La presidencia del Congreso Nacional

enero 16, 2022

Nery Alexis Gaitán

Con los políticos hondureños nunca se sabe. Es obvio que jamás van a aprender la lección que implica responsabilidad y honradez. Lo vemos ahora que la lucha por la presidencia del Congreso Nacional ha desatado una revuelta espantosa de sapos y culebras, insultándose a más no poder.



Y es que todo empieza con un acuerdo entre Salvador Nasralla y Libre. Donde al señor de la televisión le ofrecieron en bandeja de plata -según él- la presidencia del Congreso. Parece que las condiciones implicaban que deberían llegar al número mágico de 65 diputados para obtener la mayoría simple; situación que no lograron. Aun así, Nasralla, empecinado como siempre, sostiene que él es quien debe designar al futuro diputado-presidente.

El ungido ha sido por el momento Luis Redondo, con el supuesto apoyo de la presidente electa, honrando aparentemente el pacto suscrito. Pero la historia es otra, que Nasralla no comprende, debido a su candidez extrema.
Y es que Libre, al haber obtenido 50 diputados, desea la presidencia, que es su derecho por ser la bancada mayoritaria. Hasta el momento, más de 20 diputados de este Partido han demostrado su inconformidad al acuerdo suscrito, ya que plantean que los ganadores son ellos y no un partido pequeño y advenedizo como el PSH.

Incluso una diputada de Libre ha declarado que desconoce el acuerdo y sus pormenores; y que no le debe fidelidad a Xiomara Castro, y apela a la separación de Poderes, su razón tendrá porque la democracia funciona mediante la separación de dichos poderes.

Lo cierto es que la bancada de Libre tiene un gallo tapado, Jorge Cálix, y no van a dejarse quitar la presidencia del Congreso así nomás. Y harán lo que sea necesario para llevarlo a la presidencia, sin importarles el tal acuerdo con Nasralla, eso es obvio. Además, no están obligados a respetarlo, ellos son independientes del Poder Ejecutivo.
Tal como lo ha manifestado Mel Zelaya, al presidente lo eligen los diputados y no es por mandato externo que se asignan los puestos de la junta directiva. Con estas declaraciones le están mandando el mensaje a Salvador, que ellos hicieron lo pactado, pero que no son responsables de las decisiones que tomen los diputados. De esta manera, en apariencia, los dirigentes de Libre honran el acuerdo.

Pero, lo que sucede, es que una vez más han utilizado a Nasralla, y no piensan darle ninguna cuota de poder. Al menos no la que él desea; y esto le cuesta entenderlo, y ya ha empezado a despotricar contra los diputados de Libre, llamándolos del lado oscuro, si no apoyan a su candidato.

Por su parte, Luis Redondo ha sido incapaz de consolidar sus pretensiones a la presidencia; en este caso sus cualidades de negociación brillan por su ausencia, a tal grado que se dice que los demás diputados del PSH sacaron un escrito donde le niegan su apoyo. Y, de forma torpe, ha manifestado que lo primero que hará es legislar sobre situaciones políticas que han dividido a la familia hondureña.

En cambio, Jorge Cálix, desde la sombra, ha efectuado una campaña proselitista que tiene muchas probabilidades de obtener la presidencia, ya que cuenta, además, con el apoyo de algunos diputados liberales.

Lo importante es que el Presidente del Congreso debe legislar por el bien del país y del sistema democrático. Y debe ser un gran conciliador ya que, para empezar, necesita la mayoría simple. Y si quiere apoyar el gobierno del presidente Castro, en algunos casos necesitará la mayoría calificada.

Esto requiere de pactos y negociaciones, no de tipo partidario, sino de interés nacional. Es la única forma, no hay otra manera, para legislar adecuadamente. Esto le abre las puertas al gobierno para cumplir ciertas promesas de campaña.

¡Ojala que en esta elección, los diputados tomen en cuenta el bienestar de todos los hondureños!

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