La vacuna y su valor electoral

mayo 5, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

A tres meses de celebrarse las elecciones en EEUU, el entonces presidente Donald Trump no cabía en su desesperación para que los dos grandes laboratorios, Pfizer y Moderna, sacaran sus respectivas vacunas para empezar la aplicación a los ciudadanos estadounidenses. Pero, ninguna de las empresas farmacéuticas había concluido la fórmula y cuando lo lograron, faltaba la rigurosa aprobación de la FDA, el organismo que regula a la industria que fabrica alimentos y medicinas en aquel gran país. Las dos vacunas, la Pfizer y la Moderna estaban listas en noviembre del 2020, pero la FDA no daba la autorización porque el panel científico se reservaba hasta tanto no estuviera segura de que los fármacos no produjeran reacciones secundarias severas en el organismo humano.



Cuando la FDA dio el banderillazo para aplicar ambas vacunas, era muy tarde, las elecciones se habían celebrado y las cuentas electorales eran adversas para Trump. En los conciliábulos internos de los republicanos maldijeron al virólogo Anthony Fauci, le echaron rayos a la FDA y tildaron de incompetentes a las dos industrias farmacéuticas por no haber sacado a tiempo el inmunizador. Sin embargo, un mes antes de las elecciones, Trump afirmó que un compuesto que se le había aplicado en el hospital Walter Reed era suficiente para curar el Coronavirus, por lo que bastaron dos días de permanencia hospitalaria para retornar a la Casa Blanca. La conjetura que se hizo en ese momento es que Trump no se contagió y que su hospitalización pasajera en el Walter Reed fue una pantomima para minimizar la falta de la vacuna.

Al final todo mundo conoce la historia, Trump perdió en parte porque el gobierno fue incapaz de planificar con antelación una estrategia para enfrentar la pandemia. Desde el primer momento Trump se obstinó en minimizarla, calificándola como una simple «gripita» hasta que se dio cuenta que EEUU estaba hasta la coronilla del contagio y las muertes de personas se suscitaban en forma alarmante. Sin duda, Trump perdió las elecciones no por un fraude de los demócratas, si no por el autoengaño que se hizo y con el que, a su vez, quiso engañar a todos los estadounidenses, diciéndoles que no se preocuparan por la pandemia, porque la repercusión viral era la de una simple gripe.

Las elecciones en EEUU fueron un duro castigo a la gestión de la pandemia y de la crisis sanitaria, y a las mentiras que sobre ambas cosas hacía Donald Trump a diario. Ese es un espejo en el que deben verse las autoridades de todos los países, incluyendo las hondureñas, porque dotar de vacunas a los ciudadanos crea un impacto positivo en la población, es como un aldabonazo de optimismo en la gente que está suficientemente informada respecto a que vacunarse es clave para no caer en estado delicado en caso de contagiarse. Al anunciar el gobierno que se ha logrado negociar con la farmacéutica Pfizer la importante cantidad de 4.2 millones de dosis de su vacuna y está encaminada la negociación con la farmacéutica Moderna, se bajan las tensiones en la ciudadanía hondureña que ha sido bombardeada por las malévolas redes sociales, que aquí se tardará diez años en vacunarnos.

En realidad el proceso de vacunación en todos los países no se lleva a cabo con la celeridad que se quiere, y si no veamos los avances. EEUU ha vacunado casi a un 35% de su población que es de 365 millones de personas, Rusia lleva apenas un 18 por ciento, Alemania ha vacunado un 12 por ciento y España apenas un 9%. En Honduras, donde somos 9 millones de personas, con el suficiente abastecimiento de vacunas, podríamos tener un 50% de la población vacunada a final de año, partiendo que Honduras es líder en aplicación de vacunas en el continente. Si las dos farmacéuticas estadounidenses abastecen a Honduras a un ritmo normal de 500 mil dosis por mes, hay que abrigar la esperanza de que la meta del 50% de la población hondureña vacunada se habrá alcanzado a fin de año.

Por el caso estadounidense, el gobierno tiene que apretar las baterías de adquisición, las elecciones generales serán en noviembre y antes de esa fecha deberíamos estar sometidos a una aplicación acelerada de la vacuna en los cuatro puntos cardinales del país. Pero esto no es asunto de vacunar para ganar las elecciones, es asunto de economía, porque si el gobierno para esa fecha no ha logrado reactivar la economía, el partido de gobierno tendrá dificultades cuando sus mismos partidarios podrían resistirse a ejercer el voto por el candidato nacionalista. Todo es del color de la economía, y mientras una gran parte de nuestra población no esté vacunada, la reactivación económica será una quimera que pesará mucho el día de las elecciones.

Si las autoridades de gobierno no logran acelerar la adquisición de las vacunas que se fabrican en la proximidad de nuestro país, como son las elaboradas en EEUU, un posible descalabro electoral será achacable a la lentitud de la vacunación. Porque igual que le sucedió a Trump, la población hondureña podría votar contra la lenta gestión de la vacuna y contra los anuncios que hacen los ministros respectivos respecto a los posibles acuerdos con las farmacéuticas Pfizer y Moderna.

La vacuna rusa se hace muy lejos y además, la industria rusa tiene un paso muy lento, como todo lo que tiene el sello autoritario. Entonces, traer a tiempo las vacunas Pfizer y Moderna a Honduras, será un paso triunfador para el partido de gobierno. Traer ambas vacunas lo antes posible podría ser la bandera de un nuevo triunfo electoral.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 5 de mayo de 2021.

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