Libertad de expresión

mayo 3, 2018


TEGUCIGALPA, HONDURAS



En todo el planeta se celebra este día la fecha dedicada a la libertad de expresión, consignada como una de las más sagradas libertades contemplada en la Declaración de Derechos Humanos de la carta de las Naciones Unidas. Como tal, la libertad de expresión es un derecho inalienable que nos permite a las personas expresar nuestros pensamientos sin más cortapisas que las que establecen las leyes que salvaguardan las buenas costumbres, los buenos modales y el respeto al derecho de los demás. Porque, tampoco es cierto que la libertad de expresión tiene un ámbito infinito, como derecho existe para que podamos expresar nuestros pensamientos respecto al orden actual y todo aquello que consideramos que no es de nuestro parecer.

El surgimiento de la era digital ha venido a plantear una serie de interrogantes que, por un lado benefician, pero que por otro, afectan la institucionalidad de la libertad de expresión, cuando por el libertinaje que permiten las redes sociales el crédito de las personas queda al albur, cuando los botarates que han incursionado con virulencia en sus sitios y blogs, dan rienda suelta a una virulencia espantosa donde el carácter de la expresión es la procacidad y el lenguaje sucio y malvado.

Desde que surgió el libertinaje que permiten las redes sociales, lo que hay en internet es una hoguera digital, que no está sujeta a ninguna regulación ética, ni a ninguna norma, porque los que se escudan en el anonimato que permite la web escriben lo que quieren, dicen las peores barbaridades, insultan a medio mundo, sin ningún recato porque el internet es el escondite perfecto de los cobardes que atacan ocultando su identidad.

Esto no es lo que concibe el derecho de la libertad de expresión que se practica en los medios de comunicación que transmitimos nuestras opiniones y puntos de vista dando la cara y asumiendo posiciones como toca a los profesionales del periodismo que tenemos una responsabilidad ante la sociedad y la nación en general. La libertad de expresión no debe servir para fijar la buena o la mala imagen de alguien o algo, toca asumir posiciones críticas o favorables cuando el periodista considera que es necesario hacerlo en función de país. No asumir posición corresponde al viejo concepto de la objetividad, cuando se decía que un periodista no debía tomar posición o partido porque se parcializaba y perdía objetividad. En realidad la objetividad nunca ha existido en el periodismo, ha sido un concepto inventado por quienes desean que el periodismo no asuma posiciones ni fije criterios respecto a algo o alguien.

Sobre el trabajo del periodista, que es sobre el que recaen miles de miradas escrutadoras cuando fija su posición, hay muchas regulaciones lógicas, siendo la primera la Ley de Libertad de Pensamiento y de Expresión, que al mismo tiempo que le permite ciertos privilegios para ejercer su derecho a opinar, también le fija los parámetros que le marcan un límite para no caer en los excesos que derivan a un libertinaje pernicioso. La libertad de expresión no es el derecho a despellejar de una manera banal a un funcionario público, a un artista o a equis persona, en este sentido nos atrevemos a decir que desde las redes sociales hay una tramposa libertad de expresión que permite desacreditar a medio mundo sin temor a las sanciones porque el anonimato, que es el blindaje de los cobardes, permite escribir y decir barbaridades que entierran la dignidad de cualquiera.

No se debería proteger la libertad de expresión de los que, desde las redes sociales por el internet, convierten en una verdadera hoguera digital los sitios donde se propalan las expresiones más ruinosas con el esquema bien definido que conlleva destruir la honra de las personas. Por eso es que, cuando se pide que ya es hora de que el Congreso Nacional legisle una política que regule las plataformas digitales, los expertos del anonimato son los primeros que saltan a la palestra gritando que no se deben regular las redes sociales porque es un atentado a la libertad de expresión. Y no lo es, porque la libertad de expresión nunca ha sido sinónimo de libertinaje, sin embargo, las organizaciones de izquierda son las abanderadas en defender esa tramposa forma de libertad de expresión que es el libertinaje.

Nada en la vida y nada en el mundo tiene el espacio infinito a su disposición para hacer y deshacer, desde que el hombre se sometió a las normas y leyes para vivir en forma civilizada sin atropellarse ni agredirse. El ejemplo del cierre de la empresa Cambridge Analytica, por dar espacio ilimitado al uso y abuso de las redes sociales para causar daño, demuestra que la libertad de expresión no es ilimitada. Y que el límite para esa empresa fue el cierre de operaciones cuando se enfrentó a la ley que le pasó factura por no poner coto al abuso.

En este sentido expresamos categóricamente, como profesionales del periodismo que asumimos posiciones frente a los problemas del país, y como ciudadano que nos apegamos respetuosamente a la libertad de expresión, que esta grandiosa libertad no debe quedar al albedrío del libertinaje, donde los irresponsables se esconden para dar rienda suelta a sus bajas pasiones personales. La libertad de expresión es un derecho como tal, más cuando se abusa de ella para caer en el libertinaje, deja de ser un derecho para convertirse en una hoguera peligrosa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy jueves 3 de mayo de 2018.

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