Las patas de la injusticia

febrero 15, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Lo contrario de la mentira que tiene patas cortas, las patas de la injusticia son demasiado largas, si quienes invocan que la ley es la ley son médicos, y que sobre la ley no se puede saltar siquiera un milímetro para salvar la vida de otro médico, es lo más abyecto que hemos visto. Pasan cosas perversas en Honduras: en La Esperanza, el caso de la joven Keyla Martínez se enredó de tal manera por la declaración del médico que acompañaba a la infortunada joven, pero el efecto de su declaración, si no corresponde a la verdad, le puede costar lo que a todo testigo que miente le cuesta: una buena pena de cárcel. Pero donde quedamos sorprendidos es con lo sucedido al joven médico Yasser Cuéllar, que estaba por concluir su servicio profesional como requisito final para graduarse como médico, cuando el COVID-19 frenó su vida al resultar contagiado en la primera línea de combate al coronavirus.



La explicación que da el doctor Carlos Umaña es que en el Seguro Social de SPS no admitieron al joven médico porque no estaba asegurado, porque un convenio entre el Colegio Médico y el Seguro Social prohíbe atender a quien no está asegurado, y según el doctor Umaña, como la ley es la ley, por esa prohibición no se pudo ingresar al joven médico Yasser Cuéllar; así de brutal es la explicación, basada en una soberbia injusticia que resulta perversa desde el momento que se trataba de un joven colega, que se contagió trabajando en la primera línea de combate contra el COVID-19. Toda esta vileza esgrimida en nombre de la ley es lo más perverso que hemos escuchado en toda nuestra vida periodística, porque por el rigor jurídico que establece el convenio entre el Colegio Médico y el Seguro social se incumplió la fundamental función de salvar una vida preciosa, abandonando a su suerte al joven médico Yasser Cuellar, que no recibió la atención que urgía, por la falta de la misma conciencia que padecen muchos médicos que han terminado por deshumanizarse al resultar víctimas de la soberbia y el sectarismo.

Esta ha sido una actitud absolutamente perversa, porque viendo la situación en que se encontraba el joven médico, bastaba que alguien con entereza humana se hubiera decidido a internarlo mientras se salvaba de alguna manera el escollo legal, pero anteponer la vida tan valiosa de una promesa en el campo médico por una cuestión legal comprueba que mucho de las protestas que protagonizan los médicos pidiendo conciencia a las personas para no contagiarse es puro aire, si cuando tienen la posibilidad de salvar a uno de los suyos lo dejan abandonado porque en ese momento como la ley es la ley, se excusan en el tecnicismo legal para incumplir su tarea.

De entrada sorprende que se justifique esta inflexibilidad del Seguro Social que no es la primera vez que incurre en la abyección de escudarse en un requisito para no prestar un servicio para salvar una vida. En lo personal puedo dar testimonio de una experiencia dolorosa que ocurrió en el seno de nuestra familia, cuando un familiar enfermó de gravedad, requiriendo un medicamento que tenía en su farmacia el Seguro Social y sin embargo a pesar de que nuestra pariente cotizó toda su vida al Seguro Social, cuando requirió del auxilio de esa institución se le negó el medicamento, bastante caro. De qué sirve estar cotizando a esta institución si en el angustioso momento de padecer un mal, quienes la administran y dirigen se olvidan que el gran objetivo del Seguro Social es salvar vidas, no dejar que se mueran las personas por el cumplimiento de un requisito o porque la medicina es muy cara.

Se puede justificar una negativa de atención en un hospital privado, que al final de cuentas funciona como una empresa con espíritu de lucro, pero el Seguro Social pierde toda su calidad humana y abandona su espíritu, contenido en su nombre de asegurar la vida de las personas que pertenecen a la sociedad. Lo más vil que hemos visto en el campo de la medicina social de nuestro país es esta negativa que ha condenado a la muerte al joven médico Yasser Cuéllar, que en sus últimas horas de vida, mientras esperaba en una camilla ser atendido, pudo haberse preguntado qué sentido tuvo haberse expuesto atendiendo a muchas personas contagiadas, si cuando a él le invadió el virus el sistema de seguridad social del país lo trató con el desprecio con el que se trata a un ser apestoso, indigno de atención humana.

Esta conducta llena de vileza del Seguro Social no la debemos olvidar como cualquier otra cosa insignificante, porque en un momento como el que vivimos, cuando hablamos de la solidaridad para ayudar y salvar vidas, escudarse en un tecnicismo legal es un crimen como lo es haber abandonado al joven médico Yasser Cuéllar, dejándolo a su suerte, tendido en una camilla, por el hecho de no estar asegurado. Ni a los administradores ni a los médicos del Seguro Social les importó que a este joven médico lo consumiera el COVID-19. Para ellos, la excusa perfecta para no internarlo y atenderlo es que el Dr. Cuéllar no estaba asegurado.

Si en el Seguro Social esto funciona así, que fue lo que condenó a la muerte a este médico que arriesgó su vida por salvar la de otros, ha llegado el momento de revisar el funcionamiento del sistema de seguridad social, que con este caso, demostró haberse convertido en una institución que se preocupa más por el cumplimiento de los requisitos legales que por salvar la vida preciosa de un joven médico hondureño.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy lunes 15 de febrero de 2021.

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