Lo mejor de Honduras

abril 6, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El fin de semana nos dimos gusto leyendo a varios pensadores internacionales, entre ellos a Harari, fantaseando sobre cómo quedará el mundo al finalizar la pandemia que le ha caído encima a todo el planeta, exponiendo según sus ilustrados criterios, que las cosas no serán igual que hoy que hay que prepararse para algo que muchos no piensan. Y es que, con tanto avance de la tecnología, los gobiernos de las potencias por medio de los teléfonos modernos ejercerán sobre todos los habitantes del planeta una férrea vigilancia para controlar nuestros hábitos, buscando evitar que una nueva hecatombe pandémica vuelva a paralizar a los países, como estamos ahora. Lo más preocupante, según Harari, es que a partir de ese momento los humanos no volveremos a disfrutar de uno de los derechos más sagrados que tenemos, como es la intimidad. Es decir, estemos donde estemos y como estemos, gracias a los modernos aparatitos, seremos un espectáculo con el que se complacerán los que tengan la dicha de manejar los espionajes electrónicos.



Posiblemente, ni el mundo ni los seres humanos cambiaremos del todo, aunque algo nuevo dejará la pandemia y eso debe ser la actitud que, sobre todo los países subdesarrollados debemos ir adecuando para prepararnos para futuros eventos naturales que con el cambio climático podrían ser más frecuentes. En lo personal, me quedo con una entrevista aleccionadora que ofreció el Dr. Kim Woo-joo del Hospital Universitario Guro de la Universidad de Corea del Sur, un médico que durante años ha luchado con toda clase de epidemias, desde las más graves que han azotado a los países asiáticos. El eminente médico surcoreano, con una humildad profesional y una admirable sencillez humana, ha explicado que Corea del Sur, Taiwan y Singapur han enfrentado al coronavirus sin tener mayores cifras trágicas, porque en estas últimas décadas, los surcoreanos, los taiwaneses y los singapurenses con disciplina han logrado enfrentar diversas epidemias, mientras que las llamadas potencias con actitudes arrogantes y poca experiencia han menospreciado el poder del coronavirus, pagando muy caro su arrogancia.

Para nosotros es demasiado temprano pensar en lo que haremos después del coronavirus, cuando ni siquiera imaginamos en este momento cómo será la magnitud del pico que, según los expertos, podremos tener a finales de abril y principios de mayo. Lo que podemos anticipar es que la crisis que nos crea el COVID-19 tiene un aspecto sanitario por un lado y otro de carácter económico. Pero para ver las consecuencias de la pandemia hay dos escuelas con sus respectivos puntos de vista, la optimista y la pesimista. La primera es la que sostiene que el mundo cambiará para bien, porque las personas habremos aprendido a valorar todo, desde las amistades, la familia, hasta la obligación de respetar la ley, la forma correcta de hacer negocios, de educar bien a nuestros hijos, hasta los políticos tendrá su lección si es que quieren ganarse el reconocimiento de los electores. Mientras que la escuela pesimista, que ya se está haciendo sentir con mayor peso, siendo que los negativos son expertos en buscar la destrucción de todo, dicen que la era de las vacas flacas apenas ha comenzado porque el virus tendrá un resurgimiento a principios de noviembre, y como siempre los asiáticos son los más previsores, por ser los que más han sufrido de epidemias. Japón, lejos de bajar la guardia, ha ordenado cuarentena por 30 días más y en ese orden podrían venirse Taiwán, Corea del Sur y Singapur. China, que fue la causante de la propagación mundial del virus, ha estado cantando victoria por haber erradicado el virus, pero más con fines publicitarios comerciales, porque los dirigentes del Partido Comunista temen que por la mala imagen del coronavirus, el éxito comercial que habían alcanzado se estanque y pierdan mercados en el mundo.

Los hondureños no figuramos en el mundo por nuestros alcances científicos, que son muy pocos y la mayoría se desarrollan en el extranjero, y por nuestra nula experiencia en este tipo de eventos naturales, aunque aquí tenemos dengue que es un contento y gripes al por mayor, ni siquiera tenemos la inquietud para detenernos a pensar si después de la pandemia seremos mejores o peores personas, aunque el resto del mundo sea distinto. Y esto es lo grave para Honduras, porque después de sufrir los embates de una terrible tragedia natural como el Huracán Mitch en 1998 y la desgraciada crisis política de 2009, los hondureños seguimos como si nada nos hubiera pasado.

A los hondureños nada nos divierte ni nos entristece cuando sufrimos una crisis, pareciera que nos gusta vivir engañados de que lo peor no nos ocurrirá a nosotros, porque siendo un país tan pequeño como insignificante ni siquiera un chucho se atreverá a levantar la pata para rociarnos con sus orines.

Pero esta vez no estamos peleando contra un enemigo visible como el Huracán Mitch ni estamos ante la amenaza de un político rural desquiciado, esto es algo que solo en películas habíamos visto. La contundencia de la pandemia, negada por algunos personajes, pero evidente ante la vista del mundo, es algo real que como una bola de nieve, avanza y avanza. Y solo pueden contenerla los países con disciplina, que han vivido atajando epidemias como Corea del Sur, Taiwán y Singapur. De ellos podemos aprender mucho para prepararnos porque si la racha propagadora del COVID-19 solo es interrumpida a base de disciplina, el gobierno tiene que replicar las medidas de los países asiáticos, para poder frenar el coronavirus. Con medidas complacientes con el reclamo social, tendremos confinamiento para rato. Y en esta tarea, los medios de comunicación somos un factor importante para hacerle sentir a los hondureños que debemos adecuarnos con disciplina a mantenernos el tiempo que sea necesario, mientras los valientes que hacen un trabajo abnegado en calles y hospitales, son los héroes que nos harán ganarle la partida al coronavirus.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 6 de abril de 2020.

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