Leyes contra derecho

junio 1, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Nuestro sistema político está aprovechando la pandemia para gobernar por el modelo «a matacaballo», haciendo unas jornadas intensivas que aunque ofrecen salidas a quema ropa, no deben ser parte de la memoria jurídica del país, porque se está dejando un precedente que no es el mejor para legislar y adoptar decisiones para crear nuevos estamentos o reformar los que ya están, para acomodarlos al gusto de la mayoría partidaria. El ejemplo de la Ley Electoral, solo debería ser la excepción de la regla, por tratarse de la norma que constituye la hoja de ruta electoral del evento donde los hondureños elegiremos a las nuevas autoridades del país el 28 de noviembre próximo. Sin embargo, pasando al campo de la segunda vuelta, esta no es comida de trompudo para que se la coman solo los políticos, excluyendo al pueblo que es el soberano y que exige y se merece respeto.



No es aceptable apelar al principio romano de «leyes contra derecho», porque este no es el caso en que la ley coarta el derecho de los políticos, porque la jugada que pretenden hacer los politiqueros de oficio es que hay que sacar al partido de gobierno de una forma u otra, lo cual si se hace en apego a la ley es aceptable, pero lo que no se admite es que se reforme la ley a matacaballo para tomar una decisión que implica respetar la más importante entre todas las opiniones que es la opinión del pueblo hondureño. Adoptar la segunda vuelta como una facultad política de los partidos, interpretando la Constitución en  forma antojadiza, constituye también un golpe, un golpe a la Constitución que es de lo más grave.

Si los diputados del Congreso Nacional decidieran meterse al charco manoseando la Constitución por simple mayoría de votos, cometerían una falta tan flagrante como despreciable porque significaría que Honduras ya no tiene remedio como país donde las leyes son manoseadas y violentadas sin que se escuche la voz suprema que es la voz del pueblo. La segunda vuelta puede ser adoptada siempre y cuando en un plebiscito o en una elección sea el pueblo el que diga si acepta o no la segunda vuelta para definir la elección de autoridades del país después de que en una primera ronda electoral el ganador no hubiera alcanzado el suficiente respaldo electoral que lo haga un gobierno de mayoría y no de minoría.

Conviene advertir que los gobiernos producto de segunda vuelta no son los mejores gobiernos, porque en el afán de derrotar al candidato que ha resultado vencedor en la primera ronda electoral con una mayoría insuficiente, los demás partidos que se coaligan hacen una serie de acuerdos para repartirse el poder en forma anticipada, pero el candidato que resulta triunfador cree que por ganar en segunda vuelta tiene toda la manija y que la sartén es toda suya. Entonces, en lugar de elegir un gobierno fuerte, los que escogen ese sistema terminan gobernados por  un gobierno débil, por la disimilitud de todos los sectores que se coaligaron y que se creen tan dueños del poder como el candidato ganador. Casos tenemos por montón, uno de ellos es Perú, donde por la debilidad de los gobiernos el país termina anarquizado desde el poder mismo, cuando los que no quedan conformes con el candidato ganador se dedican a intrigar y a torpedear al gobierno para hacerle la vida imposible. Los peruanos son los que mejor pueden testimoniar los desgobiernos que terminan dirigiendo a ese país después de la segunda vuelta.

La decisión para adoptar la segunda vuelta no puede ser avalada solo por los diputados del Congreso Nacional, aunque aleguen que el Congreso Nacional es el primer poder del Estado, que efectivamente lo es, pero aun así los diputados no tienen la capacidad legal para tomar una decisión suplantando la voluntad soberana del pueblo, por más que los abogados constitucionalistas desbarren con interpretaciones enteramente politizadas, alejadas de la esencia jurídica. Porque de nuevo se está confundiendo ley con derecho, que son cosas distintas. Volvemos al problema de siempre: el interés de los políticos por acomodar las leyes a sus intereses, queriendo interpretar la Constitución por donde no se debe. Buscar la salida de la segunda vuelta a través de la mayoría simple es un zarpazo la majestad de la Constitución. Es un ataque a la voluntad soberana del pueblo que es a quien corresponde decidir la forma de elegir al gobierno.

Los diputados deben reflexionar que el sistema democrático ha sido ya demasiado lacerado por todas las improcedencias que han cometido los políticos queriendo ganar partidas de manera urgente, cuando una medida como la segunda vuelta electoral es al pueblo quien corresponde decidir si la acepta o no. Los políticos deben comprender de una vez por todas, que la autodeterminación es una potestad soberana del pueblo. Cuando el pueblo, que es el auténtico mandatario decida, entonces a los diputados como mandantes les tocará reglamentar la segunda vuelta desde la Cámara Legislativa.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 1 de junio de 2021.

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