Laberinto liberal

octubre 2, 2018

TEGUCIGALPA, HONDURAS

A lo largo de su historia el Partido Liberal ha sido afectado por sujetos que aprovecharon la amplitud de pensamiento y acciones que caracterizan al liberalismo, para llevar agua a su molino. Al Partido Liberal le han hecho mucho daño elementos que se han aprovechado de su plataforma generosa, que permite la libertad irrestricta, al grado de sustraerle parte de su membresía para fundar otros partidos. El primero de ellos fue Manuel Bonilla, que al enemistarse con Policarpo Bonilla, se llevó un buen número de sus partidarios, que eran liberales, para fundar otro partido que al cabo de los años se convirtió en el Partido Nacional.



En el curso del siglo pasado, se registran varios incidentes entre liberales ambiciosos que pusieron en precario la existencia del Partido y sin embargo, los liberales se repusieron hasta llegar al poder en varias oportunidades. Mel Zelaya le llevó al PL unos 300 mil militantes con los que fundó el Partido LIBRE, una merma partidaria sustancial que dejó el volumen liberal reducido a menos del millón de militantes. Pero, como es la institución política de mayor arraigo, el PL a pesar de tantos golpes recibidos de parte de algunos de sus malos dirigentes, ha logrado mantenerse hasta el día de hoy en que lucha contra uno de sus últimos depredadores.

Hoy, el PL está hecho todo un laberinto en que lo ha convertido el presidente del Central Ejecutivo, Luis Zelaya, que por sus despropósitos pareciera empeñado en enterrar a un partido glorioso que no merece estar conducido en la forma tan maltratada como lo está haciendo el actual presidente del Central Ejecutivo. Gran tarea destructiva la que se ha propuesto don Luis Zelaya, porque lanzarse en la forma como lo ha hecho contra connotados liberales, francamente que responde a una norma de conducta pirata, de la que hacían gala los antiguos filibusteros cuando arrasaban con todo lo que había en un pueblo para lograr el botín.

La decisión de Luis Zelaya de entrar a la política conquistando la candidatura del Partido Liberal tuvo al principio una buena acogida, pero en la medida que descubrió su verdadera personalidad desencajó a las personas que observamos que su comportamiento no era la de un liberal ni de un demócrata. Sumando su desconocimiento político se revela como el más anti-político, cuando participa en las reuniones donde los líderes más importantes discuten los acuerdos que en política son más que necesarios, para luego aparecer negando su presencia y sus intenciones.

Si un individuo entra a la política desconociendo que los acuerdos son la esencia natural de la política, no reúne las condiciones para presidir un proyecto político de país. Querer echarle tierra a los acuerdos que celebran los políticos de los diferentes partidos, más que ignorancia puede ser producto de una mala fe preconcebida con la única razón de aprovechar la plataforma de un gran partido como es el Liberal, para crear la suya propia. Esto ya es maldad, porque el dirigente que le echa tierra al trabajo que hacen sus correligionarios en el escenario de los acuerdos, se retrata con todo su veneno y su mala fe contra su mismo partido.

Un dirigente con tan mala cualidad no está para comandar un órgano que dirige las acciones de su partido, mucho menos para que se piense en su persona como líder para un nuevo proyecto delicado como es una candidatura presidencial. Ni los alcaldes ni los diputados liberales ni el liberalismo en general pueden confiar en una persona con esta clase de mal temple. Y si los diputados y alcaldes liberales se quieren extraviar, el liberalismo seguro que no estaría dispuesto a respaldar una candidatura revestida con tan mala leche, como la que algunos liberales se empecinan en sostener alrededor de Luis Zelaya.

No hay ninguna posibilidad de éxito para un nuevo proyecto político que encabece Luis Zelaya como candidato; quienes tengan la temeridad de lanzarse con él a una nueva aventura pasarán a la historia como los enterradores del liberalismo. Seguro que el PL, a pesar de esta nueva desgracia sobrevivirá, merced al trabajo político inteligente de experimentados líderes y dirigentes liberales que conocen el trabajo político. Lo cual será posible, por supuesto, a costa de un enorme trabajo que deberán hacer para recoger al despedazado Partido Liberal, producto del afán destructivo del actual presidente del Central Ejecutivo.

Pareciera ser una infortunada coincidencia, pero los últimos dos depredadores del PL tienen el mismo antecedente, dividir al liberalismo para quedarse con alguna parte. Y ambos llevan el mismo apellido: Mel Zelaya y Luis Zelaya. Este apellido pareciera ser un símbolo de desgracia para los liberales.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 2 de octubre de 2018.

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