La reapertura de las iglesias

junio 2, 2020

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Las iglesias Católica y Evangélica han formado parte de la mesa multisectorial que se ha encargado de planear la reapertura de la economía en forma gradual a partir del próximo lunes 8 de junio, una participación que no responde a la casualidad sino a una necesidad, porque en un momento en que se toma una decisión tan difícil las reflexiones de los líderes religiosos transmiten esperanza con responsabilidad. Más bien, según la opinión de Juan Ramón Martínez, las iglesias debieron reanudar sus eucaristías y sus cultos antes de reabrir la economía, siendo que los sacerdotes y los pastores responden a un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas, que unen a una misma comunidad en lo moral para respetar la ley y las buenas costumbres.



Como suele suceder cuando ocurre una tragedia de grandes dimensiones, como un terremoto, un huracán y una pandemia como el coronavirus, el sentimiento religioso se activa porque las personas quieren recibir las voces de sus sacerdotes y sus pastores, rezar por la salud propia y de sus familiares, por la salud de los contagiados y por el futuro del país. La gran mayoría de la población quiere asistir a su iglesia para recuperar la fe y la confianza y superar el miedo, librarse del sufrimiento y buscar el consuelo en las voces de sus líderes religiosos.

La voz de un líder religioso es orientadora, el Cardenal Rodríguez decía en su homilía que hay gente tan descuidada que ni siquiera sabe usar la mascarilla, criticó a las personas que solo se cubren la boca pero dejan al descubierto la nariz, lo cual es indicativo de una ignorancia inadmisible repitiéndose como se está haciendo en los medios cual es la forma en que debe usarse este elemento mal llamado «tapaboca» porque la mascarilla debe abarcar la boca y la nariz, simultáneamente. El sacerdote Javier Martínez, que estuvo presente en la mesa multisectorial, tuvo una afortunada intervención al recordarles a todos los sectores del empresariado que se iba a una reapertura gradual de la economía, conscientes que se debía actuar con paciencia, prudencia y corresponsabilidad.

Las personas necesitamos de la religión durante las circunstancias difíciles para superar todas aquellas limitaciones que son propias en la existencia de los seres humanos, porque es en el ámbito de la iglesia donde encontramos aliento, esperanza y el sentido a la vida. Nos enfrentamos en esta época a la violencia practicada por agrupaciones antisociales, tenemos la amenaza de varias enfermedades epidémicas que diezman a la población y de paso vivimos tiempos de insatisfacción por la pobreza, la injusticia y la desorientación que se aposentado en la niñez y la juventud. ¿Qué más preocupaciones nos pueden mover el piso a los hondureños? Todo esto nos lleva a la desesperación y a la preocupación permanente, dos trances que podemos aliviar si fortalecemos la parte espiritual para lo cual las iglesias son un salvavidas que no solo nos rescata de la pesadumbre sino que nos hace apuntar en dirección a la tranquilidad.

Por algo es que la religión ha tenido una vida milenaria en el planeta, y aunque los pueblos profesan su propia religión, sabiendo que se nace para morir, se fortalecen en la creencia de que el principio de la vida es el temor a DIOS, lo que les permite enfrentar mejor las calamidades y las tragedias como esta pandemia. Partiendo de esta cultura milenaria que es la religión, es conveniente que las iglesias con el cuidado que tienen los líderes religiosos, procedan a reabrir sus actividades mediante las misas en la Iglesia Católica y los cultos en las iglesias evangélicas. Desde luego que tanto los sacerdotes como los pastores deben regular la asistencia, respetando la distancia física de dos metros entre personas, usando la mascarilla, evitando los abrazos y los saludos de mano.

En ambas religiones, las concurrencias deben ser moderadas, de manera gradual, como se ha planificado la reapertura de las otras actividades. En las iglesias donde caben 200 personas, la asistencia máxima inicial no debería pasar de las 50 personas, para lo cual los sacerdotes y los pastores deben idear una forma de participación que no haga sentir entre los parroquianos y feligreses que pudiera haber una preferencia. Los niños y los adultos mayores por prescripción sanitaria no deben acudir a las iglesias, por lo menos en un inicio, sino hasta cuando las autoridades de salud hayan logrado controlar la propagación del virus.

Una vez lograda esta planeación, las iglesias deben reencontrarse con sus fieles, particularmente lo consideramos necesario porque la religión permite a las personas regirse por el código de conducta perfecto que nos señala lo que debemos hacer para sobrevivir, para lograr una vida en lo moral, que a la vez nos permita coexistir en lo social. La religión nos conduce al puerto seguro del que nos quieren desviar los líderes que tienen ideas atravesadas y que como alternativa solo nos ofrecen sus desvaríos locos que por lo general solo incitan a irrespetar las leyes, a las demás personas y a las instituciones.

Así son las cosas y así se las hemos contado hoy martes 2 de junio de 2020.

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