Las camas vacías

junio 10, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Las camas son los elementos auxiliares que brindan un valioso servicio para el descanso cómodo de la persona. Se puede acostar en el piso, o acomodarse en cualquier lugar, pero nada tan recomendable para un descanso saludable que una buena cama. En los hospitales las camas son infaltables para que los pacientes puedan convalecer y recuperarse mientras reciben los tratamientos médicos. Un hospital sin camas es un cascarón vacío, porque aunque tenga los médicos y las enfermeras sin el complemento que constituyen las camas, no puede cumplir su función de una forma correcta.



El Hospital Escuela, por así decirlo, es el principal centro hospitalario del país, en el ranking del sistema nacional de salud está en el primer lugar por la cantidad de especialistas y demás personal médico, sin embargo, en una crisis sanitaria como la que vive Honduras igual que el resto de países del mundo, no puede considerarse al Hospital Escuela como si fuera una joya bonita que debe mantenerse inmaculada como lo más preciado del tesoro de salud y por lo tanto, alejado del contagio del virus. Todos debemos cuidarnos y cuidar el entorno procurando evitar el contagio, pero un hospital es un hospital y quienes laboran en él que son médicos y enfermeras en su mayoría, saben más que el resto de la gente de a pie como cuidarse.

Resulta lamentable que el director del Hospital Escuela, con una miopía asombrosa producto quizá de la obnubilación que deja la política sectaria, mantuvo en una reserva injustificada una cantidad de camas vacías que estaban acondicionadas para cualquier momento de emergencia, y la situación que estamos viviendo es precisamente una crisis emergente de salud, cuando la pandemia del coronavirus que nos azota plantea que el país disponga de todos sus centros asistenciales al servicio de la atención a los contagiados. Este no es el momento de mantener la idea de que el Hospital Escuela es la joyita del sistema de salud, porque igual que todos los demás hospitales debe estar al servicio de las personas contagiadas, por lo menos en una buena parte de sus instalaciones.

Un director de hospital público que actúa bajo el arbitrio personal de desoír las disposiciones de las autoridades del ramo, camina sobre la cuerda floja, porque convierte al centro asistencial a su cargo en una instalación inservible a las prioridades del país, que en este momento giran alrededor de la atención que debe darse a los contagiados del coronavirus. Tener 50 o más camas vacías porque el director del Hospital Escuela en su aletargado pensamiento burocrático no quiere que esa parte del centro se contagie, es como condenar a una persona a que cruce el océano a pura brazada teniendo a su alcance un bote con motor y con suficiente combustible.

Debe haberle funcionado muy mal la capacidad de razonamiento al director del Hospital Escuela cuando dispuso guardarse las 50 o más camas acondicionadas para la emergencia, haciendo que numerosos contagiados fueran atendidos en condiciones maltrechas en las carpas que deben entrar en función llegado el momento del colapso, que no quisiéramos que llegara, pero que podría llegar si la población hondureña no actúa con cuidado para evitar el contagio.

¿Para qué sirve un hospital como el Hospital Escuela en un tiempo de emergencia? ¿Solo para exhibirlo como el orgullo de los funcionarios que lo dirigen y que trabajan para el sistema de salud? Es una decisión trapera haber cerrado un área con más de 50 camas debidamente instaladas para atender a los contagiados. No vale la excusa que le hemos oído al Dr. Tovar y a sus colegas que lo secundan en semejante aberración, el solo hecho de admitir que no querían a personas afectadas por el virus en esa parte del Hospital Escuela, para que no resultara contagiada, es un insulto a la dignidad humana de los enfermos que fueron atendidos en las carpas en la forma más inadecuada, para ellos y para los agentes sanitarios.

El origen del mal que resulta este comportamiento ruin, observado en estos médicos que no han demostrado el mínimo de humanismo, es la política sectaria que también ha corroído a un sector de los profesionales de la medicina que actúan contagiados por esa especie de comején que devora los principios morales de la gente, que se conoce como sectarismo. Esa negativa del director del Hospital Escuela es una decisión trapera porque negar el uso de las camas desocupadas pero debidamente instaladas, es un castigo que no se merecen los compatriotas contagiados, que como hondureños, con toda su pobreza son personas que merecen ser tratadas y respetadas en su dignidad humana.

Como no es aconsejable echarle más gasolina al brasero que resulta la división entre hondureños, quisiéramos que este tipo de conducta no se repitiera en momentos tan aciagos y tan delicados para la salud de la nación hondureña, que hoy más que nunca demanda la unidad de todos los sectores para enfrentar los efectos de esta pandemia que se anuncia con mayores consecuencias que las que ya conocemos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 10 de junio de 2020.

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