Le debemos una visita a Honduras

marzo 19, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

La proximidad de la Semana Santa nos embarga de nostalgia a todos los que antes de la pandemia disponíamos de este tiempo para disfrutar un período vacacional en que disfrutábamos las bellezas de nuestro país en compañía de nuestra familia y familias amigas. No al extranjero y mejor Honduras, nos dijimos desde entonces cuatro amigos desde los años 90 en que nos hacíamos un nudo amistoso para salir a disfrutar el mar, los ríos y las montañas hondureñas. La pandemia nos cortó a partir del año pasado ese deleite maravilloso que nos llevaba a bañarnos en los ríos, que desde la montaña de Omoa bajan en raudales frescos hasta los poblados de Muchilena y Tulián en la zona costera del Mar Caribe en la enorme bahía de Puerto Cortés.



Metida a corriente fría de esos ríos, mi hermana Pacita nos cocinaba en un pequeño fogón, parado dentro del agua, unas deliciosas caguachas fritas con tajadas de guineo verde. Nunca tuvimos en nuestra vida tan maravillosas excursiones como aquellas. Muy cerca de Muchilena y Omoa está el poblado de Veracruz, donde nuestros amigos Luisa y Rolando Kattán (QEPD) eran maravillosos anfitriones que nos obsequiaban unas deliciosas sopas marineras como nadie las puede hacer en el mundo.

Y como quisimos diversificar nuestras distracciones, en Semana Santa hicimos dos paseos a la Ruta Lenca, pernoctando en la ciudad de Gracias, conociendo a plenitud el bello municipio de La Campa y su hermosa iglesia colonial, igual que San Manuel de Colohete, donde varias veces comimos la famosa gallina ensalsinada que solo los colohetes saben hacer, luego pasábamos a San Fernando y como no podía ser de otra manera, llegando después del almuerzo nos esperaban con un azafate de sabrosas semitas caseras, recién salidas del horno, acompañando un exquisito café molido en un pequeño comedor familiar, que guardamos fielmente en nuestra memoria. Y de regreso a Gracias, había que pasar por San Marcos de Caiquín, que por aquellos años estaba conectado a Gracias por una carretera en tan mal estado que constituía el lunar oscuro del hermoso paseo turístico. En este itinerario de Semana Santa con los amigos hicimos tres excursiones a las Ruinas de Copán, habiendo tenido el privilegio de contar como guía con la orientación del profesor René Viel, un experto en la civilización Maya.

Y en los últimos cinco años nos dimos el enorme placer de disfrutar las maravillas de Roatán, al que llegábamos por el ferry Galaxy, que en varias ocasiones nos sacudió en la travesía vespertina, haciendo que varios de nuestros amigos lamentaran el escabroso trayecto marítimo que en horas de la tarde es un salvaje vapuleador del estómago. Pero todas estas incomodidades caían en el olvido tan pronto poníamos pie en tierra en el muelle de Roatán y no digamos cuando nos sentábamos en el restaurante del hotel.

Honduras tiene tantas cosas naturales hermosas que nos esperan, y que muchos solo podemos disfrutar en el período de Semana Santa, por eso, creemos que aún en medio de la pandemia, los hondureños no debemos perder este hábito, por supuesto manteniendo en forma estricta las medidas de bioseguridad. Los tiempos que comenzamos a añorar llamándolos «la antigua normalidad», esos ya no volverán, tendremos que adaptarnos a vivir esta nueva realidad, por lo que hay que construir nuevos hábitos que deben estar ceñidos a las medidas de bioseguridad. Podemos visitar nuestros sitios naturales, evitando estar en lugares donde haya mucha concurrencia. Actualmente en los distintos departamentos hay una serie de pequeños hoteles que están bien acondicionados, higiénicamente mantenidos y que están próximos a las montañas, a los ríos, a los lugares donde hay diversas atracciones naturales. Hay una serie de sitios donde hay preciosas pozas de aguas termales que son recomendadas por sus efectos saludables para la piel.

Los tiempos pasados sin coronavirus atrás quedaron, mientras no estemos vacunados todos, a los hondureños solo nos queda la prevención por medio del cuidado de apegarnos a las tres reglas básicas de bioseguridad que implican el uso de la mascarilla, mantener la distancia física y lavarnos las manos con jabón o desinfectarlas con alcohol gel. Hay que tener presente que debe evitarse cualquier aglomeración de personas, esto es elemental. En el campo, visitando un hotel de montaña, donde la afluencia de visitantes es muy limitada, se puede disfrutar mucho mejor que en cualquier otro lugar.

¿Se puede disfrutar la Semana Santa en excursión familiar sin exponernos al contagio? Seguro que se puede, si se tiene el cuidado de tomar las medidas preventivas biosanitarias. Todo es cuestión de tener cuidado y no desbocarse hacia lugares concurridos que es donde existe el peligro del contagio. Afortunadamente, las autoridades del Instituto Hondureño de Turismo conjuntamente con la Cámara Hondureña de Turismo, han hecho un trabajo efectivo con los propietarios de los pequeños hoteles para que estos alojamientos tengan las condiciones de pulcritud e higiene sanitaria que le permita a los visitantes pasar un corto período vacacional alejado de las tensiones y del hastío emocional que nos ha provocado a los hondureños el largo confinamiento obligatorio para contener la propagación del virus. Así que, ¡todavía está a tiempo de hacerle una visita a Honduras en esta próxima Semana Santa!

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy viernes 19 de marzo de 2021.

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