Las cadenas y la pandemia

abril 7, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Puede que estemos pecando de pedir sensatez a quienes desde hace tiempo perdieron la cordura, pero en los tiempos en que una pandemia con su poder agresivo está desnudando la impotencia de los países que son «potencias mundiales», la lectura de este evento que está por encima de lo normalmente natural nos exige tener sosiego. Esto implica dejar a un lado las vanidades y las arrogancias personales para adecuarnos a la marcha del país, y que por la magnitud del peligro a que nos enfrentamos, debemos saber que esta crisis nos examina a todos, más allá de los posibles errores que cometamos autoridades y ciudadanos, debemos unirnos para tener esperanzas de salir adelante.



Nunca como ahora los hondureños estamos obligados a guardar la serenidad, el país está dirigido por autoridades que en todo momento están dando la cara en cada paso que dan, lo contrario sucede en Nicaragua donde el gobernante se ha ocultado desde el comienzo de la pandemia. La lucha contra el coronavirus va de la mano con la información constante que el público necesita, no solo para conocer el número de contagiados sino para que el gobierno informe sobre las medidas que va adoptando para mitigar el impacto económico que la pandemia la está causando al país.

En esta situación, la información del sector oficial es un deber, por lo que resultaría inconcebible que el gobierno se callara el trabajo, el paso a paso de lo que está haciendo, en una infinidad de acciones que se están realizando en todas direcciones. Lo que salta a la vista es el trabajo intenso que están haciendo las autoridades encabezadas por el gobierno central, un trabajo que no es para figurar ni presumir, porque mezclarse en grupos de personas cuando estamos en pleno período de incubación del virus es un desplazamiento de alto riesgo.

Caer en la nimiedad de contrariarse por las cadenas nacionales de televisión y radio, denota en los críticos que todavía viven en una inmadurez que no concuerda con las responsabilidades que desempeñan. Los riesgos de una exposición al virus, aunque se tomen todas las precauciones, solo se asumen cuando sobre las espaldas de una persona está la más grande responsabilidad de todas, que es dirigir los destinos del país. No hemos llegado al momento en que podríamos sentirnos abrumados por la cantidad de contagiados y de personas que podrían fallecer. Todavía estamos en el comienzo de esta carrera contra la poderosa pandemia, y más nos valdría a los hondureños que guardemos la mayor cantidad de cordura posible y dejemos las arrogancias y vanidades personales que no son buenas consejeras.

Una cadena nacional de televisión y radio es el mejor conducto y la mejor forma de mantener informada a la población en una situación de emergencia, porque en ella se sintetiza como avanza la pandemia y como las autoridades están actuando para reducir la propagación del virus. Los medios de comunicación transmitimos muchas informaciones más desarrolladas, pero como el periodismo hondureño tiene una alta dosis de interpretación personal de las personas que dirigen los espacios radiales, televisivos y periódicos, la única información oficial es la que se transmite por la cadena nacional, que en esencia son cifras, datos y hechos concretos.

Es inconveniente que el gran público quede sujeto a lo que diga uno y otro medio, porque la gente no encontraría la forma de saber quién dice lo cierto y quien falsea, sobre todo en estos días donde hay periodistas y comunicadores endiosados que, creen vivir en un trono de oro porque piensan que sus comentarios y opiniones deben ser considerados como si se tratara de «vacas consagradas».

En esta guerra contra el poderoso enemigo invisible las circunstancias nos demandan serenidad, cordura, sensatez y sosiego; la valentía y la devoción con que se están jugando su vida por defender y cuidar la nuestra, médicos, enfermeras, policías y otras autoridades que están al frente dirigiendo las operaciones, es una demostración de valor y ternura que debemos agradecerles por siempre. Este es el tiempo en el que estamos aprendiendo a distinguir a los verdaderos servidores del Estado, de los farsantes y payasos que se manejan en la especialidad de vivir criticando todo, pero que en esta hora no han hecho absolutamente nada.

Hay que aplaudir a nuestros médicos y enfermeras, pero también hay que aplaudir a nuestros soldados que andan por todos lados, desinfectando aquellos lugares que han permanecido en estado de contaminación. Los soldados del Ejército nacional han llegado a lugares que también necesitan atención primaria como los asilos de ancianos y centros penitenciarios donde hay poblaciones a las que por humanidad no se les puede abandonar.

La historia ubicará a las personas por lo que hicieron durante esta pandemia, en favor o en contra del prójimo, seguro que enaltecerá a los ciudadanos que con serenidad, aplomo y valentía han aportado su contingente en esta difícil travesía, como es seguro que pondrá en el lugar que se merecen a los hablantines de oficio, que todo lo critican y que todo lo ven mal. Hoy más que nunca tienen su más alto valor las máximas del sabio griego Epicuro: «el hombre sereno es aquel que no da molestias ni a sí mismo ni a los demás».

Las cadenas nacionales de televisión y radio, aunque molesten a algunos insensatos, es el instrumento informativo que entre la enfermedad y la angustia permite a la población conocer la marcha de la pandemia y las acciones que desarrollan las autoridades, no solo en el aspecto sanitario sino también en el económico, y ambos nos conciernen a todos los hondureños. El que crea que las cadenas se toman demasiado tiempo en los medios para transmitirle información al público, sencillamente es porque no se da cuenta del grave momento que vivimos.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 7 de abril de 2020.

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