que le haga el milagro de curarle su mal o enfermedad como cuando suena el chasquido del dedo.

La profesión médica es una de las carreras más largas, difíciles y sacrificada, donde el estudiante que quiere ser profesional de la medicina tiene que curtirse en medio de un protocolo académico extenso que le permita conocer a profundidad el cuerpo humano para tener la capacidad de hacer el diagnóstico correcto de una enfermedad para curar al paciente. Las personas debemos entender que el médico no tiene más apoyo en que sustentarse cuando nos atiende, que sus conocimientos adquiridos, y la obligación de estarse capacitando a diario, leyendo los avances de la ciencia médica que van apareciendo a cada momento, incluso algunos llegan a superar los conocimientos que el médico adquirió cuando estudió la carrera.

Hay médicos que con el tiempo llegan a deshumanizarse cuando laboran en hospitales públicos, agobiados por la exigencia de atender a tantos pacientes “impacientes”, especialmente personas sencillas, con bajo nivel educativo, que llegan al hospital creyendo que es obligación del médico decirle que basta una cita para salir como nuevo. Y para el médico es doblemente complicado atender a ese tipo de paciente y no poder darle el medicamento que necesita porque las farmacias de los hospitales públicos no están lo suficientemente surtidas de todas las medicinas.

Ser médico en un hospital público requiere revestirse de paciencia franciscana para no perder el carácter agradable, y además, blindarse de coraje para resistir las jornadas intensas que se deben afrontar en la época navideña cuando los hospitales públicos, rebalsan casi al extremo del estallido, por la gran cantidad de personas enfermas, heridas o golpeadas de distinta manera que acuden por atención. El caso que para los médicos resulta dramático atender en esta época, es el de las quemaduras en la población infantil, producidas por el mal manejo de los productos hechos con pólvora, que últimamente son elaborados de manera inconsciente por los fabricantes de morteros, del tamaño de una candela de dinamita.

Cada vez que vemos en los noticieros al doctor Carlos Flores del Hospital Escuela, le  notamos su cara angustiada por la preocupación cuando ingresan niños con las manos destrozadas, o los dedos completamente perdidos; en la especialidad de este profesional, cuyo trabajo es lograr la recuperación de los miembros dañados por la pólvora o el fuego, por medio de la cirugía plástica, imaginamos que le toca vivir momentos angustiantes, como el de atender al joven Wilson Berríos, que resultó con el rostro desfigurado por un proyectil lanzado por dos salvajes irracionales cuya razón de vivir es el odio contra los que no piensan como ellos.

Casi todos los médicos hondureños son buenos profesionales, muchos de ellos como el caso que citamos, sacrifican su tiempo libre para atender a sus pacientes, y para estudiar y no quedarse atrás con los últimos avances científicos y prácticas que se están descubriendo en el campo de la medicina.

Nuestro reconocimiento a todos los médicos buenos que ni siquiera en la época navideña pueden darse el lujo de descansar, porque donde perciben que hay una persona con necesidad de atención en salud, allí está la presencia del médico que sabe que estudió para el momento de ser útil a quien lo necesita. Y este reconocimiento aplica también al médico que atiende en su consultorio privado, que cobra su consulta como profesional de la medicina, pero que es algo simbólico en relación con lo grandioso que resulta para toda persona recuperar la salud, que es el mejor estado de bienestar para todo ser humano.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 26 de diciembre de 2019.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *