Las dificultades de la sustitución

octubre 11, 2021

Juan Ramón Martínez

Como lo hemos dicho, la sustitución de la potencia establecida por la nueva, siempre ha sido acompañada por una guerra entre ambas. A las que se agregaron, siempre, aliados en uno y en el otro bando. La única excepción ha sido la sustitución de Gran Bretaña, la reina de los mares, por los Estados Unidos. Fue una transición de la potencia establecida, que se fue retirando poco a poco, dejando espacio para Estados Unidos. Además, en un periodo de varios años, en que los hechos fueron sucediendo sin mayores sobresaltos, sino en casos marginales. Gran Bretaña fue desalojada del Mar Caribe, obligando a darle su independencia a la mayoría de las colonias suyas en la zona; y, devolviendo los territorios que abusivamente se había apropiado. (Menos Islas Malvinas, a la Argentina) A Honduras le devolvió las Islas de la Bahía y La Mosquitia, reservándose para sí; dándole un carácter de miembro de su comunidad de naciones. A Belice sin que se respetaran los derechos de Guatemala y México. Antes de 1918, cuando Estados Unidos definitivamente emerge como primera potencia mundial, solo ha intervenido en una o dos acciones militares singulares: en contra de México, que le quita en varios episodios más de la mitad de su territorio y, en contra de España en 1898, al arrebatarle violentamente Guam, Filipinas, Cuba y Puerto Rico, sin que ninguna otra potencia protestara o criticara, la adquisición de tales territorios. Porque ese era el tema que interesaba a Alemania, Francia y a España, para entonces. Al final consolidó su condición de primera potencia, dándole la independencia a Cuba y Filipinas, mientras a Puerto Rico le creó el carácter de un estado libre y asociado que cada día que pasa le va quedando muy apretado a los portorriqueños. Concluida la II Guerra Mundial, pacta con Rusia un acuerdo de contención o guerra fría, en virtud del cual, después de repartirse el mundo, se establece que ni la una y menos la otra, intervendrá en el espacio vital que cada una ha establecido como su zona de influencia. Este acuerdo, apenas fue interrumpido en 1962 con la instalación de cohetes en Cuba, la construcción del muro de Berlín y, al final, la caída de la Unión de Repúblicas Soviéticas que se viene abajo por sus enormes debilidades y por la incapacidad de mantener la competencia armamentística con los Estados Unidos, al tiempo que le garantizaba el alto nivel de vida prometido a su pueblo. Ahora, de aquella potencia retadora, apenas queda la Federación Rusa y un arsenal nuclear que, de cuando en cuando, crea sobresaltos en los dos lados del mundo bipolar que se inaugurara en 1918.



Ahora somos testigos de que una nueva potencia, China, reta y busca desplazar a los Estados Unidos. Sin haber recorrido el camino de los Estados Unidos para encumbrarse como gran potencia, China no ha ocupado ningún territorio de ultramar, confiando en sus propios recursos internos y en una política exterior basada en factores económicos y culturales. Que como es natural, los Estados Unidos se resiste, renovando sus perdidas alianzas, actualiza sus armamentos y acelera su modernización interna. Los analistas habían establecido que la definición de esta lucha entre potencias, finalizaría con una victoria china en el 2050. Desde el último tramo del siglo pasado Estados Unidos ha venido disminuyendo su participación en el comercio mundial, ocupando sus espacios China que, con un amplio mercado interno, una mano de obra barata y una producción de baja calidad y bajos precios, fue ocupando cada vez mayores espacios comerciales. Pero si bien esta disputa, ha tenido sus sobresaltos, algunos creíamos que podríamos ser testigos de una transición, sin que se produjera una guerra mundial, cosa que parece que no ocurrirá. China que nunca tuvo en el mar preferencias de ejercicio de poder, construye islas artificiales, desarrolla un programa armamentístico naval y aéreo, y además, reacciona vivamente, cuando los Estados Unidos le cierra los espacios en el mar de China meridional. Por ello, la semana pasada y las dos anteriores, el mundo ha visto con estupor como China, con más de cien aviones de combate, penetra la zona de seguridad de Taiwán, en una provocación muy clara – no sólo contra lo que ellos llaman la isla rebelde – sino que contra el dispositivo de contención que le ha creado Estados Unidos alrededor de sus posibles áreas de expansión. Pero con todo, lo que más no ha llamado la atención, son las declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores de Taiwán que ha dicho que, hasta ahora, su país puede defenderse; pero que no lo podrá hacer dentro de cuatro años en que, imaginamos, Taiwán y los Estados Unidos no podrán detener a China. Y otra vez, el paso de una potencia establecida a otra retadora y potente, se hará mediante una guerra. Y en lo que el carácter de conflicto mundial, será más que una metáfora, una realidad existencial, porque todos los países participarán, incluido nosotros que tan cerca estamos del Canal de Panamá, uno de los escenarios que inevitablemente será un teatro de guerra. Países pequeños militarmente como el nuestro, no podrán aislarse. Lo fatal, sería que se alineen con la potencia equivocada. Porque, aunque Estados Unidos sea desplazado como gran potencia, seguirá siendo para nuestros efectos, la gran potencia de nuestro continente.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *