Llamada a sus embajadores

septiembre 10, 2018

Última Línea con Juan Ramón Martínez

 

Honduras



La llamada a sus embajadores en Panamá, República Dominicana y El Salvador, por parte del gobierno de los Estados Unidos, refleja un evidente sentimiento de malestar con esos países. La razón es conocida por todos: los tres países, en el curso de este año, han roto con Taiwan e iniciado relaciones diplomáticas con China Continental. Algunos creen que China ha avanzado en la región Centroamericana y el Caribe, en aplicación de sus objetivos por asegurar las materias primas para sostener su desarrollo. Pero otros ven en los movimientos chinos para endulzar los pidos de los tres países citados, en el desarrollo de una política militar en que el gigante chino, se acerca peligrosamente al corazón de la periferia última de los Estados Unidos. En 1961, La Unión Soviética hizo otro tanto con Cuba, en donde un año después, estableció una base de misiles nucleares de corto alcance con los cuales puso en precario la seguridad de los Estados Unidos.

Otros analistas atribuyen la culpa a los propios Estados Unidos que ha descuidado la región. Y con la llegada de Trump, su política exterior ha producido un par de efectos contrarios a sus intereses dominantes, propio de una gran potencia como los son los Estados Unidos. Un primer efecto es la innecesaria tensión de los Estados Unidos hacia México que, en la defensa de su soberanía, ha virado hacia el Pacifico, en donde se ha acercado mucho a China Continental, con la cual ha aumentado singularmente su comercio. La segunda omisión de los Estados Unidos, es el menosprecio a Centroamérica. En los últimos ocho años, ningún presidente centroamericano ha sido recibido en la Casa Blanca, demostrando que son pequeños países sin importancia, a los cuales no les debe dispensar ni la más mínima cortesía. Y hay una tercera omisión muy grave: al dividir a Centroamérica en dos sub regiones, por un lado el triangulo norte – Honduras, Guatemala y El Salvador – al que le ha ofrecido ayuda económica que no se ha materializado pese a la publicidad manejada desde Washington, y por la otra descuidado a Costa Rica, Panamá y Nicaragua, ha introducido otra vez, una cuña para frenar la unidad de la región y trabajar por su desarrollo.

China, ha aprovechado las circunstancias. Y con la chequera abierta, ha creado un fácil espejismo en economías agobiadas, partidos políticos muy oportunistas y gobiernos con claras intenciones de aprovechar en su favor las circunstancias que creen que son irreversibles de parte de Estados Unidos que, creen que China vendrá a resolver los problemas que Estados Unidos nunca ha tenido real interés de abordar.

Pero no creemos que lo que ocurre solo sea la culpa de Estados Unidos y China. Los centroamericanos también tienen mucho que ver en la situación en que se ha dado el actual conflicto diplomático. Sus gobernantes se han mostrado dóciles, ansiosos por contar con el visto bueno de Estados Unidos para sus políticas incorrectas en la atención de las necesidades de desarrollo de sus países. En una zona de bienestar asegurado, no estaría ocurriendo lo que comentamos. Estados Unidos no habría llamado a sus embajadores; ni mucho menos poner a temblar a Sánchez Cerén, Varela y Medina que aunque lo nieguen están asustados. Sus pueblos no les perdonaran que hayan disgustado a Estados Unidos. Y ello significara básicamente perdida de poder y aumento de control de Estados Unidos sobre frágiles democráticas y palúdicas economías que fuera de la llamada de atención para que se porten bien, no recibirán sino el reclamo brusco de Trump y su gente, también acorralada por un modelo político que ha dividido a la gran nación del norte. Otra vez, se confirma que el problema de nuestra región, es la falta de un liderazgo responsable.

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