La rabia de los responsables

agosto 31, 2021

TEGUCIGALPA, HONDURAS

Las variantes de la pandemia han quebrado el espacio de la paciencia de los médicos especialistas, cuando ven que muchas personas vacunadas se contagian, mientras muchas otras rechazan vacunarse, alegando el derecho o más bien la grosería de no vacunarse, reclamando que es una decisión individual y no colectiva aplicarse la vacuna y usar la mascarilla. Mientras habemos una mayoría que nos vacunamos y llevamos la mascarilla puesta en los lugares públicos y aún en las oficinas, hay muchas personas desconsideradas con ellas mismas y con todos los demás, que andan sin mascarilla y sin vacunarse, convertidos en una incertidumbre.



Esta semana el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, escribió un artículo titulado: «la rabia de los responsables» donde expresa la frustración, muy justificada, por la molestia de todas las personas que cumplen respetuosamente los lineamientos de salud pública, las llamadas medidas biosanitarias, frente a todos aquellos que se resisten a vacunarse, que no usan la mascarilla en lugares públicos y concurridos por considerar que  es una libertad personal superior al bien común. Es decir, mientras las personas responsables se cuidan y cuidan a los demás, apegándose a las medidas de salud, los desconsiderados hacen todo lo contrario, invocando un mal alegado derecho personal de hacer con su vida lo que quiera, aunque con ello no solo actúa en desmedro de la vida de los demás, sino que de la manera más irresponsable es un propagador peligroso del virus con lo cual actúa como una amenaza pública.

Ante lo altamente contagioso que son las variantes del COVID-19, las decisiones individuales negativas a la vacuna y la mascarilla tienen un impacto masivo como lo demuestran diversos estudios. Este día trascendió que se ha contagiado un conocido pastor evangélico que ha venido predicando abiertamente contra la vacuna y la mascarilla, llegando a considerar «diabólicas» las medidas biosanitarias. Esta semana leímos en el diario El Nuevo Herald de EEUU que dos conocidos animadores de radio, partidarios de rechazar la vacuna y la mascarilla, fallecieron al resultar contagiados por el COVID-19.

Las personas que por alguna razón, sea política o religiosa, rehúyen vacunarse y usar la mascarilla, no tienen el derecho de atentar contra la salud de los demás, que debemos mantener el don de la paciencia cuando los vemos en sitios públicos como las iglesias, los estadios, o captados en pleno derroche de irresponsabilidad en discotecas y similares, apiñados y desprovistos de una mascarilla. Todos ellos son los responsables de que el contagio se incremente, que los triajes pasen abarrotados y los hospitales repletos, mientras los médicos y enfermeras siguen expuestos a la carga viral que estas personas llevan a los hospitales.

Es obvio que por humanidad, y por cuestión de responsabilidad profesional, en los triajes y hospitales se debe atender a todos aquellos que de manera irresponsable se han ufanado de no usar mascarilla y de rechazar la vacuna. Si fuera por derecho, todos ellos deberían ser excluidos de la atención en los hospitales, porque al negarse a ejercitar las medidas sanitarias han perdido el derecho de la atención médica, pero en el sistema esto no es posible, porque la salud es un derecho de todos, tanto para las personas responsables como para aquellas que de la manera más irresponsables no solo se contagian ellos sino que se convierten en factor multiplicador de contagio para muchas otras personas más.

En el caso del pastor contagiado, con su sermón antivacuna y antimascarilla, ha contribuido a fomentar la resistencia en miles de personas que confían en sus prédicas y que por sus creencias religiosas le rehúyen a la vacuna y no usan mascarilla. Ese tipo de prédica también es un virus altamente contagioso que ha impactado a miles de personas creyentes que se guían por lo que dicen sus pastores. Desafortunadamente para el pastor, hoy está sufriendo las consecuencias de su propia incredulidad, pero el daño que ya hizo es grande, porque las autoridades de salud encuentran un bache formado por una buena cantidad de personas que se resisten a ser vacunados. Cada persona reacia a la vacuna es un peligroso propagador del virus. ¿Es justo que, usando su derecho al libre albedrío, se le permita actuar como una amenaza pública sin que el Estado sea capaz de imponer medidas para evitar que las decisiones individuales tengan un impacto masivo en el resto de los demás?

Como dice el Nobel, Paul Krugman, a los que cumplimos los lineamientos de salud solo nos queda la rabia de los responsables, viendo como los que se resisten a vacunarse y a usar la mascarilla andan campantes, concurriendo a todos los lugares, apelando a su libertad personal, en un franco irrespeto al bien común. ¿Tiene facultades el Estado hondureño para conminar a estas personas groseras y desconsideradas, a que se vacunen y usen la mascarilla? Nosotros afirmamos que si las tiene, porque de otro modo no seríamos un Estado de Derecho.

Así las cosas y así se las hemos contado hoy martes 31 de agosto de 2021.

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