La segunda ola

septiembre 16, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

El hecho de que se esté avanzando a otra fase para reactivar la economía no nos debe llevar a los hondureños a desentendernos de la crisis sanitaria en que nos mantiene acorralados la pandemia del COVID-19. Seis meses después de habernos percatado de lo delicado que es este virus, seis meses de largo confinamiento, deben servirnos para aprender que no podemos pensar que estamos pronto a seguir viviendo como lo hacíamos hasta marzo pasado. Debemos de tener presente que cada vez que la reactivación de la economía avance un paso, iremos viendo nuevos brotes de contagio tal como ya empieza a sentirse en el Hospital del Seguro Social de SPS, donde los médicos dieron la alerta de nuevos ingresos en las últimas horas, lo cual no es de extrañarse, porque como lo ha informado el virólogo de Cambridge, Ravi Gupta, los habitantes del planeta debemos acostumbrarnos a vivir entre altos y bajos del contagio en la medida que se reactive la economía en los países.



Estos vaivenes se producirán en mayor o menor escala según la capacidad de cuidarnos que tengamos las personas, especialmente si nos mantenemos en forma disciplinada apegándonos a las tres reglas de oro del cuidado: usar siempre la mascarilla, mantener la distancia física de por lo menos dos metros de otras personas, evitar las aglomeraciones humanas y lavarnos las manos con jabón con la frecuencia que sea necesaria o protegerlas con alcohol gel. Pero, si los hondureños no somos capaces de cuidarnos en forma disciplinada corremos el riesgo de caer en un círculo destructivo, y en algún momento si surgieran nuevos brotes masivos de contagiados las autoridades estarían obligadas a imponer nuevas cuarentenas que nos llevarían a confinamientos parecidos al que nos ha mantenido encerrados.

Como ya está funcionando el transporte colectivo y hemos observado la infortunada desobediencia de los conductores de buses y taxis, no es remoto que pronto tengamos una segunda ola de contagios y si llegamos a ese momento, nos guste o no, vamos a tener que someternos a una nueva cuarentena y lo poco que se ha logrado reactivar la economía tendría un retroceso en desmedro de todos los sectores. En este momento nadie puede jugar al marro, es decir nadie puede ladearse presumiendo que está superdotado en su organismo para evadir el COVID-19, porque es este el que puede hacernos la finta como si fuera el más hábil de los futbolistas en el momento que por descuido toquemos un lugar infectado o nos juntemos con grupo de personas irrespetando la advertencia.

Hay muchos casos que han ocurrido en Honduras en personas que sintieron esa rara inmunidad por su adscripción partidaria o ideológica, creyendo que el virus COVID-19 era un invento del gobierno, y en esa cerrazón mental a que lleva especialmente la ideología totalitaria no observaron el mínimo de cuidado que demanda la pandemia e infortunadamente para ellos resultaron contagiadas familias enteras, en las que murieron padres, hijos y varios familiares en la zona oriental. Por ahora estamos teniendo la fortuna que los dos tratamientos creados por médicos hondureños, MAIZ y CATRACHO se han convertido en baluartes defensivos reduciendo la cantidad de fallecidos, como lo demuestra un cuadro de la Universidad Johns Hopkins de EEUU, institución académica que contabiliza los registros de la evolución de la pandemia desde el primer día.

Pero no debemos confiarnos, la reactivación de la economía, en la que la vuelta del transporte colectivo contrae un riesgo de contagios por la inobservancia de los cuidados que exige la pandemia por conductores y pasajeros, pudiera llevarnos a que los hospitales y los triajes de nuevo fueran concurridos de manera masiva, llevándonos a una nueva emergencia nacional donde le correspondería actuar al Estado con mano fuerte. Recordemos que en la medida que venga el Otoño, tiempo en el que la gripe normal alcanza su apogeo en la población, y de remate creciera el contagio del COVID-19, y se llegara a una presión demasiado fuerte sobre el sistema hospitalario, el desbordamiento puede conducirnos al colapso del sistema sanitario al que todavía no hemos llegado gracias a la efectividad con que respondieron las autoridades de salud del gobierno.

Pero si una vez reactivada la economía a fases superiores y especialmente el transporte colectivo escapa del control, la crisis sanitaria podría llegar a un estado de agravamiento económico peligroso que nos hundiría aún más en el destrozo económico e incrementaría nuestras dificultades financieras. Entonces, se esfumarían las esperanzas de volver a la educación presencial en escuelas, colegios y universidades. Este es el escenario al que podemos llegar, si hubiera una segunda ola incontrolada de contagios, en que podríamos llegar a tener 3,000 o más contagios diarios, y esto ya no será por la falta de una política epidemiológica o asistencial del gobierno, ya esto será responsabilidad de la vehemencia por retornar a una actividad económica normal por la presión que ha venido ejerciendo el Consejo Hondureño de la Empresa Privada que pareciera no contemplar la posibilidad de que se desborden las previsiones sobre una nueva ola de contagio como está ocurriendo en los países europeos y suramericanos.

Exagerar la presión por volver a reactivar la economía en su totalidad puede llevarnos a reventar la agenda de las precauciones que aconseja el organismo mundial de salud, y el resultado será que la economía del país no podrá levantar cabeza mientras sufra el impacto destructivo que provoca la pandemia cuando por desobediencia y descuido de las personas y presiones del sector empresarial, recobra fuerzas a través de la mayor cantidad de contagiados. Y de este círculo contagioso no se sale si no hay conciencia colectiva en el país para evitarlo.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy miércoles 16 de septiembre de 2020.

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